Archivo de la categoría: Blanco

Relatos eróticos de encuentros, sin características de dominación/sumisión. En el “argot” también se conocen como “vanilla”

Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 12.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

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Felicidades

 

FELICIDADES.

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Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

En 2012 hubo 4 artículos nuevos, aumentando el archivo completo de este blog a 29 artículos. Hubo 1imagen subida, ocupando un total de 5 KB.

El día más movido del año fue agosto 20th con 148visitas. El artículo más popular del día fue Clara se divierte (cont.).

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Cena y sorpresa

Ella aprendió a lavarse las manos muy niña, por afán de hacer burbujas, pompas de jabón que soplar y mantener en el aire hasta que estallaran, Unía sus deditos y soplaba sobre la tenue película hasta formar una pompa, luego los cerraba y la tocaba manteniéndola en el aire hasta que se fragmentaba, se tornasolaba y estallaba. Burbujas hasta que un adulto venía y terminaba con el juego.

Esa mañana jugaba con sus deseos y con su sueños, como de niña con las burbujas. Las creaba y las suspendía hasta q estallaban. Deseaba un encuentro fortuito. Una sorpresa. Verle por la calle y que la reconociera. Que sus miradas quedasen enganchadas y sus palabras suspendidas, porque la situación no permitía el reconocimiento. Luego, ya se encontrarían, pero deseaba ese reencuentro. Su vientre ardía y su cuerpo se llenaba de sensaciones chispeantes.

Tenía una cena con las compañeras de trabajo. Cena de “marujis”. Fue divertida, comentarios, bromas y chistes la pusieron de buen humor. Después fueron a bailar y a tomar una copa. La conversación derivó hacia temas aburridos, y sobre todo el silencio bajo la música atronadora, agarrada a un vaso.

Las mismas caras, el tedio y volvía a jugar con las pompas de su deseo, él no estaba y le veía en cada nuca, un perfil… lo buscaba sabiendo de su ausencia.

Se acercó Jesús. Lo conocía del gimnasio y le encantaba, la agarró de la mano y la sacó a bailar. Ante las miradas de sus compañeras.

Colocó su mano la cintura y tomó la otra con la suya. La música unió sus cuerpos y el balanceo de sus caderas se acomodó al ritmo.

Las primeras vueltas les mostraron lo que podían hacer y al volver a abrazarse lo hicieron intensamente, haciendo el baile más íntimo, unidos desde las rodillas a las mejillas. Sintiéndose.

Era divertido y sensual. Ella se olvidó de la nostalgia abandonándose en ese cuerpo que la acariciaba y en esas manos que la guiaban, ora empujando su cadera en una vuelta, ora atrayéndola hasta que se abandonaba sin remedio.

El ritmo suave la apoyó contra Jesús. Recuperando el aliento, su aroma la inundaba y sentía en el cuerpo la presión de su deseo que despertaba el suyo, cuando las manos se deslizaron hasta las nalgas acariciándolas suavemente.

El aliento en su oído, apenas un murmulla bajo la música la hicieron levantar la vista hasta mirarle a los ojos. Era una invitación que aceptó sonriente.

Ya no la dejaba. Se acercó hasta el grupo de compañeras, cogió su abrigo y se despidió con un guiño.

En la calle hacía frío y Jesús abrazó su temblor con un beso, intenso y profundo que la empujó a explorar ese cuerpo delicioso y acogedor.

– ¿Donde vamos? -Preguntó ella-
– ¿Vamos a tomar algo o … ?
– Tengo ahí el coche, nos montamos y lo decidimos, q me estoy quedando helada.

Montaron y arrancó. En el primer semáforo concertaron ir al piso de él. No estaba muy lejos y vivía solo.

Al bajar del coche, él la abrazó por detrás, besando su cuello, mientras sus manos presionaban el vientre y ella se echaba hacia atrás, sintiendo la verga dura contra sus nalgas.

