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Preparadas para …

Susurros de Clara (Cuento)

Soy una poderosa hechicera que viaja sobre un dragón de viento y tu eres mi esclavo, mi favorito, mi capricho. Con quien juego en las largas horas del atardecer y en quien me apoyo para dormir.

Tu piel suave me relaja y me invita a cuantas perversiones se me ocurren, que recibes con devota excitación. Tu cuerpo precioso me adorna y alegra y tu carácter amable me acoge.

Tengo que marcharme y te dejo, por unos días en el burgo de un feudo. No es un lugar de confianza, pero tampoco es abiertamente hostil, así que te encomiendo al Marqués y parto a mis negocios.

Regreso mucho antes de lo previsto y puedo verte desde el aire. Estás en la picota, sucio, con los pies y las manos presas en el cepo. Has sido castigado como el peor de los maleantes, Marcas de azotes surcan tu espalda, un penacho sucio de sangre y excrementos adorna tu ano. Y la desolación y el dolor visten tu rostro.

El verdugo aún no ha terminado y prepara nuevos suplicios, ante la mirada satisfecha del Señor del lugar y los sacerdotes enemigos.

Arkh, oscurece el sol y todas las caras observan estupefactas su vuelo, cuando hace una pasada rasante por la plaza abriendo un amplio círculo a tu alrededor y chamuscando al verdugo y a cuantos estaban cerca.

Salto al suelo espada en mano, rompiendo, de un solo tajo, el cierre del cepo que te aprisiona. Arranco el penacho y te cubro con mi manto, echándote sobre Arkh, que te recibe con un balanceo.

Apenas puedes moverte, atenazado por el dolor y el miedo. Me miras y la alegría ilumina las lágrimas entre las greñas.

Mis ojos fulguran, los pliegues de la túnica flamean bajo el peto de cuero, cuanto monto sobre Arkh y nos lanzamos sobre el Señor del burgo y su camarilla, que caen arrasados. ¿Cómo se han atrevido a ofenderme así?

Nos dirigimos a nuestro refugio más cercano, una amplia cueva cerca de las cumbres. Allí te sumerges en un cálido baño vivificante.

Poco a poco dejas de temblar y sientes como te empiezas a diluir en el agua, abandonándote. Te acaricio suavemente, lavando tu pelo, recorriendo mis dedos tus cabellos en infinitos caminos, restañando tus heridas, pasando mis manos una y otra vez sobre ti, reconociendo tu piel palmo a palmo. Reconociendo lo que es mío y que ha sido mancillado.

Envuelto en una gruesa toalla, reposas, mientras preparo los ungüentos para curarte. Tumbado boca abajo, extiendo bálsamo sobre la parte más dolorida de tu cuerpo, mitigando el dolor. Tu ano se relaja y recupera su normalidad. El dolor se calma y con él la desazón.

– Te recuperarás. No es grave, lo superarás. -Te digo.- Ahora bebe esto y descansa.

Te arrasan las lágrimas y el llanto convulsiona tu cuerpo. Jamás habías sentido tanto dolor gratuito, nadie te había maltratado por nada, nunca habías visto tanto odio por tu Diosa y eso, eso arrastra tu cuerpo al llanto incontrolado que te impide hablar.

Apoyado sobre mi pecho, tus lágrimas me humedecen y mis manos recorren tu nuca y tu cuerpo, sintiendo poco a poco tu recuperación. Tu aliento me enerva.

Hundo mi nariz en tu cuello y aspiro con fuerza, sintiendo una convulsión en mis entrañas. Has recuperado tu olor de hombre y eso me excita.

Tus ojos vuelven a estar limpios y tu boca entreabierta invita la caricia y los cabellos húmedos resbalan cuando mis dedos toman tus orejas. Apoyo mis labios sobre los tuyos y aspiro tu aliento perfumado de deseo provocando un incendio en mi cuerpo que descubre manantiales.

Siento tu verga contra mi vientre y me aprieto contra ti, prólogo de placeres, mientras mis pechos reposan en tus manos que los recorren reconociéndolos.

Nuestros cuerpos se entrelazan en caricias infinitas. Labios húmedos se buscan y acarician lo que antes hicieran las manos.

