Archivo de la etiqueta: Sumisión

Clara se divierte (cont.)

– ¡Toy!
– Hola. -Saludó sonriendo .-
– ¿Cómo estás cielo? ¿Que tal la semana?
– ¡Uff! Por fin termina, he trabajado como un esclavo.-
– ¿Si? – Sonrió Clara maliciosamente –
– Ya, -Sonrió- otro tipo de esclavitud, rió suavemente.
– Pues ya puedes recuperarte rápido, te reservo una sorpresa -Dijo Clara mientras arrancaba y se sumergía en el espeso tráfico de la mañana-.
– Ya casi estoy listo .- Alardeó sacando pecho. La sombra de sus pezones bajo la camisa no pasó desapercibida para su dueña-.

Clara detuvo el coche ante un semáforo y se volvió hacia Toy, inclinándose para abrir la guantera del salpicadero. Sacó una cadenilla, rematada en pequeños mosquetones y la exhibió sonriendo. Toy se estremeció de placer.

– Ábrete la camisa. – Ordenó –

Toy obedeció sin dudar y contrajo todos sus músculos al sentir la leve tracción sobre sus anillas y el frío de la cadena, en su piel.

El semáforo se puso en verde y la vibración del motor la sentía en sus pezones, provocándole una erección. El rubor cubrió sus mejillas hasta su cuello, sin remedio.

Pronto salieron a la autopista que los sacó del tumulto, acercándolos hacia la tranquila residencia de Clara.El silencio estallaba en sus oídos, tras la música.

Entró en la finca y detuvo el coche frente al porche. La brisa jugó con su falda y se enredó en el pelo cuando bajó del coche. El perfume salado la hizo sonreír.

– Te espero en el gimnasio.

El gimnasio era una gran habitación, una de cuyas paredes era totalmente de cristal y se asomaba sobre el acantilado. La luz entraba a raudales y se reflejaba en los grandes espejos. Toy entrecerró los ojos y se acercó al ventanal, que le reflejó la erección que se había producido al desnudarse. El contacto de la cadena en su pecho y la cinta le producían un excitante vértigo. La presencia de su Ama.

La butaca de mimbre, con su alto respaldo redondo como la cola de un pavo real la acogía mientras humeaba un aromático cigarrillo y apuraba un refresco.

Toy cayó de rodillas y gateó hasta su Ama besando y lamiendo aquellos pies que adoraba. Delicadamente, dedo a dedo, sintiendo la suave textura del esmalte que enrojecía como rubíes engarzados en los dedos.

La fusta resbaló por su espalda erizándola. Clara sonreía ante los rosados pezones que se alargaban por la cadena. Apoyó la fusta en ella y presionó hacia abajo, provocando un gemido.

– ¡Hmmm! ¿Te duele? -Preguntó en un susurro-.
– No mi Dueña – Respondió roncamente, estallando una oleada de placer en su cuerpo.-
– Me alegro cielo, tengo muchas ganas de jugar contigo.
– Si Ama.

Clara se puso de pie y tiró de la correa, trabada con la fusta, haciendo que gateara tras de ella. Lo condujo hasta el bastidor en forma de cruz de aspa que ocupaba el centro de la habitación.

Apoyando la fusta en el pecho le indicó que se levantara y le mostró el aspa. Tomó un cordel de algodón. Cogió la muñeca de Toy y la ató a una de las aspas, mientras besaba casi sin tocar el rostro del siervo que no osaba moverse, sólo su polla palpitaba contra en vientre de Clara y el calor los invadía, encendiéndoles las entrañas.

Se arrodilló ante Toy para asegurar los tobillos y alzó de pronto su cabeza, enfrentando sus labios a la verga erguida, soplando quedamente, antes de acariciarla un poco.

Toy temblaba incontroladamente, apoyándose en el bastidor para sostenerse. Cerró los ojos cuando ella se alejó, recuperando el aliento. Su verga estaba a punto de explotar, pero no podía hacerlo.

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

Verla cruzar la puerta lo llenó de vacío. Ya había recobrado su erección tras la cera y ahora, al verla salir se sintió abandonado. Perdió su mirada en el reflejo del mar en los espejos y dejó de pensar, invadido por las imágenes y las sensaciones. Sólo podía esperar.