Abrió la puerta y se besaron en el umbral. Rodeó con sus piernas el cuerpo de él cuando alzándola, la llevó en sus brazos, entre besos hasta la cama, donde la depositó suavemente.

Entre besos, se abrió la camisa, y la estrecha falda de cuero, mostrando un conjunto de liguero a juego con las medias.

Ella se incorporó y liberó el cuerpo de Jesús de la camisa, que cayó al suelo junto con la chaqueta, mientras descubría esa verga que había sentido antes sobre su cuerpo.

La tomó entre sus manos y comenzó a besarla, lamiéndola y acariciándola, desde su base hasta el glande, presionando y succionando despacio hasta que sintió los ahogados jadeos de Jesús.

Entonces, la alzó y comenzó a lamer el escroto, chupeteando la piel y tironeando de ella con los labios, tensándola, mientras continuaba acariciando el tronco entre sus manos, hasta introducir cada testículo en su boca, que acariciaba con la lengua. Era una sensación deliciosa. La piel conservaba aún su aroma a jabón, apenas cubierto por el perfume del deseo que hablaba directamente a sus sentidos.

Volvió a besar el glande, introduciéndoselo en la boca y continuó su ascenso por el vientre, los pezones, donde se detuvo mordisqueándolos, mientras era abrazada.

Al llegar a la boca, se besaron apasionadamente, dando suelta a un deseo que los embargaba. Explorando y acariciando los labios, dibujándolos con la lengua y haciéndolos resbalar entre los dientes y los labios, mientras sus sexos se buscaban.

Sintió la verga entre sus pierna y la acomodó presionando sobre su vulva, cabalgándola hasta convulsionar sobre ella una y otra vez, contrayendo todos los músculos de su cuerpo.

Él apoyó sus manos sobre las nalgas, abriéndolas y deslizándose dentro, clavándose profundamente, mientras ella gemía de placer.

La alzó y sintió sus piernas en torno a la cintura, aprisionándolo en cálida y celestial cueva, que conquistaba en cada embestida.

La espalda contra la pared, se arqueaba, ajustando el cuerpo con más precisión al otro en una lucha sin cuartel, donde el enemigo sólo era el deseo por satisfacer.

Crispados, cayeron sobre la cama jadeantes, recuperándose poco a poco, entre caricias, mientras cada movimiento los volvía a encender de nuevo. cada gesto re conocimiento, cada caricia, arrancaba una cascada de sensaciones y deseos. Un hambre de besos que pugnaban por saciar.

Los besos eran caricia y maltrato de pasión, los dientes resbalaban sobre la piel encendiéndola, el aliento compartido cada vez más perfumado y las salivas tan dulces como el mejor manjar se hacían tan irresistibles que los unían obligándolos a hundirse sin remedio.

Ella, tumbada boca abajo, abrazando la almohada, curada de la nostalgia, sólo sentía aquel cuerpo largo y fuerte junto al suyo. Ronroneaba cuando los besos se abrieron camino desde su nuca, deslizándose sin prisa por su espalda.

Las manos la exploraban y ella se acomodaba a cada caricia, abandonándose a sentir cómo se abrían sus fuentes. Cuando notó la verga entre sus nalgas y el aliento le ardía en la piel, sólo pudo arquearse y hacerla resbalar en su seno.

Cruzó las piernas aumentando la presión y comenzó a balancear sus caderas en ascendente cadencia hasta convulsionar sobre la verga aún húmeda de espumas anteriores.

Sus pechos prisioneros, la empujaban mas y más en su placer hasta quedar floja y sin aliento.

Entonces, Jesús, apoyó sus manos en las caderas, alzando su grupa y embistió con firmeza una y otra vez, deteniendo el tiempo en cada impacto, marcando un ritmo de alientos frenético hasta crisparse y vaciarse lenta y profundamente, agotado.