Monto sobre ti y te cabalgo, como antes sobre las nubes. Acaricias mis pezones haciéndome gemir de placer sintiéndote en mi.

Tus manos en mis caderas me elevan una y otra vez, mostrándome paraísos de placer, mientras los rizos ocultaban mi rostro, antes de caer por la espalda..

Ahora, tumbada, siento tu aliento en mi sexo y tus labios en mis ingles, acariciando los bordes de mi vulva, haciéndome arquear la espalda y buscar apoyo para ese vértigo que se avecina.

Mi pulso se acelera y el placer me invade cuando tu sabia boca besa los labios, succiona mi clítoris y lo deja resbalar entre los dientes una y otra vez, antes de volver a presionar con la lengua, como un gatito tomando leche.

Estallo en gemidos, y la boca busca aire echando la cabeza hacia atrás. Tiro de ti, hasta hacerte que me cubras y tus brazos me rodean, sujetándome.

Te deslizas dentro de mi carne, cabalgando largo y profundo. Cada embestida, cada impacto entrecorta mi respiración y la tuya.

Tus nalgas se contraen y aumentas la frecuencia, respiramos a la vez, buscando aire que apague este fuego. Tu piel brilla de sudor y tu mirada me clava, mientras mis piernas rodean tu cintura y adelanto mis caderas recibiéndote en el fondo de mi ser.

Mi placer se desborda y mi carne te succiona, te absorve y te obliga a vaciarte, en un espasmo que detiene el tiempo.

Despacio, volvemos a tomar conciencia de los cuerpos. mojados de nuestros flujos que se deslizan por los muslos. Besas suavemente mis mejillas, el cuello y te hundes en ese rincón bajo la oreja. Caricias que nos hacen regresar.

Abrazados, frente a frente, la noche se desliza sin querer. Te invade el sueño y caes un sopor reparador. Estás vengado.

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Clara se divierte (cont.)

– ¡Toy!
– Hola. -Saludó sonriendo .-
– ¿Cómo estás cielo? ¿Que tal la semana?
– ¡Uff! Por fin termina, he trabajado como un esclavo.-
– ¿Si? – Sonrió Clara maliciosamente –
– Ya, -Sonrió- otro tipo de esclavitud, rió suavemente.
– Pues ya puedes recuperarte rápido, te reservo una sorpresa -Dijo Clara mientras arrancaba y se sumergía en el espeso tráfico de la mañana-.
– Ya casi estoy listo .- Alardeó sacando pecho. La sombra de sus pezones bajo la camisa no pasó desapercibida para su dueña-.

Clara detuvo el coche ante un semáforo y se volvió hacia Toy, inclinándose para abrir la guantera del salpicadero. Sacó una cadenilla, rematada en pequeños mosquetones y la exhibió sonriendo. Toy se estremeció de placer.

– Ábrete la camisa. – Ordenó –

Toy obedeció sin dudar y contrajo todos sus músculos al sentir la leve tracción sobre sus anillas y el frío de la cadena, en su piel.

El semáforo se puso en verde y la vibración del motor la sentía en sus pezones, provocándole una erección. El rubor cubrió sus mejillas hasta su cuello, sin remedio.

Pronto salieron a la autopista que los sacó del tumulto, acercándolos hacia la tranquila residencia de Clara.El silencio estallaba en sus oídos, tras la música.

Entró en la finca y detuvo el coche frente al porche. La brisa jugó con su falda y se enredó en el pelo cuando bajó del coche. El perfume salado la hizo sonreír.

– Te espero en el gimnasio.

El gimnasio era una gran habitación, una de cuyas paredes era totalmente de cristal y se asomaba sobre el acantilado. La luz entraba a raudales y se reflejaba en los grandes espejos. Toy entrecerró los ojos y se acercó al ventanal, que le reflejó la erección que se había producido al desnudarse. El contacto de la cadena en su pecho y la cinta le producían un excitante vértigo. La presencia de su Ama.

La butaca de mimbre, con su alto respaldo redondo como la cola de un pavo real la acogía mientras humeaba un aromático cigarrillo y apuraba un refresco.