Sam acudió aquella tarde a su cita, con la misma expectación con la que se dirigía a todas. Ya no estaba nervioso, como en otras ocasiones, pero sentía la sensación de presión en sus entrañas que ya le resultaba familiar.

Como de costumbre, la agradable charla en la biblioteca le tranquilizó. Evaluar sus progresos en la entrega, comentar algunas técnicas y sus efectos, eran una forma de asumir más profundamente su condición de siervo en proceso de adiestramiento.

En esta ocasión, Ella no le anticipó nada de lo que le esperaba en el gimnasio. Lo que había preparado era una auténtica sorpresa y eso le producía una pequeña y agradable desazón.

El minúsculo dormitorio donde se desnudó ocultó el respingo que siemrpe sentía al ajustarse el collar al cuello. Casi sentía la tibieza de su cuerpo cuando ella se lo ajustó por primera vez, el aroma de su perfume y de su piel de hembra y en sus entrañas, volvió a sentir un extraño pellizco que le hizo palpitar.

Avanzó descalzo por el pasillo, deseando no ser visto hasta encontrarse frente a Ella. Su sóla presencia le sostenía y le hacía sentirse fuerte.

En la puerta del gimnasio estaba Marc, completamente desnudo tras la bandeja que la que había algo negro.

– Ella ha dicho que se lo ponga .-Informó Marc ofreciendo la bandeja-.

Sin responder, Sam cogió el pañuelo de espesa seda negra que se le ofrecía y miró dubitativo.

– Es un antifaz .

Sam dejó la bandeja sobre la mesita y se dispuso a ajustárselo, de forma que sólo la boca y los ojos resultaban visibles.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo FemDom

Clara se divierte

El sol se colaba, blanco, brillante y jugaba en las arrugas de las sábanas que apenas cubrían en cuerpo de Clara. Se despertaba despacio, jugando aún con los sueños. Remoloneando mientras pensaba la ropa que iba a ponerse, el programa del día. Desperezándose, dejando que el sueño fuera retirándose de sus párpados.

Con los ojos aún cerrados, sintió la presencia de Marc, su perfume suave a jabón y aftershave la hizo sonreír estirándose golosa. Rodó en la cama, se apoyó sobre los codos y abrió los ojos viéndole desnudo, sonriente, ofreciéndole una perfumada rosa blanca y sosteniendo una exquisita bandeja preparada con el zumo.

– Buenos días mi reina ¿Cómo estás? .-Saludó encantado-.
– Hola cielo -Respondió hundiendo su nariz en la rosa y embriagándose con su perfume, mientras Marc abría las cortinas.-

Bebió el zumo y Marc le ofreció un cigarrillo que encendió saboreando el humo. El aroma se mezcló con el del café recién hecho. Sentada sobre la cama, el café dulce y caliente, retiraba los últimos jirones de sueño.

– ¡Hmmm! Vamos .-Indicó a Marc-.

Clara se levantó y mostró su desnudez al sol, disfrutándose ante el espejo, cuando se dirigió al aseo Marc, la adoraba y verla satisfecha lo llenaba de placer. La siguió; sabía lo que tenía que hacer.

En la camilla, le aplicó un vitalizante masaje, despertando los músculos bajo la piel. Luego, Clara se sentó, abrió sus piernas y se entregó al placer se ser rasurada por su fiel siervo, cuya delicadeza le excitaba.

La brocha extendió el jabón entre sus piernas, cubriendo el vello por completo. Clara se contrajo un instante. Las manos largas de Marc, comenzaron a Tensar la piel y deslizar firme y suavemente la navaja, desde las ingles hasta los labios, retirando la espuma y con ella el vello. dejando un rastro de tersa suavidad tras cada pasada.

Marc contenía la respiración, controlando su deseo, por aquel cuerpo que lo enloquecía, por aquella mujer a la que adoraba y que era feliz por servir en sus más íntimos caprichos El aroma a hembra de Clara, mezclado con el del jabón lo excitaba sin remedio. Cuidadosamente iba afeitando los más recónditos pliegues.

Poco después, el pubis presentaba un vello ensortijado y delineado en la anchura de los labios, que surgen suaves y abultados, ocultando su rosado y húmedo secreto. Marc sonrió satisfecho.