El sueño los encontró abrazados sin palabras y la mañana los sorprendió sonrientes.

– Compartimos una ducha?

No era una propuesta, era una promesa antes de desayunar.

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A 2 voces

1 EL CORTEJO

– ¿Bailas?

Así empezó todo, una invitación. Explorando. Nada como el lenguaje del silencio a través de la simple insinuación de las miradas, que sea el cuerpo el que hable. Provocar el incendio en las pieles los olores el gusto el tacto el sabor todo sin palabras los gestos de la pasión, la sensualidad. Despertar los sentidos gesto a gesto, caricia a caricia hasta estallar en tremenda tempestad notar como en tu piel surgen nuevos caminos de sensaciones.

-Te gusta sentirte dominada por quien lleva la iniciativa?
– No
– Prefieres ser tu quien lleve la iniciativa? Organizar cada paso? Decidir como tiene que ser el momento?
– Si y guiar el placer.
– Se ha de disponer de una gran creatividad para ser líder
– Por eso lo soy y porque tampoco hay excedente de creatividad por ahí
– No, lo habitual es encontrar mucha mediocridad. Se trivializa en exceso.
– La mediocridad es como el polvo q todo lo cubre.
– La clave: El deseo entregado
– Sentir la entrega; una entrega vehemente, ciega y sin preguntas, una entrega del deseo más absoluto, rayano a la devoción.
– Algo sacramental
– Odio la entrega estúpida de un tipo cascándosela mientras repite ”si AMA”. No lo admito
– Jajajajaja jamás me he podido imaginar algo similar. Patético ¿no?
– No hay demasiados buenos sumisos, para mi gusto escasean.
– Quizás…….mi único acto de total sumisión, sea el deseo que me corroe por dar placer. Me encanta oír los jadeos. Los orgasmos producidos por mí saberme que soy yo quien entrego ese placer

2 ÉL

Dos ojos que hablan
Bigote cosquillero tiene esa medida que no molesta para comer fideos
Labios exploradores
Lengua salivera para dejar rastro a los labios
Dos manos deseosas de aprender texturas
Dos brazos abraceros
Dos piernas que sujetan al corcel cuando este quiere correr hacia el acantilado

3 EL DÚO

La champañera, el hielo, la sed. La luz tenue de las velas. El movimiento de la luz en la piel. … Pequeñas gotas de luz Pequeñas gotas de cera en la piel verano. Jardín, frenesí de verde.

La idea de cera en la piel oscurece música de arias de opera, ensaladas de frutas sin acabar, brisa marítima.

Una copa vertida en la garganta, resbalando por la piel, enfriando la brisa.

Sólo una copa bebiendo de los labios, de la boca directamente, sin despreciar una sola gota, enjuagando la saliva mezclándola con la bebida

Pequeños trozos de hielo entre los dientes pasándolos de boca a boca. Sensualidad.

Algún cubito en los labios ver como chorrea en la comisura, por la garganta. Gotea. Gotea y da sed verlo.

Dejarlo caer directamente a la boca,,,,,abierta acercarlo a los pezones,

los labios húmedos,

notar como sienten la cercanía del frío cerrar los ojos,

mengua el tamaño de la gota consumiéndose en su rastro sobre la piel,

apretar los labios a esos duros pezones y los cubitos dentro de la boca jugando alrededor de los labios dando vueltas a los pezones como peonzas.

Y sujetar el cuerpo en una quietud; sostener los espasmos para se concentrarlos, condensarlos en el vientre,

cubitos a manos llenas y poco a poco…… llevarlos hasta el sexo abrirlo, acercar la boca……y…. empujar con la lengua para que entren notar como el sexo se inunda

mientras se arquea el cuerpo en sensaciones q estallan

ver como se desparrama el agua mezclada con los fluidos

como se endurecen los muslos

saber que el hielo hace efecto en lo mas íntimo del sexo

y ser perseguido por el sexo anhelante

de sexo que entre como barra de fuego

cubierto de espumas

respiraciones entrecortadas.

