Archivo mensual: marzo 2010

En la mazmorra

Se conocieron en uno de esos canales temáticos. El le abrió cientos de privados antes de merecer una atención, más allá de los saludos de rigor. Sin embargo, un día Ella aceptó adiestrarlo. Melómano, inteligente, vivaz y sensual la sedujeron. Un toque de rebeldía encubría un alma de Amo que buscaba conocer  el poder de una Domina.

Iniciaron un un pequeño y estimulante juego que les hizo temblar. Un pálpito que entorpecía sus dedos. Un juego de fantasía y de placer que descubrió sus cuerpos enervando hasta el último pelo.

Imaginaban situaciones donde acariciarse y estimularse hasta es dolor, conociendo ritmos y alternando gestos hasta que sus cuerpos temblaban ante la pantalla que los acercaba. Imaginaron distintas escenas. nuevos contextos, pero sus cuerpos siempre respondían con la misma intensidad a las palabras de la pantalla.

Se oyeron gemir y sus entrañas se contrajeron al sentir como el otro llegaba, junto a su oído, al otro lado del teléfono, entre jadeos y suspiros. Entre los juegos, fueron fraguando una complicidad íntima y poderosa que les alentaba.

Un día concertaron una cita y las horas previas fueron un infierno.   Se habían sentido con fuerza tantas veces que la espera hasta el encuentro fue una tortura. Una cafetería los acogió y al verse quedaron paralizados. El tiempo se detuvo, en un puzzle de recuerdos y sensaciones que se ordenaba con los que entonces se veían, paralizándolos.

Un paso los hizo encontrarse y al besarse en las mejillas una corriente los electrizó, transportándoles un instante a la intimidad de la pantalla.

En la barra del bar, el café les enfrió. ¿Qué decir? ¿Por dónde empezar? El diálogo salía a borbotones y se atascaba otra vez, invadiéndoles el no saber.

Un juego de miradas. Una tensión de silencios. Ella sonríe, lo mira intensamente por encima de la taza y él baja la mirada. Se acaba de producir el milagro que los ha llevado otra vez a sus juegos del chat. El puzzle encaja a la perfección.

Se dirigen a un lugar de ambiente. En el asiento trasero del taxi, sus manos entrelazadas blanquean los nudillos hasta causarles dolor, diciéndose sin palabras, todas las cosas que llevan meses compartiendo.

Al detenerse el taxi, él abona la carrera, mientras ella desciende y sube a la acera. Él baja del taxi y descubre las altas botas de ella, que brillan bajo el abrigo. No puede apartar sus ojos de las botas, que hasta ese momento le habían parecido inocuas, pero ahora lo magnetizan.

Aún siente el aroma de ella que había impregnado el taxi y se siente más embrujado que nunca. Abre la puerta del local, franqueándole el paso.

En la pequeña recepción enmoquetada, Ella le mira a los ojos y pasea su mirada por todo el cuerpo, casi acariciándole. Con un leve gesto de la cabeza, le indica que pase a uno de los camerinos.

Él sabe, sin que nadie se lo diga, que debe desnudarse y esa certeza hace que le de un vuelco sus entrañas. El pequeño camerino, apenas una cabina, acoge sus prendas y su alma, sintiéndose vacío, desposeído y entregado en cada gesto. Es la hora de la verdad, con la que tanto había soñado  y que ahora le aterra. Desnudo detrás de la cortina, apenas se atreve a salir, pero tampoco puede quedarse. Sólo le acompaña el amuleto que discretamente proclama su pertenencia a Ella, un pequeño aro negro en su meñique.

Al fin, hace acopio de valor, toca el negro anillo,  respira hondo y abre la cortina. Ella está frente a él.  Seria, bellísima con su maquillaje de labios rojos y la melena semi recogida. Una falda de cuero abierta en el lateral es todo lo provocador de su atuendo. La larga blusa de gasa negra sobre un top de tirantes, le dan una elegancia distante. Siente como crece su erección cuando ella le sonríe y le indica que la acompañe al interior del local.