Clara estiró una pierna, y la apoyó sobre su hombro, él se inclinó y se aplicó a lamer aquel sexo húmedo sobre el que había trabajado, comprobando la eficacia del afeitado y bebiendo las gotas de placer que provocaba, Mojándolo una y otra vez con su lengua, hasta que la respiración de Clara se hizo jadeante. Entonces, sus labios buscaron el clítoris, lo succionaron y apoyó firmemente la lengua sobre él, provocando un violento orgasmo.

Bostezó y comenzó a acariciar suavemente su coño, extendiendo la humedad y recuperando el aliento, Los ojos semi cerrados y una sonrisa de placer. La rutina matinal  continuaba. Ahora Marc se masturbaba frente a ella y estaba a punto de verter su leche sobre su vientre. El rostro crispado y congestionado, le indicaron que estaba a punto de vaciarse y Clara se estiró para recibir el contacto cálido y untuoso en su piel.

Marc masajeó el vientre y los pechos haciendo penetrar, profundamente, su leche. No había mejor crema regenerativa que aquella y era su secreto. Cosmética del sexo solía llamarlo Clara con un guiño de complicidad.

Ahora estaba lista para ducharse. El agua resbalaba por su cuerpo, despertándola completamente; dando entrada a la jornada que acababa de empezar.

Cogió su coche y salió a buscar a su capricho. Le había llamado el día anterior y en unas horas estará allí. Lo deseaba y tenía muchas ganas de comprobar el estado de las anillas que la quincena anterior había hecho instalar en sus pezones. Aún recordaba el gesto de dolor y entrega que brilló en su rostro con cada perforación, haciéndola que se estremecieran sus entrañas con cada gemido.

Allí estaba él, junto a su bolsa, mientras docenas de pasajeros pasaban a su lado como insectos. Detuvo el coche y él abrió la puerta. Una oleada de deseo le hizo enrojecer.

– ¡Toy!
– Hola. -Saludó sonriendo .-
– ¿Cómo estás cielo? ¿Que tal la semana?
– ¡Uff! Por fin termina, he trabajado como un esclavo.-
– ¿Si? – Sonrió Clara maliciosamente –
– Ya, -Sonrió- otro tipo de esclavitud, rió suavemente.
– Pues ya puedes recuperarte rápido, te reservo una sorpresa -Dijo Clara mientras arrancaba y se sumergía en el espeso tráfico de la mañana-.
– Ya casi estoy listo .- Alardeó sacando pecho. La sombra de sus pezones bajo la camisa no pasó desapercibida para su dueña-.

Clara detuvo el coche ante un semáforo y se volvió hacia Toy, inclinándose para abrir la guantera del salpicadero. Sacó una cadenilla, rematada en pequeños mosquetones y la exhibió sonriendo. Toy se estremeció de placer.

– Ábrete la camisa. – Ordenó –

Toy obedeció sin dudar y contrajo todos sus músculos al sentir la leve tracción sobre sus anillas y el frío de la cadena, en su piel.

El semáforo se puso en verde y la vibración del motor la sentía en sus pezones, provocándole una erección. El rubor cubrió sus mejillas hasta su cuello, sin remedio.

Pronto salieron a la autopista que los sacó del tumulto, acercándolos hacia la tranquila residencia de Clara.El silencio estallaba en sus oídos, tras la música.

Entró en la finca y detuvo el coche frente al porche. La brisa jugó con su falda y se enredó en el pelo cuando bajó del coche. El perfume salado la hizo sonreír.

– Te espero en el gimnasio.

El gimnasio era una gran habitación, una de cuyas paredes era totalmente de cristal y se asomaba sobre el acantilado. La luz entraba a raudales y se reflejaba en los grandes espejos. Toy entrecerró los ojos y se acercó al ventanal, que le reflejó la erección que se había producido al desnudarse. El contacto de la cadena en su pecho y la cinta le producían un excitante vértigo. La presencia de su Ama.

La butaca de mimbre, con su alto respaldo redondo como la cola de un pavo real la acogía mientras humeaba un aromático cigarrillo y apuraba un refresco.

Toy cayó de rodillas y gateó hasta su Ama besando y lamiendo aquellos pies que adoraba. Delicadamente, dedo a dedo, sintiendo la suave textura del esmalte que enrojecía como rubíes engarzados en los dedos.