Toy cayó de rodillas y gateó hasta su Ama besando y lamiendo aquellos pies que adoraba. Delicadamente, dedo a dedo, sintiendo la suave textura del esmalte que enrojecía como rubíes engarzados en los dedos.

La fusta resbaló por su espalda erizándola. Clara sonreía ante los rosados pezones que se alargaban por la cadena. Apoyó la fusta en ella y presionó hacia abajo, provocando un gemido.

– ¡Hmmm! ¿Te duele? -Preguntó en un susurro-.
– No mi Dueña – Respondió roncamente, estallando una oleada de placer en su cuerpo.-
– Me alegro cielo, tengo muchas ganas de jugar contigo.
– Si Ama.

Clara se puso de pie y tiró de la correa, trabada con la fusta, haciendo que gateara tras de ella. Lo condujo hasta el bastidor en forma de cruz de aspa que ocupaba el centro de la habitación.

Apoyando la fusta en el pecho le indicó que se levantara y le mostró el aspa. Tomó un cordel de algodón. Cogió la muñeca de Toy y la ató a una de las aspas, mientras besaba casi sin tocar el rostro del siervo que no osaba moverse, sólo su polla palpitaba contra en vientre de Clara y el calor los invadía, encendiéndoles las entrañas.

Se arrodilló ante Toy para asegurar los tobillos y alzó de pronto su cabeza, enfrentando sus labios a la verga erguida, soplando quedamente, antes de acariciarla un poco.

Toy temblaba incontroladamente, apoyándose en el bastidor para sostenerse. Cerró los ojos cuando ella se alejó, recuperando el aliento. Su verga estaba a punto de explotar, pero no podía hacerlo.

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

Verla cruzar la puerta lo llenó de vacío. Ya había recobrado su erección tras la cera y ahora, al verla salir se sintió abandonado. Perdió su mirada en el reflejo del mar en los espejos y dejó de pensar, invadido por las imágenes y las sensaciones. Sólo podía esperar.

Sam acudió aquella tarde a su cita, con la misma expectación con la que se dirigía a todas. Ya no estaba nervioso, como en otras ocasiones, pero sentía la sensación de presión en sus entrañas que ya le resultaba familiar.

Como de costumbre, la agradable charla en la biblioteca le tranquilizó. Evaluar sus progresos en la entrega, comentar algunas técnicas y sus efectos, eran una forma de asumir más profundamente su condición de siervo en proceso de adiestramiento.

En esta ocasión, Ella no le anticipó nada de lo que le esperaba en el gimnasio. Lo que había preparado era una auténtica sorpresa y eso le producía una pequeña y agradable desazón.

El minúsculo dormitorio donde se desnudó ocultó el respingo que siemrpe sentía al ajustarse el collar al cuello. Casi sentía la tibieza de su cuerpo cuando ella se lo ajustó por primera vez, el aroma de su perfume y de su piel de hembra y en sus entrañas, volvió a sentir un extraño pellizco que le hizo palpitar.

Avanzó descalzo por el pasillo, deseando no ser visto hasta encontrarse frente a Ella. Su sóla presencia le sostenía y le hacía sentirse fuerte.

En la puerta del gimnasio estaba Marc, completamente desnudo tras la bandeja que la que había algo negro.

– Ella ha dicho que se lo ponga .-Informó Marc ofreciendo la bandeja-.

Sin responder, Sam cogió el pañuelo de espesa seda negra que se le ofrecía y miró dubitativo.

– Es un antifaz .

Sam dejó la bandeja sobre la mesita y se dispuso a ajustárselo, de forma que sólo la boca y los ojos resultaban visibles.

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Clara se divierte

El sol se colaba, blanco, brillante y jugaba en las arrugas de las sábanas que apenas cubrían en cuerpo de Clara. Se despertaba despacio, jugando aún con los sueños. Remoloneando mientras pensaba la ropa que iba a ponerse, el programa del día. Desperezándose, dejando que el sueño fuera retirándose de sus párpados.

Con los ojos aún cerrados, sintió la presencia de Marc, su perfume suave a jabón y aftershave la hizo sonreír estirándose golosa. Rodó en la cama, se apoyó sobre los codos y abrió los ojos viéndole desnudo, sonriente, ofreciéndole una perfumada rosa blanca y sosteniendo una exquisita bandeja preparada con el zumo.