4 LA CÓPULA

Encender la más intensa hoguera.

La hembra avanza sobre el cuerpo y su sexo marca cada parte de la piel, con el hielo que la llena y la hace temblar y el fuego que excita su ser de hembra.

Un camino iniciado en la base de la verga. Una promesa enloquecedora. Avance por el ombligo dejando ese rastro de espuma y hielo que enfriaría la brisa nocturna; hasta apoyarse en los pezones

dejar una profunda huella sobre ellos de fresco fuego

y avanzar hasta jugar con tu bigote, hasta q se salten las lágrimas del roce

y regresar por el cuerpo dejando un rastro simétrico

y tus manos apoyadas, crispadas de inmovilidad

la respiración entrecortada

cuando a horcajadas se acerca a la verga, palpitante.

Insinúa cubrirla cuando se inclina a llenar la mi boca con hielo y las manos armadas de cubitos amenazan con arde

acarician tu escroto

tu perineo obligándote a arquearte

retrocedo

hasta que mis pezones duros se apoyan en tus rodillas

y jadeas quedamente

son duras tus rodillas en mis pezones q sientes arder

empujo tus piernas y mi boca busca tus secretos

miras hacia arriba y contiene un grito cuando el hielo presiona tu ano

penetrando profundamente

llenándote de contracciones

al ver caer la cera sobre tu piel te saciare quiero inundarte

imaginar tu rostro contraído

expectante

y deseoso acerca tu piel a la mía

de sentir como convulsiono en ti en cada gota de cera….nos uniremos

absorbiendo hasta la ultima gota de tu cuerpo nos dejara enganchados en el placer

cabalgarte

abrir mi sexo y sentir ese ardor de la cera caliente deja caer tu saliva

y húmedos rodeando tu verga; tu verga muy húmeda de mis jugos

de mi hielo

y dejar caer la cera sobre nuestros sexos

en un jadeo estremecedor cubriendo gota a gota si, te dejare mi semen dentro de ti..lo notaras caliente, mezclado con tu sexo frío

mi clítoris y tu tronco contra mi sexo

en concentrada unión prieto con fuerza

y volver a cabalgarte

como caballo espoleado cabalga,…….mientras mis manos llevan un ritmo cada vez mas primitivo que entre por completo y que salga una y otra vez

y volver a retirarme desde el primer milímetro hasta el ultimo

hasta cubrir justo el glande mira como entra míralo

y permanecer así aprieta y empuja, quieta y mirándote, quieta, leyendo en ansia en tu rostro

y el deseo en tus ojos; notas sus latidos

sabes que puede explotar, cuando me ves tomar la vela en una mano

y el hielo en la otra

no explotarás porque es temprano aún prefiero cerrar los ojos

y sientes el hielo en tu verga recorriéndola arriba y abajo

preámbulo del ardor de la cera que nos volverá a unir.

NOTA: Todos los momentos podemos hacerlos auténticos.

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Archivado bajo Blanco, Dominación

Cazando en un “chat”

Viernes por la tarde. Juan acaba de salir de trabajar y no tiene planes para el fin de semana.

Llega a casa, una ducha, una cerveza y enciende el PC, aún con la toalla anudada a su cintura. Le excita conectarse así y decírselo a sus amigas del chat.

¡Diablos! Nadie en el notify. Debía haberlo imaginado, viernes por la tarde, la gente sale a la calle. Hunter (“cazador” es su nick habitual) rechaza deprimirse.

Hunter entra en los canales habituales y sólo encuentra algunos nicks conocidos, el resto, … El resto adolescentes en los cyber, ¡Cualquiera les aguanta! –Piensa- con sus ganas de probar los nuevos trucos de aspirante a hacker.

Inicia la desoladora práctica de ir saludando a cuanto nick femenino encuentra, con la esperanza de pasar un rato agradable.

