Roberto

Los sonidos le llegaban amortiguados a través de la máscara. Veía con gran dificultad y la perspectiva se le antojaba vertiginosa. Las patas de los muebles que se alzaban hacia el techo, la colcha de la cama y su figura reflejada en el espejo, irreconocible tras el pvc q lo ocultaba. Un impulso de placer fue detenido por el cruel ingenio que atenazaba su pene.

Se empeñaba en concentrarse en el chapoteo de la ducha, para no sucumbir a sus pensamientos que lo arrastraban en una extraña mezcla, aún no decantada. Ella había entrado en el baño, la había oído alejarse y cerrar la puerta y ahora ….

Empezaba a pesarle la inmovilidad. Agitó los dedos de los pies mientras las ideas se arremolinaban en su cabeza. La había conocido, la había visto cara a cara, más sugestiva, más incitante de lo que nunca había imaginado y a la vez cercana, cotidiana. Le sorprendía ver a la musa de sus sueños tan asequible y tan poderosa. Los gestos más inocentes cobraban un sentido especial, las sonrisas, las miradas, el jugueteo con su pelo que ponía una trama de claroscuros a su cara.

La reconoció al instante. Verla acercarse entre la multitud, le provocó una erección. Alta, delgada hasta la fragilidad, resultaba sensual en su elegante traje de chaqueta. Las finas sandalias de tacón de aguja lo hipnotizaron. Sus ojos dulces y sonrientes le devolvieron a la realidad.

– Hola Roberto ¿Cómo estás?

– Saludó besándole en ambas mejillas –

– Bien, gracias – Respondió, mientras sentía flotar en su perfume

– ¿Y Vd.? ¿Que tal el viaje? ¿Qué desea tomar?

– Perfectamente cielo. Menta helada, por favor. – Dijo encaramándose a la banqueta, balanceando sus pies, ante Roberto que tragó saliva.-

Luego, todo había ocurrido deprisa. La conversación había sido amable y relajada sobre el día a día, el trabajo, los proyectos …. Hasta llegar al hotel, donde sus manos entrelazadas les habían sostenido un instante antes de convertirse en Ama y esclavo.

Cuidadosamente había sacado y ordenado los juguetes que, en las últimas semanas, había ido adquiriendo de mil formas, colocándolos sobre la mesa.

Un gesto de Ella le indicó que se desnudase y lo hizo, postrándose a continuación, temblando de anticipación y deseo. Había sentido sus manos frescas acariciar su piel y, entre caricias, aprisionarle con cada instrumento.     Primero fue el collar, que Ella misma había elaborado con cuero flexible y su nombre grabado, acompañado de un largo y profundo beso. Luego las pinzas de los pezones y sintió los dientes de ella resbalar por el lóbulo de su oreja. Aún sentía la tersura de su piel y el leve roce contra su verga. Luego el anillo de cruelmente sujetaba su polla, impidiendo cualquier erección y sus manos lo torturaron acariciando suavemente sus huevos. Cuando le introdujo el dildo que lo invadía, no pudo evitar sentirse humillado, su deseo palpitó prisionero y empezó a saborear la arrolladora mezcla de dolor y placer. Sólo era el principio.

Ahora, volvía a sentir cada contacto, y había cesado el ruido del agua, apenas distinguía los sonidos. Cada prenda que recibía le hacía sentirse más desnudo, más indefenso, más entregado. Las correas atenazaban sus tobillos y sus muñecas. Surgieron los primeros arrebatos de rebeldía, que sucumbían a la ternura de cada gesto.   La mordaza ahogó un gemido, pero su boca lo llenó de placer, obligándole a  abandonarse, a dejarse hacer, sólo a sentir. Los labios recorrían su rostro, deteniéndose en los párpados, las sienes, mientras los dedos que ajustaban las hebillas, acariciaban su nuca. Tiernamente estaba siendo desposeído. La máscara cubrió su rostro. Sus sentidos se agudizaron y las sensaciones adquirían nueva intensidad y dimensión.

Sintió abrirse una puerta y percibió el sutil y perfumado halo tras la ducha.

-¿Que planes tendría para él?- Confiaba plenamente en ella, habían hablado e imaginado cientos de situaciones excitantes, pero Ella siempre conseguía sorprenderle y ello le fascinaba.

– Espérame gatito – Fue lo último que oyó antes de cerrarse la puerta de la habitación.