– Buenos días mi reina ¿Cómo estás? .-Saludó encantado-.
– Hola cielo -Respondió hundiendo su nariz en la rosa y embriagándose con su perfume, mientras Marc abría las cortinas.-

Bebió el zumo y Marc le ofreció un cigarrillo que encendió saboreando el humo. El aroma se mezcló con el del café recién hecho. Sentada sobre la cama, el café dulce y caliente, retiraba los últimos jirones de sueño.

– ¡Hmmm! Vamos .-Indicó a Marc-.

Clara se levantó y mostró su desnudez al sol, disfrutándose ante el espejo, cuando se dirigió al aseo Marc, la adoraba y verla satisfecha lo llenaba de placer. La siguió; sabía lo que tenía que hacer.

En la camilla, le aplicó un vitalizante masaje, despertando los músculos bajo la piel. Luego, Clara se sentó, abrió sus piernas y se entregó al placer se ser rasurada por su fiel siervo, cuya delicadeza le excitaba.

La brocha extendió el jabón entre sus piernas, cubriendo el vello por completo. Clara se contrajo un instante. Las manos largas de Marc, comenzaron a Tensar la piel y deslizar firme y suavemente la navaja, desde las ingles hasta los labios, retirando la espuma y con ella el vello. dejando un rastro de tersa suavidad tras cada pasada.

Marc contenía la respiración, controlando su deseo, por aquel cuerpo que lo enloquecía, por aquella mujer a la que adoraba y que era feliz por servir en sus más íntimos caprichos El aroma a hembra de Clara, mezclado con el del jabón lo excitaba sin remedio. Cuidadosamente iba afeitando los más recónditos pliegues.

Poco después, el pubis presentaba un vello ensortijado y delineado en la anchura de los labios, que surgen suaves y abultados, ocultando su rosado y húmedo secreto. Marc sonrió satisfecho.

Clara estiró una pierna, y la apoyó sobre su hombro, él se inclinó y se aplicó a lamer aquel sexo húmedo sobre el que había trabajado, comprobando la eficacia del afeitado y bebiendo las gotas de placer que provocaba, Mojándolo una y otra vez con su lengua, hasta que la respiración de Clara se hizo jadeante. Entonces, sus labios buscaron el clítoris, lo succionaron y apoyó firmemente la lengua sobre él, provocando un violento orgasmo.

Bostezó y comenzó a acariciar suavemente su coño, extendiendo la humedad y recuperando el aliento, Los ojos semi cerrados y una sonrisa de placer. La rutina matinal  continuaba. Ahora Marc se masturbaba frente a ella y estaba a punto de verter su leche sobre su vientre. El rostro crispado y congestionado, le indicaron que estaba a punto de vaciarse y Clara se estiró para recibir el contacto cálido y untuoso en su piel.

Marc masajeó el vientre y los pechos haciendo penetrar, profundamente, su leche. No había mejor crema regenerativa que aquella y era su secreto. Cosmética del sexo solía llamarlo Clara con un guiño de complicidad.

Ahora estaba lista para ducharse. El agua resbalaba por su cuerpo, despertándola completamente; dando entrada a la jornada que acababa de empezar.

Cogió su coche y salió a buscar a su capricho. Le había llamado el día anterior y en unas horas estará allí. Lo deseaba y tenía muchas ganas de comprobar el estado de las anillas que la quincena anterior había hecho instalar en sus pezones. Aún recordaba el gesto de dolor y entrega que brilló en su rostro con cada perforación, haciéndola que se estremecieran sus entrañas con cada gemido.

Allí estaba él, junto a su bolsa, mientras docenas de pasajeros pasaban a su lado como insectos. Detuvo el coche y él abrió la puerta. Una oleada de deseo le hizo enrojecer.