La fusta resbaló por su espalda erizándola. Clara sonreía ante los rosados pezones que se alargaban por la cadena. Apoyó la fusta en ella y presionó hacia abajo, provocando un gemido.

– ¡Hmmm! ¿Te duele? -Preguntó en un susurro-.
– No mi Dueña – Respondió roncamente, estallando una oleada de placer en su cuerpo.-
– Me alegro cielo, tengo muchas ganas de jugar contigo.
– Si Ama.

Clara se puso de pie y tiró de la correa, trabada con la fusta, haciendo que gateara tras de ella. Lo condujo hasta el bastidor en forma de cruz de aspa que ocupaba el centro de la habitación.

Apoyando la fusta en el pecho le indicó que se levantara y le mostró el aspa. Tomó un cordel de algodón. Cogió la muñeca de Toy y la ató a una de las aspas, mientras besaba casi sin tocar el rostro del siervo que no osaba moverse, sólo su polla palpitaba contra en vientre de Clara y el calor los invadía, encendiéndoles las entrañas.

Se arrodilló ante Toy para asegurar los tobillos y alzó de pronto su cabeza, enfrentando sus labios a la verga erguida, soplando quedamente, antes de acariciarla un poco.

Toy temblaba incontroladamente, apoyándose en el bastidor para sostenerse. Cerró los ojos cuando ella se alejó, recuperando el aliento. Su verga estaba a punto de explotar, pero no podía hacerlo.

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

 

Deja un comentario

Archivado bajo FemDom

Clases particulares

Laura caminaba bajo el perfume de las acacias que sombreaban su camino hasta esas clases de matemáticas que, sólo sobrellevaba, por el profesor. Su oscura mirada la encendía y sus manos morenas la embrujaban hasta hacerla olvidar el tema que le explicaba. No podía remediarlo, era el hombre más guapo que había conocido nunca y deseaba sentirse en sus brazos, lo soñaba cada noche. sabía que algún día ocurriría.

Sir Gale había estado al servicio de Su Majestad trazando mapas y mensajes en las colonias y en su retiro, atendía las carencias escolares de las hijas de los burgueses. Alto, atlético y elegante, conservaba el porte militar que la había promovido al retiro que ahora disfrutaba. Sus ojos oscuros y sus manos bien formadas, templaban las cuerdas del violín en las tardes para placer de vecinos y viandantes.

Le abrió la puerta el mayordomo, que la condujo hasta la biblioteca donde recibía sus clases y hacía los deberes. Dejó sus libros sobre la ancha mesa y se dispuso a curiosear por los anaqueles y estanterías repletos de libros lujosamente encuadernados.

Llamó su atención un viejo libro, con las cubiertas de piel que estaba descuidadamente sobre la ordenada línea de los clásicos latinos. Al cogerlo, descubrió que no era un libro, sino un cuaderno de tapas gastadas. Moría de curiosidad pensando en un viejo diario del amor de sus sueños cuando empezó a hojearlo.

Las primeras páginas estaban en blanco, pero las siguientes la dejaron sorprendida. Eran fotografías, dibujos y bocetos de escenas de sexo. Escenas que había imaginado cientos de veces antes de dormir. Mujeres atadas que la excitaba mirar.  No podía levantar los ojos del cuaderno.

Tras las primera impresión sintió una punzada en su vientre y una oleada ardiente recorrió su cuerpo. Verlas la excitaba, imaginando las sensaciones que tendrían al sentir las cuerdas sobre su piel. El tacto de las manos explorando los cuerpos y esa mezcla de temor y deseo que debían sentir.

Cuando Sir Gale entró en la biblioteca, Laura enrojeció al verse sorprendida y poco faltó para que se le cayera el cuaderno. Estaba petrificada viendo como la amable sonrisa de Sir Gale se transformaba en una máscara de piedra y se sintió taladrada por aquellos ojos fulgurantes que otras veces los había sentido acariciarla y que tanto la embrujaban.

Se sobrepuso y dejó el cuaderno sobre la mesa, sin atreverse ni a mirarle, cuando le oyó decir, como si nada hubiera pasado:

– ¿Tienes muchos deberes hoy?

