Clara se divierte

El sol se colaba, blanco, brillante y jugaba en las arrugas de las sábanas que apenas cubrían en cuerpo de Clara. Se despertaba despacio, jugando aún con los sueños. Remoloneando mientras pensaba la ropa que iba a ponerse, el programa del día. Desperezándose, dejando que el sueño fuera retirándose de sus párpados.

Con los ojos aún cerrados, sintió la presencia de Marc, su perfume suave a jabón y aftershave la hizo sonreír estirándose golosa. Rodó en la cama, se apoyó sobre los codos y abrió los ojos viéndole desnudo, sonriente, ofreciéndole una perfumada rosa blanca y sosteniendo una exquisita bandeja preparada con el zumo.

– Buenos días mi reina ¿Cómo estás? .-Saludó encantado-.
– Hola cielo -Respondió hundiendo su nariz en la rosa y embriagándose con su perfume, mientras Marc abría las cortinas.-

Bebió el zumo y Marc le ofreció un cigarrillo que encendió saboreando el humo. El aroma se mezcló con el del café recién hecho. Sentada sobre la cama, el café dulce y caliente, retiraba los últimos jirones de sueño.

– ¡Hmmm! Vamos .-Indicó a Marc-.

Clara se levantó y mostró su desnudez al sol, disfrutándose ante el espejo, cuando se dirigió al aseo Marc, la adoraba y verla satisfecha lo llenaba de placer. La siguió; sabía lo que tenía que hacer.

En la camilla, le aplicó un vitalizante masaje, despertando los músculos bajo la piel. Luego, Clara se sentó, abrió sus piernas y se entregó al placer se ser rasurada por su fiel siervo, cuya delicadeza le excitaba.

La brocha extendió el jabón entre sus piernas, cubriendo el vello por completo. Clara se contrajo un instante. Las manos largas de Marc, comenzaron a Tensar la piel y deslizar firme y suavemente la navaja, desde las ingles hasta los labios, retirando la espuma y con ella el vello. dejando un rastro de tersa suavidad tras cada pasada.

Marc contenía la respiración, controlando su deseo, por aquel cuerpo que lo enloquecía, por aquella mujer a la que adoraba y que era feliz por servir en sus más íntimos caprichos El aroma a hembra de Clara, mezclado con el del jabón lo excitaba sin remedio. Cuidadosamente iba afeitando los más recónditos pliegues.

Poco después, el pubis presentaba un vello ensortijado y delineado en la anchura de los labios, que surgen suaves y abultados, ocultando su rosado y húmedo secreto. Marc sonrió satisfecho.

Clara estiró una pierna, y la apoyó sobre su hombro, él se inclinó y se aplicó a lamer aquel sexo húmedo sobre el que había trabajado, comprobando la eficacia del afeitado y bebiendo las gotas de placer que provocaba, Mojándolo una y otra vez con su lengua, hasta que la respiración de Clara se hizo jadeante. Entonces, sus labios buscaron el clítoris, lo succionaron y apoyó firmemente la lengua sobre él, provocando un violento orgasmo.

Bostezó y comenzó a acariciar suavemente su coño, extendiendo la humedad y recuperando el aliento, Los ojos semi cerrados y una sonrisa de placer. La rutina matinal  continuaba. Ahora Marc se masturbaba frente a ella y estaba a punto de verter su leche sobre su vientre. El rostro crispado y congestionado, le indicaron que estaba a punto de vaciarse y Clara se estiró para recibir el contacto cálido y untuoso en su piel.

Marc masajeó el vientre y los pechos haciendo penetrar, profundamente, su leche. No había mejor crema regenerativa que aquella y era su secreto. Cosmética del sexo solía llamarlo Clara con un guiño de complicidad.

Ahora estaba lista para ducharse. El agua resbalaba por su cuerpo, despertándola completamente; dando entrada a la jornada que acababa de empezar.

Cogió su coche y salió a buscar a su capricho. Le había llamado el día anterior y en unas horas estará allí. Lo deseaba y tenía muchas ganas de comprobar el estado de las anillas que la quincena anterior había hecho instalar en sus pezones. Aún recordaba el gesto de dolor y entrega que brilló en su rostro con cada perforación, haciéndola que se estremecieran sus entrañas con cada gemido.