– ¡Toy!
– Hola. -Saludó sonriendo .-
– ¿Cómo estás cielo? ¿Que tal la semana?
– ¡Uff! Por fin termina, he trabajado como un esclavo.-
– ¿Si? – Sonrió Clara maliciosamente –
– Ya, -Sonrió- otro tipo de esclavitud, rió suavemente.
– Pues ya puedes recuperarte rápido, te reservo una sorpresa -Dijo Clara mientras arrancaba y se sumergía en el espeso tráfico de la mañana-.
– Ya casi estoy listo .- Alardeó sacando pecho. La sombra de sus pezones bajo la camisa no pasó desapercibida para su dueña-.

Clara detuvo el coche ante un semáforo y se volvió hacia Toy, inclinándose para abrir la guantera del salpicadero. Sacó una cadenilla, rematada en pequeños mosquetones y la exhibió sonriendo. Toy se estremeció de placer.

– Ábrete la camisa. – Ordenó –

Toy obedeció sin dudar y contrajo todos sus músculos al sentir la leve tracción sobre sus anillas y el frío de la cadena, en su piel.

El semáforo se puso en verde y la vibración del motor la sentía en sus pezones, provocándole una erección. El rubor cubrió sus mejillas hasta su cuello, sin remedio.

Pronto salieron a la autopista que los sacó del tumulto, acercándolos hacia la tranquila residencia de Clara.El silencio estallaba en sus oídos, tras la música.

Entró en la finca y detuvo el coche frente al porche. La brisa jugó con su falda y se enredó en el pelo cuando bajó del coche. El perfume salado la hizo sonreír.

– Te espero en el gimnasio.

El gimnasio era una gran habitación, una de cuyas paredes era totalmente de cristal y se asomaba sobre el acantilado. La luz entraba a raudales y se reflejaba en los grandes espejos. Toy entrecerró los ojos y se acercó al ventanal, que le reflejó la erección que se había producido al desnudarse. El contacto de la cadena en su pecho y la cinta le producían un excitante vértigo. La presencia de su Ama.

La butaca de mimbre, con su alto respaldo redondo como la cola de un pavo real la acogía mientras humeaba un aromático cigarrillo y apuraba un refresco.

Toy cayó de rodillas y gateó hasta su Ama besando y lamiendo aquellos pies que adoraba. Delicadamente, dedo a dedo, sintiendo la suave textura del esmalte que enrojecía como rubíes engarzados en los dedos.

La fusta resbaló por su espalda erizándola. Clara sonreía ante los rosados pezones que se alargaban por la cadena. Apoyó la fusta en ella y presionó hacia abajo, provocando un gemido.

– ¡Hmmm! ¿Te duele? -Preguntó en un susurro-.
– No mi Dueña – Respondió roncamente, estallando una oleada de placer en su cuerpo.-
– Me alegro cielo, tengo muchas ganas de jugar contigo.
– Si Ama.

Clara se puso de pie y tiró de la correa, trabada con la fusta, haciendo que gateara tras de ella. Lo condujo hasta el bastidor en forma de cruz de aspa que ocupaba el centro de la habitación.

Apoyando la fusta en el pecho le indicó que se levantara y le mostró el aspa. Tomó un cordel de algodón. Cogió la muñeca de Toy y la ató a una de las aspas, mientras besaba casi sin tocar el rostro del siervo que no osaba moverse, sólo su polla palpitaba contra en vientre de Clara y el calor los invadía, encendiéndoles las entrañas.

Se arrodilló ante Toy para asegurar los tobillos y alzó de pronto su cabeza, enfrentando sus labios a la verga erguida, soplando quedamente, antes de acariciarla un poco.

Toy temblaba incontroladamente, apoyándose en el bastidor para sostenerse. Cerró los ojos cuando ella se alejó, recuperando el aliento. Su verga estaba a punto de explotar, pero no podía hacerlo.

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

 

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Roberto

Los sonidos le llegaban amortiguados a través de la máscara. Veía con gran dificultad y la perspectiva se le antojaba vertiginosa. Las patas de los muebles que se alzaban hacia el techo, la colcha de la cama y su figura reflejada en el espejo, irreconocible tras el pvc q lo ocultaba. Un impulso de placer fue detenido por el cruel ingenio que atenazaba su pene.

