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Cazando en un “chat”

Viernes por la tarde. Juan acaba de salir de trabajar y no tiene planes para el fin de semana.

Llega a casa, una ducha, una cerveza y enciende el PC, aún con la toalla anudada a su cintura. Le excita conectarse así y decírselo a sus amigas del chat.

¡Diablos! Nadie en el notify. Debía haberlo imaginado, viernes por la tarde, la gente sale a la calle. Hunter (“cazador” es su nick habitual) rechaza deprimirse.

Hunter entra en los canales habituales y sólo encuentra algunos nicks conocidos, el resto, … El resto adolescentes en los cyber, ¡Cualquiera les aguanta! –Piensa- con sus ganas de probar los nuevos trucos de aspirante a hacker.

Inicia la desoladora práctica de ir saludando a cuanto nick femenino encuentra, con la esperanza de pasar un rato agradable.

H – Toc toc ¿se puede?

Los silencios y los noes resultan descorazonadores, de repente Claudia,  ¡Bonito nick! –sonríe para sí-, responde

C – Hola Hunter ¿Cómo estás?
H – Encantado de que respondas, no es habitual.
C – Yo respondo siempre
H – Pues me alegro. Creo que es la primera vez que te veo por aquí.
C – Si, no entro mucho, pero esta tarde estaba un poco aburrida.
H – ¿Aburrida un viernes por la tarde? ¿No sales?
C – Hoy estoy cuidando niños, y con lo que llueve, los tengo en casa viendo un vídeo.
H – ¡Vaya! ¿Dónde estás que llueve tanto?
C – ¿Tu no sales? Estoy en casa de mi ex Le hago de canguro hasta que vuelva esta noche.
H – Pues yo acabo de salir del curro, me he duchado y, … aquí estoy. Jajajaja aquí no llueve.
C – J
H – Me presentaré Juan, técnico, 40 años Oviedo.
C – Ahora lo haré yo J Pilar, psicóloga, Santander, pero ahora estoy en Gijón.
H – ¿Estás sola ahora?
C – Claro, ya te he dicho que mis hijos están viendo una peli y aún les queda al menos una hora.
H – ¿Te apetece jugar un poco?
C – Mmmmm ¿Es una proposición?
H – Sólo si te apetece
C – Claro que me apetece J
H – Dime cielo ¿Qué llevas puesto ahora?
C – Una blusa y un pantalón ¡hehehe! ¿y Tu?
H – Yo una toalla en la cintura J
C – ¿Sólo?
H – Sólo, se está muy fresquito así 😉
C – Y muy cómodo, imagino.
H – ¿Sabes lo que me gustaría ahora?
C – Dime
H – Estar detrás de ti, mirando la pantalla y soltar los botones de la blusa, para ver asomar tus pechos en tu lencería.
C – ¡Buuff! ¿Sabes? Y mi que estuvieras aquí, detrás de mi. Sentir tus ojos en mi piel y ese calorcillo.
H – ¡Hummmmm! Que bien suena eso
C – Sentirme deseada y que tu mano, me acariciara suavemente.
H – ¡Si! Mi mano rozaría la seda, sintiendo la curva de tus pechos en el dorso de los dedos
C – Inclinaría mi cabeza hacia atrás, ronroneando. Mis pezones se endurecen sólo de pensarlo.
H – ¿Sabes lo que me haría? Poco a poco, iría acercándome a tus pezones, hasta acariciarlos por encima de la tela y sentirlo duros y provocadores.
C – Apoyaría mi cabeza en tu vientre y sentiría como te vas endureciendo para mi.
H – Mis manos ya no aguantan más y liberan tus pechos del sujetador, acariciando los pezones ardientes con los pulgares.
C – ¡Diosssss! Cómo me estás poniendo cielo.
H – Los acariciaría una y otra vez, deslizando mi mano cada vez más abajo, buscando, …
C – Me dejaría hacer, y me movería un poco para facilitarte el camino.
H – Entonces, te tomaría por los codos y te ayudaría a levantarte, para poder acariciarte entera.
C – Me levantaría y seguirías acariciándome por detrás.
H – Si J Apoya tus manos en la pared, quiero poder disfrutar de tu cuerpo divino
* Claudia apoya sus manos en la pared y arquea su cuerpo, sintiendo a Hunter a lo largo de su espalda.
H – Así cielo, ahora apoyaría una mano en las tuyas y te besaría el cuello, mientras con la otra acaricio tu pecho, suelto el botón y la cremallera de tu pantalón
C – ¡Diossss! Cómo me estás poniendo sólo de imaginarlo.
H – Claro cielo, te mereces eso y más, corazón.
C – Yo me liberaría y me daría la vuelta para abrazarte, besarte despacio y sentir tu piel en la mía, mientras mis manos recorren tu espalda y mis pechos empujan los tuyos.
H – ¡Hummmm! Te llevaría hasta el sofá donde te abrazaría y e quitaría la camisa.
C – Y yo me inclinaría sobre aquello que tu toalla ya casi no tapa, lo tomaría entre mis manos y lo apretaría suavemente, hasta sentirlo palpitar y besarlo palpitante y caliente.
H – Me dejaría hacer J ¿sabes? Realmente me estoy excitando mucho, eres una mujer increible.
C – Pues no eres el único 😉 creo que tendré que tomar una ducha dentro de poco. Jajajajaja
H – Me gustaría oír tu voz, sería maravilloso.
C – A mí también me gustaría escuchar la tuya.
H – ¿Quieres que te llame?
C – De acuerdo … … …