Allí estaba él, junto a su bolsa, mientras docenas de pasajeros pasaban a su lado como insectos. Detuvo el coche y él abrió la puerta. Una oleada de deseo le hizo enrojecer.

– ¡Toy!
– Hola. -Saludó sonriendo .-
– ¿Cómo estás cielo? ¿Que tal la semana?
– ¡Uff! Por fin termina, he trabajado como un esclavo.-
– ¿Si? – Sonrió Clara maliciosamente –
– Ya, -Sonrió- otro tipo de esclavitud, rió suavemente.
– Pues ya puedes recuperarte rápido, te reservo una sorpresa -Dijo Clara mientras arrancaba y se sumergía en el espeso tráfico de la mañana-.
– Ya casi estoy listo .- Alardeó sacando pecho. La sombra de sus pezones bajo la camisa no pasó desapercibida para su dueña-.

Clara detuvo el coche ante un semáforo y se volvió hacia Toy, inclinándose para abrir la guantera del salpicadero. Sacó una cadenilla, rematada en pequeños mosquetones y la exhibió sonriendo. Toy se estremeció de placer.

– Ábrete la camisa. – Ordenó –

Toy obedeció sin dudar y contrajo todos sus músculos al sentir la leve tracción sobre sus anillas y el frío de la cadena, en su piel.

El semáforo se puso en verde y la vibración del motor la sentía en sus pezones, provocándole una erección. El rubor cubrió sus mejillas hasta su cuello, sin remedio.

Pronto salieron a la autopista que los sacó del tumulto, acercándolos hacia la tranquila residencia de Clara.El silencio estallaba en sus oídos, tras la música.

Entró en la finca y detuvo el coche frente al porche. La brisa jugó con su falda y se enredó en el pelo cuando bajó del coche. El perfume salado la hizo sonreír.

– Te espero en el gimnasio.

El gimnasio era una gran habitación, una de cuyas paredes era totalmente de cristal y se asomaba sobre el acantilado. La luz entraba a raudales y se reflejaba en los grandes espejos. Toy entrecerró los ojos y se acercó al ventanal, que le reflejó la erección que se había producido al desnudarse. El contacto de la cadena en su pecho y la cinta le producían un excitante vértigo. La presencia de su Ama.

La butaca de mimbre, con su alto respaldo redondo como la cola de un pavo real la acogía mientras humeaba un aromático cigarrillo y apuraba un refresco.

Toy cayó de rodillas y gateó hasta su Ama besando y lamiendo aquellos pies que adoraba. Delicadamente, dedo a dedo, sintiendo la suave textura del esmalte que enrojecía como rubíes engarzados en los dedos.

La fusta resbaló por su espalda erizándola. Clara sonreía ante los rosados pezones que se alargaban por la cadena. Apoyó la fusta en ella y presionó hacia abajo, provocando un gemido.

– ¡Hmmm! ¿Te duele? -Preguntó en un susurro-.
– No mi Dueña – Respondió roncamente, estallando una oleada de placer en su cuerpo.-
– Me alegro cielo, tengo muchas ganas de jugar contigo.
– Si Ama.

Clara se puso de pie y tiró de la correa, trabada con la fusta, haciendo que gateara tras de ella. Lo condujo hasta el bastidor en forma de cruz de aspa que ocupaba el centro de la habitación.

Apoyando la fusta en el pecho le indicó que se levantara y le mostró el aspa. Tomó un cordel de algodón. Cogió la muñeca de Toy y la ató a una de las aspas, mientras besaba casi sin tocar el rostro del siervo que no osaba moverse, sólo su polla palpitaba contra en vientre de Clara y el calor los invadía, encendiéndoles las entrañas.

Se arrodilló ante Toy para asegurar los tobillos y alzó de pronto su cabeza, enfrentando sus labios a la verga erguida, soplando quedamente, antes de acariciarla un poco.

Toy temblaba incontroladamente, apoyándose en el bastidor para sostenerse. Cerró los ojos cuando ella se alejó, recuperando el aliento. Su verga estaba a punto de explotar, pero no podía hacerlo.

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

 

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