Se empeñaba en concentrarse en el chapoteo de la ducha, para no sucumbir a sus pensamientos que lo arrastraban en una extraña mezcla, aún no decantada. Ella había entrado en el baño, la había oído alejarse y cerrar la puerta y ahora ….

Empezaba a pesarle la inmovilidad. Agitó los dedos de los pies mientras las ideas se arremolinaban en su cabeza. La había conocido, la había visto cara a cara, más sugestiva, más incitante de lo que nunca había imaginado y a la vez cercana, cotidiana. Le sorprendía ver a la musa de sus sueños tan asequible y tan poderosa. Los gestos más inocentes cobraban un sentido especial, las sonrisas, las miradas, el jugueteo con su pelo que ponía una trama de claroscuros a su cara.

La reconoció al instante. Verla acercarse entre la multitud, le provocó una erección. Alta, delgada hasta la fragilidad, resultaba sensual en su elegante traje de chaqueta. Las finas sandalias de tacón de aguja lo hipnotizaron. Sus ojos dulces y sonrientes le devolvieron a la realidad.

– Hola Roberto ¿Cómo estás?

– Saludó besándole en ambas mejillas –

– Bien, gracias – Respondió, mientras sentía flotar en su perfume

– ¿Y Vd.? ¿Que tal el viaje? ¿Qué desea tomar?

– Perfectamente cielo. Menta helada, por favor. – Dijo encaramándose a la banqueta, balanceando sus pies, ante Roberto que tragó saliva.-

Luego, todo había ocurrido deprisa. La conversación había sido amable y relajada sobre el día a día, el trabajo, los proyectos …. Hasta llegar al hotel, donde sus manos entrelazadas les habían sostenido un instante antes de convertirse en Ama y esclavo.

Cuidadosamente había sacado y ordenado los juguetes que, en las últimas semanas, había ido adquiriendo de mil formas, colocándolos sobre la mesa.

Un gesto de Ella le indicó que se desnudase y lo hizo, postrándose a continuación, temblando de anticipación y deseo. Había sentido sus manos frescas acariciar su piel y, entre caricias, aprisionarle con cada instrumento.     Primero fue el collar, que Ella misma había elaborado con cuero flexible y su nombre grabado, acompañado de un largo y profundo beso. Luego las pinzas de los pezones y sintió los dientes de ella resbalar por el lóbulo de su oreja. Aún sentía la tersura de su piel y el leve roce contra su verga. Luego el anillo de cruelmente sujetaba su polla, impidiendo cualquier erección y sus manos lo torturaron acariciando suavemente sus huevos. Cuando le introdujo el dildo que lo invadía, no pudo evitar sentirse humillado, su deseo palpitó prisionero y empezó a saborear la arrolladora mezcla de dolor y placer. Sólo era el principio.

Ahora, volvía a sentir cada contacto, y había cesado el ruido del agua, apenas distinguía los sonidos. Cada prenda que recibía le hacía sentirse más desnudo, más indefenso, más entregado. Las correas atenazaban sus tobillos y sus muñecas. Surgieron los primeros arrebatos de rebeldía, que sucumbían a la ternura de cada gesto.   La mordaza ahogó un gemido, pero su boca lo llenó de placer, obligándole a  abandonarse, a dejarse hacer, sólo a sentir. Los labios recorrían su rostro, deteniéndose en los párpados, las sienes, mientras los dedos que ajustaban las hebillas, acariciaban su nuca. Tiernamente estaba siendo desposeído. La máscara cubrió su rostro. Sus sentidos se agudizaron y las sensaciones adquirían nueva intensidad y dimensión.

Sintió abrirse una puerta y percibió el sutil y perfumado halo tras la ducha.

-¿Que planes tendría para él?- Confiaba plenamente en ella, habían hablado e imaginado cientos de situaciones excitantes, pero Ella siempre conseguía sorprenderle y ello le fascinaba.

– Espérame gatito – Fue lo último que oyó antes de cerrarse la puerta de la habitación.

La desolación comenzó a invadirle, agudizando su deseo. El tiempo se detuvo y sólo las imágenes de los recuerdos, las voces y las sensaciones lo llenaban. Temía que algún empleado entrase y lo sorprendiese, pero su mayor temor estaba que Ella no volviese. Su erección contenida, se mantenía.