Esta mujer es fantástica, que forma tan sensual de entregarse –pensó Juan mientras marcaba en su móvil el número indicado.

– Hola ¿Qué tal?
– Hola. Muy bien –Era una voz grave, susurrante, la que respondía a Juan-
– ¿Sabes? Estoy muy excitado, realmente me encantaría poder jugar contigo, me vas a volver loco.
– Jajajajaja –Una carcajada desenfadada y tranquila le respondió- Pues imagíname tomando una ducha en la – casa de mi ex. A ver como lo explico.
– Bueno, supongo que no tienen por qué pillarte.
– Tranquilo, me ducharé esta noche en el hotel, sólo estoy de paso. He venido a visitar a los niños y me ha pedido si me los quedaba esta tarde, mientras acudía a su cita. Mañana es cuando me toca realmente cuidar niños.
– ¿Entonces es verdad que estás separada?
– Claro ¡Ya te lo dije!
– Si, pero imaginé que podría ser un farol, de los muchos que se dicen por aquí.
– Pues nada de eso.
– ¿Sabes? Me encantaría conocerte 😉 y poder estar más tranquilos.
– Y a mí también.
– Pues si te parece, podemos quedar para mañana sábado.
– Suena muy bien eso de encontrarnos mañana por la noche.
– Me apetece mucho cielo.
– Ahora tengo que dejarte, se está terminando la película y los niños tienen que cenar.
– Entonces cielo quedamos para el sábado. ¿De acuerdo?
– Llámame mañana por la tarde. Podemos quedar para cenar.
– Perfecto cielo. Te llamaré. Hasta mañana. Un Beso.
– Un beso cielo. Hasta mañana.

Juan no se lo podía creer. De pronto, un fin de semana que amenazaba con ser aburrido y gris estaba a punto de arreglarse, gracias a Pilar. Deseaba conocerla, verla, oír su voz sensual.

Su mente vagabundeaba haciendo planes para el día siguiente, mientras se tomaba un tentenpie en la cocina. Mañana –pensaba- ¿Y por qué no hoy?

En ese momento sonó su móvil. Miró la pantalla y ¡Era ella!

-Hola ¿Me recuerdas? Soy Pilar, alias Claudia, jajajajajaja.

Su risa sonaba, inolvidable

-Claro que te recuerdo cielo ¿Cómo olvidarte?
-Mira he pensado ¿Por qué no hoy?