– No, no muchos. Sólo unos problemas que ya habíamos estudiado. -Respondió abriendo el cuaderno-

Se sentía trastornada y confusa. Había sorprendido un secreteo a Sir Gale, pero ya no parecía que le importara demasiado, volvía a ser el hombre amable. Su voz grave, volvía a sonar cálida.

Caminaba por la biblioteca, con la vara que siempre lo acompañaba entre las manos, mientras ella leía los enunciados y planteaba las posibles respuestas.

Sir Gale se sentó, como siempre en la presidencia de la mesa, recostado en el alto sillón de madera oscura y fue corrigiendo los errores de planteamiento y su voz grave, volvió a hechizar a Laura, haciéndola olvidar el tema del que hablaban guiándole en lúbricas ensoñaciones del cuaderno anterior.

Laura. con la mirada perdida, sentía arder sus pezones y sus entrañas emitían oleadas que sonrojaban sus mejillas. Al mirar su blusa, comprobó que era la vara de Sir Gale la que rozaba una y otra vez sus pechos, de pezón a pezón y por los laterales, desde el escote hasta el pezón y volvía a empezar, incansable, como si no se diera cuenta de lo que hacía, mientras explicaba el dichoso principio de Arquímedes y su desplazamiento de fluidos.

Su boca estaba seca, intentando prestar atención a la fórmula, cuando sus ojos quedaron prendidos de los de Sir Gale, que continuaba con su explicación mientras la vara, ahora, hurgaba a través de la abertura de los botones, directamente sobre su piel.  Con un gesto sensual, retiró su pelo del cuello y agitó su melena. Inspiró con lentitud y se sintió dichosa. Él la estaba mirando y a ella le gustaba.

– No estás prestando ninguna atención Laura -la
amonestó-. ¿Sigues pensando en el cuaderno?

– No señor -mintió Laura confundida-.

-Ven aquí, te castigaré por ello.

Las lágrimas asomaron a sus ojos, pero se contuvo. Se puso de pié y se acercó hasta Sir Gale, colocándose frente a él

– Extiende tus manos

Laura extendió sus manos temblorosas y Sir Gale las tomó entre la s suyas, sintiéndolas frías entre sus dedos cálidos.

– No te azotaré en las manos, quiero que escribas
con buena letra y no podrías hacerlo con las manos doloridas.

Laura sintió un hondo agradecimiento que se tornó en sorpresa, cuando las manos de Sir Gale ascendieron por sus muslos, debajo de la falda y sorprendieron la humedad de sus braguitas blancas, que frotaron una y otra vez, hasta que quedaron completamente mojadas.

Estaba asustada y tremendamente avergonzada de que alguien supiera de sus humedades y de sus anhelos. Su cuerpo respondía, como a ella en sus fantasías, ardiendo y produciéndole sensaciones hasta entonces desconocidas.

Sir Gale introdujo su dedo entre la tela y la piel, acariciando delicadamente esa tierna carne ardiente que lo empapó. Sacó su dedo y lo mostró a Laura, en un severo gesto de reproche.

– Vuelve a tu asiento y copiarás un dictado

Laura regresó a su asiento sonrojada y se dispuso a copiar el dictado, mientras Sir Gale se levantaba y camina en torno a la mesa, rodeándola hasta colocarse detrás de ella, mientras dictaba las edificantes sentencias. La vara rozaba su espalda de Laura y, por los costados accedía a sus pechos turgentes. Pronto, Laura dejó de escribir y Sir Gale, cogiéndola firmemente por la muñeca, con gesto ceñudo la levantó de la silla.

-Es que no vas a prestar atención nunca?
-Reprendió- Vas a recibir el castigo que mereces y aprenderás algo que espero que no olvides nunca. ¡desnúdate!

La orden era cortante. Laura, temblando, soltó los botones de su blusa y la cintura de su falda escocesa que cayó a sus pies y dejó caer sus brazos a lo largo del cuerpo.

Con la vara, Sir Gale levantó el sujetador, liberando sus pechos.

– Esto también quiero que te quites, he dicho desnuda ¿Comprendes?

Laura obedeció, conservando sólo los calcetines y los zapatos de hebilla, en el centro de la habitación. Observó cómo, de uno de los cajones, sacaba una cajita que depositó sobre la mesa.