H – Toc toc ¿se puede?

Los silencios y los noes resultan descorazonadores, de repente Claudia,  ¡Bonito nick! –sonríe para sí-, responde

C – Hola Hunter ¿Cómo estás?
H – Encantado de que respondas, no es habitual.
C – Yo respondo siempre
H – Pues me alegro. Creo que es la primera vez que te veo por aquí.
C – Si, no entro mucho, pero esta tarde estaba un poco aburrida.
H – ¿Aburrida un viernes por la tarde? ¿No sales?
C – Hoy estoy cuidando niños, y con lo que llueve, los tengo en casa viendo un vídeo.
H – ¡Vaya! ¿Dónde estás que llueve tanto?
C – ¿Tu no sales? Estoy en casa de mi ex Le hago de canguro hasta que vuelva esta noche.
H – Pues yo acabo de salir del curro, me he duchado y, … aquí estoy. Jajajaja aquí no llueve.
C – J
H – Me presentaré Juan, técnico, 40 años Oviedo.
C – Ahora lo haré yo J Pilar, psicóloga, Santander, pero ahora estoy en Gijón.
H – ¿Estás sola ahora?
C – Claro, ya te he dicho que mis hijos están viendo una peli y aún les queda al menos una hora.
H – ¿Te apetece jugar un poco?
C – Mmmmm ¿Es una proposición?
H – Sólo si te apetece
C – Claro que me apetece J
H – Dime cielo ¿Qué llevas puesto ahora?
C – Una blusa y un pantalón ¡hehehe! ¿y Tu?
H – Yo una toalla en la cintura J
C – ¿Sólo?
H – Sólo, se está muy fresquito así 😉
C – Y muy cómodo, imagino.
H – ¿Sabes lo que me gustaría ahora?
C – Dime
H – Estar detrás de ti, mirando la pantalla y soltar los botones de la blusa, para ver asomar tus pechos en tu lencería.
C – ¡Buuff! ¿Sabes? Y mi que estuvieras aquí, detrás de mi. Sentir tus ojos en mi piel y ese calorcillo.
H – ¡Hummmmm! Que bien suena eso
C – Sentirme deseada y que tu mano, me acariciara suavemente.
H – ¡Si! Mi mano rozaría la seda, sintiendo la curva de tus pechos en el dorso de los dedos
C – Inclinaría mi cabeza hacia atrás, ronroneando. Mis pezones se endurecen sólo de pensarlo.
H – ¿Sabes lo que me haría? Poco a poco, iría acercándome a tus pezones, hasta acariciarlos por encima de la tela y sentirlo duros y provocadores.
C – Apoyaría mi cabeza en tu vientre y sentiría como te vas endureciendo para mi.
H – Mis manos ya no aguantan más y liberan tus pechos del sujetador, acariciando los pezones ardientes con los pulgares.
C – ¡Diosssss! Cómo me estás poniendo cielo.
H – Los acariciaría una y otra vez, deslizando mi mano cada vez más abajo, buscando, …
C – Me dejaría hacer, y me movería un poco para facilitarte el camino.
H – Entonces, te tomaría por los codos y te ayudaría a levantarte, para poder acariciarte entera.
C – Me levantaría y seguirías acariciándome por detrás.
H – Si J Apoya tus manos en la pared, quiero poder disfrutar de tu cuerpo divino
* Claudia apoya sus manos en la pared y arquea su cuerpo, sintiendo a Hunter a lo largo de su espalda.
H – Así cielo, ahora apoyaría una mano en las tuyas y te besaría el cuello, mientras con la otra acaricio tu pecho, suelto el botón y la cremallera de tu pantalón
C – ¡Diossss! Cómo me estás poniendo sólo de imaginarlo.
H – Claro cielo, te mereces eso y más, corazón.
C – Yo me liberaría y me daría la vuelta para abrazarte, besarte despacio y sentir tu piel en la mía, mientras mis manos recorren tu espalda y mis pechos empujan los tuyos.
H – ¡Hummmm! Te llevaría hasta el sofá donde te abrazaría y e quitaría la camisa.
C – Y yo me inclinaría sobre aquello que tu toalla ya casi no tapa, lo tomaría entre mis manos y lo apretaría suavemente, hasta sentirlo palpitar y besarlo palpitante y caliente.
H – Me dejaría hacer J ¿sabes? Realmente me estoy excitando mucho, eres una mujer increible.
C – Pues no eres el único 😉 creo que tendré que tomar una ducha dentro de poco. Jajajajaja
H – Me gustaría oír tu voz, sería maravilloso.
C – A mí también me gustaría escuchar la tuya.
H – ¿Quieres que te llame?
C – De acuerdo … … …