La desolación comenzó a invadirle, agudizando su deseo. El tiempo se detuvo y sólo las imágenes de los recuerdos, las voces y las sensaciones lo llenaban. Temía que algún empleado entrase y lo sorprendiese, pero su mayor temor estaba que Ella no volviese. Su erección contenida, se mantenía.

Se concentró en algo que Ella le había dicho y que le hizo sonreír. Debía susurrarle al hablar y el mero hecho de ponerlo en práctica le excitaba.

La puerta se abrió con un chasquido No sabía el tiempo transcurrido, una breve eternidad. Pasos, movimiento a su alrededor que no lograba identificar. Unos dedos ágiles liberaron sus pezones y los masajearon reanimándolos. Al soltar la anilla de su polla, ésta palpitó llenándose de inmediato. Sintió una boca que lo lamía y succionaba, acariciándole hasta hacerle arder. Se contuvo, pero no pudo evitar alzar las caderas, a pesar del la tensión de sus hombros.

¿Su Ama? ¿En manos de quien estaba? A penas encontraba respuesta a sus dudas, pues las sensaciones le llegaban sin interrupción, arrastrándole en un torbellino de placer.

Unos dedos soltaron los cierres de la máscara, liberándole. Abrió los ojos y la vio, desnuda sobre él, sonriente y sonrió reconfortado. Era ella quien lo abrazaba. Nunca la había visto así, sus pechos pequeños de pezones prominentes y oscuros, los huesos dibujándose bajo la piel, la cintura cimbreante y el ombligo sobre su vientre plano. La misma sensación de poder y fragilidad, despertaba sus deseos más profundo. Su polla palpitó y sintió la calidez de las nalgas de ella, aprisionándola.

Liberó sus extremidades y lo ayudó a incorporarse. Se puso detrás de él y lo abrazó, amasando los maltrechos pezones, perfilando los bien dibujados músculos de su pecho, mientras besuqueaba su cuello y susurraba al oído   – Serás mi pony, querido –

Aumentó la presión del dildo al sentarse, pero no se atrevió a moverse, estando entre los brazos de su amazona. Sus gemidos quedaban ahogados por la mordaza y sólo podía expresarse con miradas que captaban la atención de Ella.

A cuatro patas, se miró de reojo en el gran espejo. la mordaza sujetaba las bridas que portaba su Ama. La vio alzar la pierna y al sentarse en su espalda.

– Vamos cielo, ¡Arre! – Ordenó en un susurro, mientras los tacones de sus sandalias aguijoneaban sus nalgas.     Roberto no se pudo contener e inició un suave caminar, con un ondulante contoneo que se transmitía al cuerpo de su Dueña.

La cabeza erguida por la brida sujeta a su mordaza, le otorgaba una dignidad inaudita en un siervo, que satisfacía plenamente a su dueña. a juzgar por la sonrisa que lucía en el reflejo de los espejos que decoraban la habitación.

Se sintió feliz y continuó con el paseo, obedeciendo ciegamente y excitado por ello. Un tirón de las riendas lo hizo detenerse. Ella descendió y lo liberó de la mordaza.

– Te mereces un premio.

Roberto era feliz al oírlo y, cuando fue liberado, abrazó a su Dueña tiernamente, besándola apasionadamente, sintiendo sus menudos pechos apretados contra él, las caderas contra su vientre, acariciando su piel, impregnándose de ese cuerpo ondulante que tanto deseaba y que respondía a sus gestos y caricias acoplándose en cada curva, en cada balanceo con una coordinación sorprendente.

Las manos recorrían la espalda hasta encontrar las nalgas que aprisionaban y atraían contra sí. Su verga acariciada por los muslos, insinuante preludio de oscuras humedades palpitaba deseosa. Las bocas se buscaban sintió su cuerpo abrazado por las piernas de ella que lo ceñían, dirigiendo su polla, desde el vientre al húmedo sexo donde se hundió irremediablemente.

Embistió como si de ello dependiera su vida y respiraban el mismo aire, alientos perfumados de deseo y jadeos. Ella se balanceaba recibiéndole, llenándose e instándole a seguir sin pausa. Ritmo frenético que los arrastraba. Las pieles brillantes y el crescendo los llevó a la entrega mutua, al éxtasis palpitante.

Recuperaron el aliento y la consciencia despacio, sin osar separarse, entre gemidos hasta que pudieron verse los ojos y sonreír.

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1 comentario

Archivado bajo BDSM, Dominación, Femdom, FemDom

Una respuesta a “Roberto

  1. minotauro

    simplemente sublime, señora!

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