El Antro era como se espera uno que sean estos sitios. Un cubo con un pequeño escenario al fondo. A la entrada una barra y al fondo el espacio principal. Cada rincón delimitado por los asientos tiene grilletes sujetos a la pared. Una cadena de parte a parte de las paredes, de donde penden muñequeras de cuero. Las paredes en azul noche, apenas reflejan las luz de los focos en un ambiente, casi metálico de estilo modernista. Aparentemente es un pub de estilo, pero una mirada más detallada ofrece que los cuadros de las paredes no son escenas de la campiña inglesa, sino cuidados daguerrotipos que muestran una amplia suerte de posturas y ornamentos.

Ella se sienta en una de las butacas y él permanece de pie, son atreverse ni a mirar. Sin embargo, descubre, en uno de los rincones un hombre arrodillado, atado y expuesto, como sólo había visto en revistas y películas, pero que nunca había imaginado que aquello existiera.

Se sorprendió más al descubrir, que, algunos clientes, al pasar junto al expuesto, lo palmeaban o pellizcaban. Incluso algunos introducían con fuerza en el ano los consoladores que había dispuestos sobre la  mesa. Y le invadió una mezcla de horror y piedad por ese cuerpo expuesto de aquella manera.

Junto a otra de las mesas, estaba atada una joven, cuya actitud le emocionó, tal mansedumbre, tal entrega, tal abandono … Y la exquisitez de sus miembros, haciéndola frágil y deseable. Su verga palpitó con la curva de las nalgas que asomaban bajo el corsé.

Estaba en esas meditaciones cuando descubrió que Ella estaba hablando con un camarero, y poco después se acerca otro camarero con unas pulseras de cuero que le instala en las muñecas.

Enrojeció hasta las cejas al sentir el calor del cuerpo desnudo del camarero en el suyo y una oleada de calor templó su piel. Su boca se secó, cuando sus pies apenas tocan el suelo al abrirle las piernas unas manos de las que no identificó a su propietario.

Cierra los ojos y su mente explota en dudas. El arrepentimiento gana terreno en sus pensamientos. Sabe que es una sorpresa que le ha preparado Ella, pero jamás se había imaginado nada parecido. Está inmovilizado y puede sentir el cabello de Ella casi rozándole el vientre, cuando mueve la cabeza para llamar al servicio.

Ella, displicentemente, acerca su mejilla hasta rozar su polla que sufre un espasmo. El gesto ha secado sus dudas. Vuelve a desearla y a confiar el ella.

De pronto, es consciente de que puede ser visto por cualquiera  y siente pánico. Le tranquiliza saber que está de espaldas y sólo ella sabe quien es … pero… Un camarero presenta una caja de donde ella saca una capucha de cuero negro
y se la coloca. Su identidad está a salvo, pero su visión apenas una rendija, le crea más confusión y la sensación de asfixia lo aprisiona. ¡Deja de pensar! se dice a si mismo, intentando no caer en el pánico.

Unas manos guían su cuerpo haciéndolo girar y, de pronto, una boca ardiente y húmeda besa su polla, lamiéndola y acariciándola a todo lo largo del tronco y succionando suavemente en la punta. La lengua extiende la humedad por toda la polla y hurga en la base, jugueteando con los rizos. La boca es muy profunda y succiona sabiamente, escamoteando los dientes o dejándolos resbalar sobre la piel hasta erizarle todos los poros.

Siente un roce en su espalda y unas manos acarician su cuerpo, del pecho a las caderas y otra vez al pecho, pellizcando firmemente de los pezones o exponiendo sus nalgas.

Un pequeño dildo penetra en su cuerpo llenándole de confusión. Su polla palpita con fuerza entre las caricias y las nuevas sensaciones difíciles de controlar.

De pronto, cuando las caricias eran más intensas, siente en su cuello otros labios y un perfume inconfundible lo inunda cuando giran su cabeza y esos labios se apoyan en la abertura de su máscara. Es un beso largo, cálido y sensual, que lo empuja a derramarse, sobre una boca que lame ansiosa cada emisión y su ano se cierra palpitante.

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Cazando en un “chat”

Viernes por la tarde. Juan acaba de salir de trabajar y no tiene planes para el fin de semana.

Llega a casa, una ducha, una cerveza y enciende el PC, aún con la toalla anudada a su cintura. Le excita conectarse así y decírselo a sus amigas del chat.

¡Diablos! Nadie en el notify. Debía haberlo imaginado, viernes por la tarde, la gente sale a la calle. Hunter (“cazador” es su nick habitual) rechaza deprimirse.