Esta mujer es fantástica, que forma tan sensual de entregarse –pensó Juan mientras marcaba en su móvil el número indicado.

– Hola ¿Qué tal?
– Hola. Muy bien –Era una voz grave, susurrante, la que respondía a Juan-
– ¿Sabes? Estoy muy excitado, realmente me encantaría poder jugar contigo, me vas a volver loco.
– Jajajajaja –Una carcajada desenfadada y tranquila le respondió- Pues imagíname tomando una ducha en la – casa de mi ex. A ver como lo explico.
– Bueno, supongo que no tienen por qué pillarte.
– Tranquilo, me ducharé esta noche en el hotel, sólo estoy de paso. He venido a visitar a los niños y me ha pedido si me los quedaba esta tarde, mientras acudía a su cita. Mañana es cuando me toca realmente cuidar niños.
– ¿Entonces es verdad que estás separada?
– Claro ¡Ya te lo dije!
– Si, pero imaginé que podría ser un farol, de los muchos que se dicen por aquí.
– Pues nada de eso.
– ¿Sabes? Me encantaría conocerte 😉 y poder estar más tranquilos.
– Y a mí también.
– Pues si te parece, podemos quedar para mañana sábado.
– Suena muy bien eso de encontrarnos mañana por la noche.
– Me apetece mucho cielo.
– Ahora tengo que dejarte, se está terminando la película y los niños tienen que cenar.
– Entonces cielo quedamos para el sábado. ¿De acuerdo?
– Llámame mañana por la tarde. Podemos quedar para cenar.
– Perfecto cielo. Te llamaré. Hasta mañana. Un Beso.
– Un beso cielo. Hasta mañana.

Juan no se lo podía creer. De pronto, un fin de semana que amenazaba con ser aburrido y gris estaba a punto de arreglarse, gracias a Pilar. Deseaba conocerla, verla, oír su voz sensual.

Su mente vagabundeaba haciendo planes para el día siguiente, mientras se tomaba un tentenpie en la cocina. Mañana –pensaba- ¿Y por qué no hoy?

En ese momento sonó su móvil. Miró la pantalla y ¡Era ella!

-Hola ¿Me recuerdas? Soy Pilar, alias Claudia, jajajajajaja.

Su risa sonaba, inolvidable

-Claro que te recuerdo cielo ¿Cómo olvidarte?
-Mira he pensado ¿Por qué no hoy?

¡Diosss! Eso mismo estaba dando vueltas y vueltas en su cabeza hasta hacía apenas un momento. ¡Que casualidad! –pensó Juan-

– ¿Sabes? Estaba pensando precisamente en eso ¿Por qué no hoy?
– Entonces no se hable más, vente a Gijón y cenamos juntos.
– Perfecto, me preparo y estoy allí en una hora.
– Entonces te espero en el hotel La Casona de Jovellanos ¿Conoces?, Preguntas por mí en recepción y bajo. – Así me da tiempo a prepararme un poco.
– Allí estaré cielo. Un beso.
– Un beso. Hasta luego.

