Archivo mensual: febrero 2011

En Barcelona

 

Cara de mujer pensativa

Justo antes de empezar

Ultimaba los preparativos para la fiesta a la que había sido invitada. Un grupo selecto de amigos, tras la cena de rigor, se retirarían a un local cerrado en exclusiva para ellos.

 

Disfrutaba de la pequeña provocación que suponían esas reuniones, cuando los veían vestidos de riguroso negro y espiaban las chocantes actitudes en situaciones cotidianas. Era una etiqueta diferente, apenas distinguible en la discreta elegancia de los practicantes, sugestiva para los no iniciados y con claves propias. Resultaba divertido y muy estimulante ese doble lenguaje, en apariencia normal y cargado de sentidos, donde las personas seguían siendo personas y todas sus pasiones estaban presentes.

El escotado vestido negro sobre la cama, quizás algo llamativo, sería compensado por el austero abrigo de gasa negra que aportaría veladas transparencias. el pañuelo de encaje, también negro, dispuesto para ser anudado en su muñeca izquierda indicaría su condición en la D/s. Sonrió pensando en las dudas que provocaría y y las miradas de complicidad que atraería.

La ropa interior, las medias de cristal, rematadas en blonda. Sólo el calzado sugería dudas ¿Las altas botas de fino cuero negro con tacón de aguja y pulsera en el tobillo o los elegantes botines terminados en fino pelo negro? Las botas, sin duda eran más sugestivas y causarían estragos entre los eternos enamorados de sus pies, sin embargo los botines, además de más cómodos eran tan originales que causarían impresión.

Se decidió por los botines. Sólo quedaba elegir el perfume y estaría lista para prepararse y esperar a su esclavo. Sería su presentación oficial. Había ideado algo y deseaba que fuera todo un éxito. Deseaba impresionar y estaba segura de conseguirlo. Su afición al gimnasio y su dulzura despertarían afectos en cuantos lo viesen; perfectamente educado y con un cuerpo tan atractivo que los enloquecería

Un par de golpecitos en la puerta le indicaron q Roberto estaba allí. Se le veía tenso. Un brillo en los ojos demostraba su deseo y su sonrisa era tan resplandeciente como siempre.

– Hola cielo ¿Cómo estás? – Saludó besándole muy cerca de la boca.
– Bien, gracias. – Respondió abrazándola –
– ¿Preocupado?
– Un Poco.
– Tranquilo, ven – Dijo Pilar deslizando su brazo por la cintura – Te reservo una sorpresa.

Roberto se dejó hacer. sentía la seda de la bata de Pilar, que lo envolvía y se perdía sonriente en los ojos de su Ama. Saber que sería presentado, le llenaba de inquietud y esperaba impaciente la sorpresa que le reservaba.

Vio la ropa extendida sobre la cama y su verga palpitó excitada. Pilar lo abrazó con fuerza y pudo sentirla, desnuda bajo la bata. Se besaron deseoso y sintió la mano fresca deslizarse por su vientre, hasta acariciar su polla endurecida. Sus huevos se contrajeron y un firme tirón de su pezón le aguijoneó.

Empujado sobre el otro lado de la cama, cayó de espaldas y fue cubierto por Pilar que lo arrastró en un torbellino de deseo cabalgando frenética sobre él. Entre besos, ella le susurraba dulces palabras al oído que le extasiaban, disolvían sus dudas y le embrujaban sin remedio, respondiendo apasionadamente.

Saciados, entre besos, recuperaron los alientos.

– Ahora gatito, vamos a la ducha, que aún no has visto la sorpresa -Informó Pilar con un guiño malicioso-

En la ducha, acariciar el cuerpo de su Dueña y sentir mimado el suyo volvió a excitarle. Los abundantes chorros de agua caliente y el suave perfume del jabón les aislaban en un paraíso de húmedas caricias donde vaciarse palpitando otra vez.

Satisfechos, terminaron los higiénicos enjuagues, listos para prepararse y afrontar la estimulante prueba de la fiesta de presentación.

Desnudo, ayudó a vestir a su Dueña, controlando el temblor de manos que amenazaba su eficacia en las situaciones mas delicadas. La blonda de las medias era un auténtico suplicio, pues se resistía a enderezarse, mientras sus sentidos se llenaban de los secretos aroma de Pilar. Ya le estaba vedado cualquier placer fuera del servicio y ello le excitaba.

Elegante, austera, con el cabello recogido y algunos mechones sueltos enmarcando su rostro, le miró sonriente.

– Ahora te toca a ti cielo.

La puerta del armario ocultaba una camisa negra, pantalón del mismo color, zapatos y un largo abrigo. En lugar de ropa interior, había un complejo cinturón de castidad, que evitaba la erección porque ceñía la verga y tenía un dildo que penetraría su ano. La cincha de cuero que ceñía la verga, disponía de una argolla superior.  Un fino collar de cuero negro, con una chapa grabada con su nombre y una argolla, así como dos cadenas completaban el ajuar. Echó de menos los calcetines.

Pilar dispuso las prendas en su cuerpo, ajustando delicadamente las hebillas, sonriendo. El dildo, convenientemente lubricado, se deslizó en su interior sin dolor, provocando una extraña sensación de placer y humillación. La erección fue abortada por el cinturón y se sintió muy desnudo. Luego, ella tomó una de las cadenas y ajustó los mosquetones a las argollas del cinturón y del collar. Roberto se estremeció al sentir la frialdad del metal

– Termina de vestirte, cielo -Ordenó Pilar.-

Roberto obedeció. Sentía el roce de la ropa sobre su piel. Estaba irresistible cuando, ya vestido, sostuvo el largo abrigo negro en el que se introdujo Pilar con un revuelo de perfume y gasa que le devolvió a la normalidad.

Descaradamente, Pilar se guardó la otra cadena en el bolsillo y miró maliciosamente a Roberto, que sonrió compungido y excitado.

Salieron del hotel y el viento hacía volar los largos abrigos. Largas zancadas los acercaron al borde de la acera, donde Roberto paró un taxi que los condujo al restaurante.

Muchos invitados ya habían llegado y era la hora de las presentaciones. Nadie conocía a Roberto y estaban ansiosos de hacerlo. Las presentaciones cordiales, sostenían agudos juegos de miradas escrutadoras, valorativas. Secretos retos sin declarar, bajo sonrisas y agudos comentarios incluso cercanos a las mordacidad.

Roberto se desenvolvía con naturalidad y su espontánea amabilidad y carácter abierto lo convirtió en el centro de atención. Sus ojos verdes, brillaban en el rostro moreno, enmarcado por por rubios mechones que le daban un aire aniñado y dulce.  No perdía detalle del seductor despliegue que, en torno a él, sutilmente se tramaba. Su atractivo era innegable y se esforzaba por compaginar la devoción por su Dueña y agradar a los asistentes.

La cena se desarrolló con tranquilidad entre conversaciones y chistes, referidos tanto a los comensales, como a alguno de los camareros que se prestó seducido por las insinuaciones de alguna de ellos. La argolla de su verga le recordaba constantemente su situación y era un dulce suplicio al q no se resistía.

La despedida de los no asistentes a la fiesta fue breve y, cuando abordaron el taxi que los condujo al local de la fiesta, una íntima complicidad le unió a su Dueña.

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