Hunter entra en los canales habituales y sólo encuentra algunos nicks conocidos, el resto, … El resto adolescentes en los cyber, ¡Cualquiera les aguanta! –Piensa- con sus ganas de probar los nuevos trucos de aspirante a hacker.

Inicia la desoladora práctica de ir saludando a cuanto nick femenino encuentra, con la esperanza de pasar un rato agradable.

H – Toc toc ¿se puede?

Los silencios y los noes resultan descorazonadores, de repente Claudia,  ¡Bonito nick! –sonríe para sí-, responde

C – Hola Hunter ¿Cómo estás?
H – Encantado de que respondas, no es habitual.
C – Yo respondo siempre
H – Pues me alegro. Creo que es la primera vez que te veo por aquí.
C – Si, no entro mucho, pero esta tarde estaba un poco aburrida.
H – ¿Aburrida un viernes por la tarde? ¿No sales?
C – Hoy estoy cuidando niños, y con lo que llueve, los tengo en casa viendo un vídeo.
H – ¡Vaya! ¿Dónde estás que llueve tanto?
C – ¿Tu no sales? Estoy en casa de mi ex Le hago de canguro hasta que vuelva esta noche.
H – Pues yo acabo de salir del curro, me he duchado y, … aquí estoy. Jajajaja aquí no llueve.
C – J
H – Me presentaré Juan, técnico, 40 años Oviedo.
C – Ahora lo haré yo J Pilar, psicóloga, Santander, pero ahora estoy en Gijón.
H – ¿Estás sola ahora?
C – Claro, ya te he dicho que mis hijos están viendo una peli y aún les queda al menos una hora.
H – ¿Te apetece jugar un poco?
C – Mmmmm ¿Es una proposición?
H – Sólo si te apetece
C – Claro que me apetece J
H – Dime cielo ¿Qué llevas puesto ahora?
C – Una blusa y un pantalón ¡hehehe! ¿y Tu?
H – Yo una toalla en la cintura J
C – ¿Sólo?
H – Sólo, se está muy fresquito así 😉
C – Y muy cómodo, imagino.
H – ¿Sabes lo que me gustaría ahora?
C – Dime
H – Estar detrás de ti, mirando la pantalla y soltar los botones de la blusa, para ver asomar tus pechos en tu lencería.
C – ¡Buuff! ¿Sabes? Y mi que estuvieras aquí, detrás de mi. Sentir tus ojos en mi piel y ese calorcillo.
H – ¡Hummmmm! Que bien suena eso
C – Sentirme deseada y que tu mano, me acariciara suavemente.
H – ¡Si! Mi mano rozaría la seda, sintiendo la curva de tus pechos en el dorso de los dedos
C – Inclinaría mi cabeza hacia atrás, ronroneando. Mis pezones se endurecen sólo de pensarlo.
H – ¿Sabes lo que me haría? Poco a poco, iría acercándome a tus pezones, hasta acariciarlos por encima de la tela y sentirlo duros y provocadores.
C – Apoyaría mi cabeza en tu vientre y sentiría como te vas endureciendo para mi.
H – Mis manos ya no aguantan más y liberan tus pechos del sujetador, acariciando los pezones ardientes con los pulgares.
C – ¡Diosssss! Cómo me estás poniendo cielo.
H – Los acariciaría una y otra vez, deslizando mi mano cada vez más abajo, buscando, …
C – Me dejaría hacer, y me movería un poco para facilitarte el camino.
H – Entonces, te tomaría por los codos y te ayudaría a levantarte, para poder acariciarte entera.
C – Me levantaría y seguirías acariciándome por detrás.
H – Si J Apoya tus manos en la pared, quiero poder disfrutar de tu cuerpo divino
* Claudia apoya sus manos en la pared y arquea su cuerpo, sintiendo a Hunter a lo largo de su espalda.
H – Así cielo, ahora apoyaría una mano en las tuyas y te besaría el cuello, mientras con la otra acaricio tu pecho, suelto el botón y la cremallera de tu pantalón
C – ¡Diossss! Cómo me estás poniendo sólo de imaginarlo.
H – Claro cielo, te mereces eso y más, corazón.
C – Yo me liberaría y me daría la vuelta para abrazarte, besarte despacio y sentir tu piel en la mía, mientras mis manos recorren tu espalda y mis pechos empujan los tuyos.
H – ¡Hummmm! Te llevaría hasta el sofá donde te abrazaría y e quitaría la camisa.
C – Y yo me inclinaría sobre aquello que tu toalla ya casi no tapa, lo tomaría entre mis manos y lo apretaría suavemente, hasta sentirlo palpitar y besarlo palpitante y caliente.
H – Me dejaría hacer J ¿sabes? Realmente me estoy excitando mucho, eres una mujer increible.
C – Pues no eres el único 😉 creo que tendré que tomar una ducha dentro de poco. Jajajajaja
H – Me gustaría oír tu voz, sería maravilloso.
C – A mí también me gustaría escuchar la tuya.
H – ¿Quieres que te llame?
C – De acuerdo … … …