¡Diosss! Eso mismo estaba dando vueltas y vueltas en su cabeza hasta hacía apenas un momento. ¡Que casualidad! –pensó Juan-

– ¿Sabes? Estaba pensando precisamente en eso ¿Por qué no hoy?
– Entonces no se hable más, vente a Gijón y cenamos juntos.
– Perfecto, me preparo y estoy allí en una hora.
– Entonces te espero en el hotel La Casona de Jovellanos ¿Conoces?, Preguntas por mí en recepción y bajo. – Así me da tiempo a prepararme un poco.
– Allí estaré cielo. Un beso.
– Un beso. Hasta luego.

Juan se vistió de prisa. La Casona de Jovellanos, era un lugar precioso, cerca de la playa. Lo conocía de sobra, así que no le costó mucho esfuerzo llegar.

En recepción se dio cuenta de que no sabía el apellido de Pilar y preguntar por ella le resultaba muy violento, así que se acercó al mostrador, sin saber por dónde empezar, cuando la vió.

Pilar estaba sentada en una de las butacas, vestía un elegante abrigo beige, sobre una blusa de semitransparente negra que contrastaba con sus ojos claros y sonrientes, que no dejaban de mirarle.

Cambió la dirección y se dirigió hacia ella

– Perdona ¿Eres Pilar?
– Si Juan, soy Pilar –dijo sonriendo y levantándose para saludarle-
– Menos mal que estás aquí, no sabía cómo iba a preguntar por ti en recepción.
– Jajajajaja –Otra vez esa risa que lo cautivaba- De pronto recordé que no te había dicho mi apellido, así que decidí esperarte abajo.
– Eres un cielo, estás en todo –sonrió Juan-
– ¿Y esa cena? Estoy hambrienta

Salieron del hotel buscando un lugar donde hacerse confidencias y conocerse ante una buena cena, que encontraron sin dificultad frente a la Playa de San Lorenzo. La noche estaba resultando perfecta y el vino les iba animando aún más.

Sus manos se buscaban sobre la mesa y tras los postres, decidieron regresar al hotel paseando por la Playa. Juan llevaba a Pilar por la cintura y sentía su cuerpo pegado al suyo. El pelo le rozaba la mejilla y su cabeza apoyada en el hombro le hacía el más feliz de los mortales.

Cada pocos pasos se detenían para abrazarse y podía recorrer su cuerpo bajo el abrigo, descubriendo formas y gestos irresistibles.

Sin pasar por recepción, subieron directamente a la habitación de Pilar, donde dejaron los abrigos en el suelo, para caer en los brazos.

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Piel

Jon estaba inquieto, hacía días que ella no se conectaba y no se atrevía a telefonearla. Su vida se estaba volviendo gris. No respondía a sus correos, sus fantasías habían a empezado a volverse repetitivas …. Ella.

Esa noche la buscó, como siempre …. El notify no pitaba, impaciente, aburrido. Un privado. ¿A él? ¡Cielos! No desea encontrarse con nadie, sólo ella puede saciar su sed.

Ella guiaba sus fantasía. Al principio se hizo el duro. Ella era dulce, entregada y eso le permitía sentirse resguardado. Resguardado de …. de esas cosas que empezaban a surgir en él y que ahora le dolían.

Ese privado,. ¡Era ella! ¡¡¡¡¡¡Por fin!!!!! Sus temores se disolvieron de inmediato. Ella estaba allí y lo demás no importaba nada.

Hablaron al principio deprisa, luego, poco a poco, afloró la calma. A ella se lo impedía su trabajo: Un viaje imprevisto.

Había llegado el momento de hacer aflorar sus sentimientos más secretos, más allá del deseo y la entrega en el chat.

Jon sabía que en esa espera, algo le había ocurrido, algo increíble. Había descubierto cuanto necesitaba encontrarla cada noche, y compartir sueños, y cargarse las pilas para el día siguiente.

Vivían en la misma ciudad. 5 Millones de habitantes que les separaban y les unían y que esta noche dejaron de separarlos. Había demasiadas cosas contenidas que les arrastraron a encontrarse.

Ahora, apenas una mesa les separaba y un camarero de blanco. Sus cuerpos se estremecían. No respondían a las palabras.