Se concentró en algo que Ella le había dicho y que le hizo sonreír. Debía susurrarle al hablar y el mero hecho de ponerlo en práctica le excitaba.

La puerta se abrió con un chasquido No sabía el tiempo transcurrido, una breve eternidad. Pasos, movimiento a su alrededor que no lograba identificar. Unos dedos ágiles liberaron sus pezones y los masajearon reanimándolos. Al soltar la anilla de su polla, ésta palpitó llenándose de inmediato. Sintió una boca que lo lamía y succionaba, acariciándole hasta hacerle arder. Se contuvo, pero no pudo evitar alzar las caderas, a pesar del la tensión de sus hombros.

¿Su Ama? ¿En manos de quien estaba? A penas encontraba respuesta a sus dudas, pues las sensaciones le llegaban sin interrupción, arrastrándole en un torbellino de placer.

Unos dedos soltaron los cierres de la máscara, liberándole. Abrió los ojos y la vio, desnuda sobre él, sonriente y sonrió reconfortado. Era ella quien lo abrazaba. Nunca la había visto así, sus pechos pequeños de pezones prominentes y oscuros, los huesos dibujándose bajo la piel, la cintura cimbreante y el ombligo sobre su vientre plano. La misma sensación de poder y fragilidad, despertaba sus deseos más profundo. Su polla palpitó y sintió la calidez de las nalgas de ella, aprisionándola.

Liberó sus extremidades y lo ayudó a incorporarse. Se puso detrás de él y lo abrazó, amasando los maltrechos pezones, perfilando los bien dibujados músculos de su pecho, mientras besuqueaba su cuello y susurraba al oído   – Serás mi pony, querido –

Aumentó la presión del dildo al sentarse, pero no se atrevió a moverse, estando entre los brazos de su amazona. Sus gemidos quedaban ahogados por la mordaza y sólo podía expresarse con miradas que captaban la atención de Ella.

A cuatro patas, se miró de reojo en el gran espejo. la mordaza sujetaba las bridas que portaba su Ama. La vio alzar la pierna y al sentarse en su espalda.

– Vamos cielo, ¡Arre! – Ordenó en un susurro, mientras los tacones de sus sandalias aguijoneaban sus nalgas.     Roberto no se pudo contener e inició un suave caminar, con un ondulante contoneo que se transmitía al cuerpo de su Dueña.

La cabeza erguida por la brida sujeta a su mordaza, le otorgaba una dignidad inaudita en un siervo, que satisfacía plenamente a su dueña. a juzgar por la sonrisa que lucía en el reflejo de los espejos que decoraban la habitación.

Se sintió feliz y continuó con el paseo, obedeciendo ciegamente y excitado por ello. Un tirón de las riendas lo hizo detenerse. Ella descendió y lo liberó de la mordaza.

– Te mereces un premio.

Roberto era feliz al oírlo y, cuando fue liberado, abrazó a su Dueña tiernamente, besándola apasionadamente, sintiendo sus menudos pechos apretados contra él, las caderas contra su vientre, acariciando su piel, impregnándose de ese cuerpo ondulante que tanto deseaba y que respondía a sus gestos y caricias acoplándose en cada curva, en cada balanceo con una coordinación sorprendente.

Las manos recorrían la espalda hasta encontrar las nalgas que aprisionaban y atraían contra sí. Su verga acariciada por los muslos, insinuante preludio de oscuras humedades palpitaba deseosa. Las bocas se buscaban sintió su cuerpo abrazado por las piernas de ella que lo ceñían, dirigiendo su polla, desde el vientre al húmedo sexo donde se hundió irremediablemente.

Embistió como si de ello dependiera su vida y respiraban el mismo aire, alientos perfumados de deseo y jadeos. Ella se balanceaba recibiéndole, llenándose e instándole a seguir sin pausa. Ritmo frenético que los arrastraba. Las pieles brillantes y el crescendo los llevó a la entrega mutua, al éxtasis palpitante.

Recuperaron el aliento y la consciencia despacio, sin osar separarse, entre gemidos hasta que pudieron verse los ojos y sonreír.

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Dóminas sensuales

Para tus sueños:

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