Esta mujer es fantástica, que forma tan sensual de entregarse –pensó Juan mientras marcaba en su móvil el número indicado.

– Hola ¿Qué tal?
– Hola. Muy bien –Era una voz grave, susurrante, la que respondía a Juan-
– ¿Sabes? Estoy muy excitado, realmente me encantaría poder jugar contigo, me vas a volver loco.
– Jajajajaja –Una carcajada desenfadada y tranquila le respondió- Pues imagíname tomando una ducha en la – casa de mi ex. A ver como lo explico.
– Bueno, supongo que no tienen por qué pillarte.
– Tranquilo, me ducharé esta noche en el hotel, sólo estoy de paso. He venido a visitar a los niños y me ha pedido si me los quedaba esta tarde, mientras acudía a su cita. Mañana es cuando me toca realmente cuidar niños.
– ¿Entonces es verdad que estás separada?
– Claro ¡Ya te lo dije!
– Si, pero imaginé que podría ser un farol, de los muchos que se dicen por aquí.
– Pues nada de eso.
– ¿Sabes? Me encantaría conocerte 😉 y poder estar más tranquilos.
– Y a mí también.
– Pues si te parece, podemos quedar para mañana sábado.
– Suena muy bien eso de encontrarnos mañana por la noche.
– Me apetece mucho cielo.
– Ahora tengo que dejarte, se está terminando la película y los niños tienen que cenar.
– Entonces cielo quedamos para el sábado. ¿De acuerdo?
– Llámame mañana por la tarde. Podemos quedar para cenar.
– Perfecto cielo. Te llamaré. Hasta mañana. Un Beso.
– Un beso cielo. Hasta mañana.

Juan no se lo podía creer. De pronto, un fin de semana que amenazaba con ser aburrido y gris estaba a punto de arreglarse, gracias a Pilar. Deseaba conocerla, verla, oír su voz sensual.

Su mente vagabundeaba haciendo planes para el día siguiente, mientras se tomaba un tentenpie en la cocina. Mañana –pensaba- ¿Y por qué no hoy?

En ese momento sonó su móvil. Miró la pantalla y ¡Era ella!

-Hola ¿Me recuerdas? Soy Pilar, alias Claudia, jajajajajaja.

Su risa sonaba, inolvidable

-Claro que te recuerdo cielo ¿Cómo olvidarte?
-Mira he pensado ¿Por qué no hoy?

¡Diosss! Eso mismo estaba dando vueltas y vueltas en su cabeza hasta hacía apenas un momento. ¡Que casualidad! –pensó Juan-

– ¿Sabes? Estaba pensando precisamente en eso ¿Por qué no hoy?
– Entonces no se hable más, vente a Gijón y cenamos juntos.
– Perfecto, me preparo y estoy allí en una hora.
– Entonces te espero en el hotel La Casona de Jovellanos ¿Conoces?, Preguntas por mí en recepción y bajo. – Así me da tiempo a prepararme un poco.
– Allí estaré cielo. Un beso.
– Un beso. Hasta luego.

Juan se vistió de prisa. La Casona de Jovellanos, era un lugar precioso, cerca de la playa. Lo conocía de sobra, así que no le costó mucho esfuerzo llegar.

En recepción se dio cuenta de que no sabía el apellido de Pilar y preguntar por ella le resultaba muy violento, así que se acercó al mostrador, sin saber por dónde empezar, cuando la vió.

Pilar estaba sentada en una de las butacas, vestía un elegante abrigo beige, sobre una blusa de semitransparente negra que contrastaba con sus ojos claros y sonrientes, que no dejaban de mirarle.