Sir Gale, se volvió hacia ella y comenzó a hablar del cuaderno de fotografías, que abrió ante ella.

– Así que es esto lo que te priva de toda atención ¿verdad?, esas mujeres, esas manos que las tocan, esas cuerdas que las atan.

Mientras hablaba, la vara recorría el cuerpo de Laura una y otra vez. Ora rozaba los sedosos muslos, ora presionaba sobre los pezones. Rozaba el ombligo y recorría su cuello, Conocía su sexo, de donde salía húmeda y pasaba sobre el rostro, inundándole de su propio perfume.

Laura temblaba como una hoja, cuando dos rápidos varazos impactaron certeramente sobre sus pezones que ardieron y se irguieron de inmediato.

Sir Gale abrió la cajita y sacó un hilo de perlé de algodón de color azul. Sujetó con una mano el pezón izquierdo de Laura y enrolló el hilo, anudándolo, de forma que sobresalía llamativamente de la aureola. Repitió la operación con el otro extremo del hilo, que lo anudó al otro pezón y tiró firmemente, comprobando el ajuste.

Laura gimió y sintió una punzada en sus entrañas que la obligó a cruzar las piernas para liberarse de la tensión que sentía en su vientre y en su sexo palpitante, pero fue sorprendida y un golpe seco en sus muslos la obligó a abrirlos.

Sir Gale, tiró del hilo, obligándola a caminar, como si fuera la brida de un caballo. cuando se detuvo, sopesó los pechos, amasándolos y presionándolos, comprobando su textura y resistencia. Al final una caricia de los pulgares sobre los pezones que habían empezado a oscurecer, hicieron que se humedecieran los muslos de Laura.

Al sorprender el brillo, Sir Gale condujo a Laura hasta una banqueta donde se sentó, la acomodó sobre sus rodillas y comenzó a azotar sus nalgas y su sexo, mientras sostenía sus pechos con una mano.

Los golpes eran suaves, cadenciosos y pronto hicieron palpitar el excitado sexo de Laura que jadeaba entre lágrimas, con las manos apoyadas sobre la alfombra y las piernas abiertas.

Sir Gale jadeaba por el esfuerzo y el placer de sentir el cuerpo de Laura, abierto, expuesto y que hurgó sin recato, dilatándolo, ensanchándolo hasta sentir como se cerraba en torno a su dedo y palpitaba desenfrenadamente. Se detuvo para que se recuperase y lo acarició suavemente, extendiendo sus jugos, introduciendo dos dedos, que frotaban el borde una y otra vez, antes de volver a palmearlo y hacerlo arder de nuevo.

La incorporó y la acostó sobre el ancho sofá. Laura esta descontrolada, su cuerpo experimentaba sensaciones infinitamente más fuertes de lo que nunca había soñado en sus juegos previos al sueño y Sir Gale le producía una extraña mezcla de deseo y temor en la que no  podía ni pensar. Sólo la mezcla de placer y dolor ocupaban su mente y sus sentidos.

Sintió el cuerpo de Sir Gale sobre le suyo y una oleada de calor la invadió cuando sus manos acariciaron su pelo, la boca antes de ser besada. Succionaba su labio superior, mientras la lengua recorría, dibujando sus comisuras, produciéndola un hormigueo difícil de explicar. Un beso al que no sabía corresponder y que la empujaba a abandonarse en aquellas manos que despertaban su cuerpo una y otra vez

Las rodillas de Sir Gale separaron las suyas y sintió una ardiente presión en su coño que le cortó la respiración. El ligero vaivén inicial se hizo más largo, más intenso, más profundo. Sus caderas se adelantaron y su sexo empapado resbalaba en torno a la verga que la invadía. Poco a poco se relajó y el dolor cedió al placer.

Deja un comentario

Archivado bajo BDSM, Dominación, Perverso

Expectación

Expectación (Leer en RAE)

Un par de fotos, metáforas de entrega, en este caso la sumisa es ella, que me gustan por su sensualidad y elegancia.

Expectante: A la espera de su Amo.

Metáfora de sumisión

Expectante y entregada en un gesto.

Metáfora de entrega, caricia atrevida

Deja un comentario

Archivado bajo Dominación