Juan se vistió de prisa. La Casona de Jovellanos, era un lugar precioso, cerca de la playa. Lo conocía de sobra, así que no le costó mucho esfuerzo llegar.

En recepción se dio cuenta de que no sabía el apellido de Pilar y preguntar por ella le resultaba muy violento, así que se acercó al mostrador, sin saber por dónde empezar, cuando la vió.

Pilar estaba sentada en una de las butacas, vestía un elegante abrigo beige, sobre una blusa de semitransparente negra que contrastaba con sus ojos claros y sonrientes, que no dejaban de mirarle.

Cambió la dirección y se dirigió hacia ella

– Perdona ¿Eres Pilar?
– Si Juan, soy Pilar –dijo sonriendo y levantándose para saludarle-
– Menos mal que estás aquí, no sabía cómo iba a preguntar por ti en recepción.
– Jajajajaja –Otra vez esa risa que lo cautivaba- De pronto recordé que no te había dicho mi apellido, así que decidí esperarte abajo.
– Eres un cielo, estás en todo –sonrió Juan-
– ¿Y esa cena? Estoy hambrienta

Salieron del hotel buscando un lugar donde hacerse confidencias y conocerse ante una buena cena, que encontraron sin dificultad frente a la Playa de San Lorenzo. La noche estaba resultando perfecta y el vino les iba animando aún más.

Sus manos se buscaban sobre la mesa y tras los postres, decidieron regresar al hotel paseando por la Playa. Juan llevaba a Pilar por la cintura y sentía su cuerpo pegado al suyo. El pelo le rozaba la mejilla y su cabeza apoyada en el hombro le hacía el más feliz de los mortales.

Cada pocos pasos se detenían para abrazarse y podía recorrer su cuerpo bajo el abrigo, descubriendo formas y gestos irresistibles.

Sin pasar por recepción, subieron directamente a la habitación de Pilar, donde dejaron los abrigos en el suelo, para caer en los brazos.

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Piel

Jon estaba inquieto, hacía días que ella no se conectaba y no se atrevía a telefonearla. Su vida se estaba volviendo gris. No respondía a sus correos, sus fantasías habían a empezado a volverse repetitivas …. Ella.

Esa noche la buscó, como siempre …. El notify no pitaba, impaciente, aburrido. Un privado. ¿A él? ¡Cielos! No desea encontrarse con nadie, sólo ella puede saciar su sed.

Ella guiaba sus fantasía. Al principio se hizo el duro. Ella era dulce, entregada y eso le permitía sentirse resguardado. Resguardado de …. de esas cosas que empezaban a surgir en él y que ahora le dolían.

Ese privado,. ¡Era ella! ¡¡¡¡¡¡Por fin!!!!! Sus temores se disolvieron de inmediato. Ella estaba allí y lo demás no importaba nada.

Hablaron al principio deprisa, luego, poco a poco, afloró la calma. A ella se lo impedía su trabajo: Un viaje imprevisto.

Había llegado el momento de hacer aflorar sus sentimientos más secretos, más allá del deseo y la entrega en el chat.

Jon sabía que en esa espera, algo le había ocurrido, algo increíble. Había descubierto cuanto necesitaba encontrarla cada noche, y compartir sueños, y cargarse las pilas para el día siguiente.

Vivían en la misma ciudad. 5 Millones de habitantes que les separaban y les unían y que esta noche dejaron de separarlos. Había demasiadas cosas contenidas que les arrastraron a encontrarse.

Ahora, apenas una mesa les separaba y un camarero de blanco. Sus cuerpos se estremecían. No respondían a las palabras.

Jon alargó su mano y sus dedos apenas rozaron los de ella. Una sacudida les electrizó.

Entre ambos, junto a las tazas de café estaban sus sueños.

Ella agarró la mano de él y dijo -vamos- No era una sugerencia, era una orden era su deseo.