Jon alargó su mano y sus dedos apenas rozaron los de ella. Una sacudida les electrizó.

Entre ambos, junto a las tazas de café estaban sus sueños.

Ella agarró la mano de él y dijo -vamos- No era una sugerencia, era una orden era su deseo.

En el ascensor sus manos crispadas, blanqueaban sus nudillos, sólo el conserje podía ser testigo pero ….

La mano le temblaba cuando introdujo la tarjeta.

En la habitación, cara a cara, Jon sintió que al fín podría ser suya. Alargó su brazo, apenas rozó su cabello y sintió como ella se estremecía.

Se miraban de frente, eran dos desconocidos, que se sabían por dentro. Sin hablar – sus ojos se encontraron. Se sostenían el uno al otro para no desfallecer de deseo

Apenas se atrevían a tocarse, cuando sus labios se encontraron. Un roce, un aleteo, respirando el aire cálido y perfumado.

Afloró la pasión entregándose a un abrazo que los fundía. Ahora, los brazos rápidos les desnudaban, necesitaban sentirse, rozarse, que sus pieles se fundieran en un abrazo sin fin.

A sus pies quedaron las ropas arrugadas, mientras se regalaban el uno al otro todas las promesas que se habían hecho en el chat.

Ella había conseguido mantequilla y canela

Jon quedó tumbado sobre la cama, sus ojos cerrados le devolvían ante la pantalla del pc. La oía moverse por la habitación, no se atrevía a mirar y su deseo era evidente.

La cama se movió cuando ella subió. La sintió sobre él, su calor.

Jon sintió una caricia en sus pezones que se contrajeron de inmediato, más oscuros y más duros de como jamás recordara. Sus pezones eran tocados, acariciados y sobados una y otra vez. El olor de la mantequilla le hizo sonreír, no se lo imaginaba, ese juego era nuevo y se preparaba a disfrutarlo, como otras veces.

Ahora, era un dedo el que corría por su vientre, desde el ombligo bajaba hasta su pubis. Apenas pudo reprimir un gemido en la garganta, cuando fue su glande el que sintió acariciar.

Ella espolvoreó canela en sus pezones, en el vientre, en su pene. Marcando una pista aromática y excitante que le inundaba sus sentidos.

Los dientes de ella tropezaron con el botón más sensible de su pezón izquierdo dejándolo resbalar entre ellos, mientras una lengua juguetona saboreaba la dulce y excitante canela.

Jon se sentía explotar. Explotar de imaginar la ruta que Ella, su adorada Ella había trazado sobre su cuerpo.

Ella acarició los costados de Jon, haciendo que su cuerpo se arqueara, como una guitarra al sentirla.

Ahora, su boca golosa paseó, impúdica por la ruta del vientre.

Sus cuerpos exhalaban un perfume de deseo que los embriagaba

Una gota afloró sobre su glande y Ella la besó, succionándola suavemente.

Jon echó la cabeza hacia atrás buscando un aire que mitigara su deseo. Su cuerpo se contrajo, cuando las manos de ella acariciaron sus huevos, deslizándolos sobre ella, como si fueran esas bolas chinas, una y otra vez

El deseo era incontenible. Se irguió y la abrazó, cayendo ambos sobre la cama.

Ella abrió sus muslos, húmedos, como una certeza y sintió su sexo cálido y poderoso frente al suyo. Adelantó las caderas para recibirle mientras Jon, apenas rozaba la verga sobre su sexo, sin entrar.

Ella apoyó sus pies en la cama, haciéndole resbalar en sus entrañas ¡¡al fin era suyo!! realmente suyo sintiéndole dentro una y otra vez.

Jon bebía en los pechos de Ella, provocando oleadas de placer que la hacían palpitar. Las embestidas largas y profundas de Jon la llevaban en un galope sin rumbo que desvanecían el entorno. Sólo sus propios latidos y el impacto de Jon.

Sus respiraciones eran frenéticas, el compás lo marcaba cada embestida. Ella se contrajo sobre Jon. Su carne en sus entrañas y convulsionó y les inundaron sus flujos.

El tiempo se detuvo y la piel dejó de separarlos.

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En ruta

Susana había terminado el curso. Dejó el bolígrafo sobre la mesa y entregó el examen, recogió sus cosas y salió. El sol la deslumbraba al bajar las escaleras del viejo edificio de la facultad. El perfume del verano la llenó de pronto. Se negó a pensar en las preguntas y dio carpetazo a sus pensamientos. Caminó hacia la carretera de la playa. Pasaría unos días en el apartamento de sus padres.

Hizo ”dedo”. No tardó en detenerse un camión junto a ella. Indicó su destino al conductor, que sonriendo le hizo un gesto con la cabeza para que subiera. Saludos de rigor y unos cigarrillos, entre comentarios del tiempo, del verano y del calor. Ninguno de los dos tenía demasiada prisa.

Se acomodó coquetamente la camiseta de tirantes sobre la falda, esbozando una sonrisa ante el efecto que su cuerpo causaba en el conductor. Se quitó las sandalias y cruzó las piernas en el asiento. Juan se dirigió a un área de descanso.

Se miraron y el deseo les hizo sonreír con complicidad. Juan la abrazó besándola, iniciando una danza exploratoria que los encendía cada vez más.

Las manos recorrían los muslos retirando la ropa, hasta la cálida humedad de las braguitas, donde se detuvieron impregnándose de perfume, pasando y repasando sin parar; arrancando gemidos, antes de buscar los pechos que florecieron bajo la camiseta, endureciéndose los pezones.

Susana recorrió la espalda y buscó la entrepierna dura y palpitante que presionaba sobre la tela. Introdujo su mano en el elástico del pantalón corto y encontró la suave tersura de la verga que comenzó a acariciar, deslizando la piel sobre el tronco, presionando y aflojando hasta que él, cedió a las caricias, bajando el ritmo de las suyas. Entonces se incorporó. Miró pícaramente a Juan a los ojos y de un tirón liberó su sexo, que afloró descarado. Humedeció sus labios con la lengua, provocadoramente y los frunció acercándolos a aquella polla.

Sosteniendo la polla con las manos, la besó y empezó a lamerla, humedeciéndola, hasta dejarla completamente mojada. Entonces la introdujo en su boca y comenzó a succionarla, presionándola entre la lengua y el paladar, frotando el frenillo y jugando con ella en el interior de su boca, disfrutando de su cálida firmeza, hasta que la saliva escurría por la comisura de sus labios. Entonces, retiró sus labios, hasta el glande, y apenas cerrándolos, para aumentar la presión, volvió a introducírsela en la boca, repitiéndolo cada vez más deprisa, hasta que Juan acompañaba sus movimientos con sus caderas, bombeando entre jadeos.

Se detuvo y comenzó a acariciar el glande con la lengua, en el interior de su boca, saboreando las dulces gotas hasta buscarlas en el interior, donde  introducía la punta de su lengua.

Se incorporó y besó los labios entreabierto, que se abalanzaron sobre su boca explorándola y compartiendo sabores, mientras sus manos, bajo la falda, apartaban las braguitas, haciendo caminos para su polla.

Susana adelantó las caderas al sentir la presión en su coño húmedo y gimió al ser penetrada larga y profundamente, en una cabalgada que la hacía olvidar, despertando ríos en sus entrañas y crispando su cuerpo de placer.

Los alientos se aceleraron incontrolables y los dedos de Susana, buscaban la piel de Juan, donde vaciar su tensión. Tiraban y presionaban hasta que se pegó completamente a él, inmóvil mientras se desbordaban sus entrañas y los pulsos se extendían por todo su cuerpo.

Juan, inmovilizado, luchó por volver a moverse, ahora con más ímpetu, hasta vaciarse completamente y acariciar, suavemente la espalda de Susana, recuperando la noción del tiempo y le sentido en su piel.

Unos kilómetros más adelante, Susana bajó del camión y se perdió en el bullicio del atardecer. La tensión de los exámenes había desaparecido y tenía todo el verano por delante.

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