En el ascensor sus manos crispadas, blanqueaban sus nudillos, sólo el conserje podía ser testigo pero ….

La mano le temblaba cuando introdujo la tarjeta.

En la habitación, cara a cara, Jon sintió que al fín podría ser suya. Alargó su brazo, apenas rozó su cabello y sintió como ella se estremecía.

Se miraban de frente, eran dos desconocidos, que se sabían por dentro. Sin hablar – sus ojos se encontraron. Se sostenían el uno al otro para no desfallecer de deseo

Apenas se atrevían a tocarse, cuando sus labios se encontraron. Un roce, un aleteo, respirando el aire cálido y perfumado.

Afloró la pasión entregándose a un abrazo que los fundía. Ahora, los brazos rápidos les desnudaban, necesitaban sentirse, rozarse, que sus pieles se fundieran en un abrazo sin fin.

A sus pies quedaron las ropas arrugadas, mientras se regalaban el uno al otro todas las promesas que se habían hecho en el chat.

Ella había conseguido mantequilla y canela

Jon quedó tumbado sobre la cama, sus ojos cerrados le devolvían ante la pantalla del pc. La oía moverse por la habitación, no se atrevía a mirar y su deseo era evidente.

La cama se movió cuando ella subió. La sintió sobre él, su calor.

Jon sintió una caricia en sus pezones que se contrajeron de inmediato, más oscuros y más duros de como jamás recordara. Sus pezones eran tocados, acariciados y sobados una y otra vez. El olor de la mantequilla le hizo sonreír, no se lo imaginaba, ese juego era nuevo y se preparaba a disfrutarlo, como otras veces.

Ahora, era un dedo el que corría por su vientre, desde el ombligo bajaba hasta su pubis. Apenas pudo reprimir un gemido en la garganta, cuando fue su glande el que sintió acariciar.

Ella espolvoreó canela en sus pezones, en el vientre, en su pene. Marcando una pista aromática y excitante que le inundaba sus sentidos.

Los dientes de ella tropezaron con el botón más sensible de su pezón izquierdo dejándolo resbalar entre ellos, mientras una lengua juguetona saboreaba la dulce y excitante canela.

Jon se sentía explotar. Explotar de imaginar la ruta que Ella, su adorada Ella había trazado sobre su cuerpo.

Ella acarició los costados de Jon, haciendo que su cuerpo se arqueara, como una guitarra al sentirla.

Ahora, su boca golosa paseó, impúdica por la ruta del vientre.

Sus cuerpos exhalaban un perfume de deseo que los embriagaba

Una gota afloró sobre su glande y Ella la besó, succionándola suavemente.

Jon echó la cabeza hacia atrás buscando un aire que mitigara su deseo. Su cuerpo se contrajo, cuando las manos de ella acariciaron sus huevos, deslizándolos sobre ella, como si fueran esas bolas chinas, una y otra vez

El deseo era incontenible. Se irguió y la abrazó, cayendo ambos sobre la cama.

Ella abrió sus muslos, húmedos, como una certeza y sintió su sexo cálido y poderoso frente al suyo. Adelantó las caderas para recibirle mientras Jon, apenas rozaba la verga sobre su sexo, sin entrar.

Ella apoyó sus pies en la cama, haciéndole resbalar en sus entrañas ¡¡al fin era suyo!! realmente suyo sintiéndole dentro una y otra vez.

Jon bebía en los pechos de Ella, provocando oleadas de placer que la hacían palpitar. Las embestidas largas y profundas de Jon la llevaban en un galope sin rumbo que desvanecían el entorno. Sólo sus propios latidos y el impacto de Jon.

Sus respiraciones eran frenéticas, el compás lo marcaba cada embestida. Ella se contrajo sobre Jon. Su carne en sus entrañas y convulsionó y les inundaron sus flujos.

El tiempo se detuvo y la piel dejó de separarlos.

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