Cambió la dirección y se dirigió hacia ella

– Perdona ¿Eres Pilar?
– Si Juan, soy Pilar –dijo sonriendo y levantándose para saludarle-
– Menos mal que estás aquí, no sabía cómo iba a preguntar por ti en recepción.
– Jajajajaja –Otra vez esa risa que lo cautivaba- De pronto recordé que no te había dicho mi apellido, así que decidí esperarte abajo.
– Eres un cielo, estás en todo –sonrió Juan-
– ¿Y esa cena? Estoy hambrienta

Salieron del hotel buscando un lugar donde hacerse confidencias y conocerse ante una buena cena, que encontraron sin dificultad frente a la Playa de San Lorenzo. La noche estaba resultando perfecta y el vino les iba animando aún más.

Sus manos se buscaban sobre la mesa y tras los postres, decidieron regresar al hotel paseando por la Playa. Juan llevaba a Pilar por la cintura y sentía su cuerpo pegado al suyo. El pelo le rozaba la mejilla y su cabeza apoyada en el hombro le hacía el más feliz de los mortales.

Cada pocos pasos se detenían para abrazarse y podía recorrer su cuerpo bajo el abrigo, descubriendo formas y gestos irresistibles.

Sin pasar por recepción, subieron directamente a la habitación de Pilar, donde dejaron los abrigos en el suelo, para caer en los brazos.

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Piel

Jon estaba inquieto, hacía días que ella no se conectaba y no se atrevía a telefonearla. Su vida se estaba volviendo gris. No respondía a sus correos, sus fantasías habían a empezado a volverse repetitivas …. Ella.

Esa noche la buscó, como siempre …. El notify no pitaba, impaciente, aburrido. Un privado. ¿A él? ¡Cielos! No desea encontrarse con nadie, sólo ella puede saciar su sed.

Ella guiaba sus fantasía. Al principio se hizo el duro. Ella era dulce, entregada y eso le permitía sentirse resguardado. Resguardado de …. de esas cosas que empezaban a surgir en él y que ahora le dolían.

Ese privado,. ¡Era ella! ¡¡¡¡¡¡Por fin!!!!! Sus temores se disolvieron de inmediato. Ella estaba allí y lo demás no importaba nada.

Hablaron al principio deprisa, luego, poco a poco, afloró la calma. A ella se lo impedía su trabajo: Un viaje imprevisto.

Había llegado el momento de hacer aflorar sus sentimientos más secretos, más allá del deseo y la entrega en el chat.

Jon sabía que en esa espera, algo le había ocurrido, algo increíble. Había descubierto cuanto necesitaba encontrarla cada noche, y compartir sueños, y cargarse las pilas para el día siguiente.

Vivían en la misma ciudad. 5 Millones de habitantes que les separaban y les unían y que esta noche dejaron de separarlos. Había demasiadas cosas contenidas que les arrastraron a encontrarse.

Ahora, apenas una mesa les separaba y un camarero de blanco. Sus cuerpos se estremecían. No respondían a las palabras.

Jon alargó su mano y sus dedos apenas rozaron los de ella. Una sacudida les electrizó.

Entre ambos, junto a las tazas de café estaban sus sueños.

Ella agarró la mano de él y dijo -vamos- No era una sugerencia, era una orden era su deseo.

En el ascensor sus manos crispadas, blanqueaban sus nudillos, sólo el conserje podía ser testigo pero ….

La mano le temblaba cuando introdujo la tarjeta.

En la habitación, cara a cara, Jon sintió que al fín podría ser suya. Alargó su brazo, apenas rozó su cabello y sintió como ella se estremecía.

Se miraban de frente, eran dos desconocidos, que se sabían por dentro. Sin hablar – sus ojos se encontraron. Se sostenían el uno al otro para no desfallecer de deseo

Apenas se atrevían a tocarse, cuando sus labios se encontraron. Un roce, un aleteo, respirando el aire cálido y perfumado.

Afloró la pasión entregándose a un abrazo que los fundía. Ahora, los brazos rápidos les desnudaban, necesitaban sentirse, rozarse, que sus pieles se fundieran en un abrazo sin fin.

A sus pies quedaron las ropas arrugadas, mientras se regalaban el uno al otro todas las promesas que se habían hecho en el chat.

Ella había conseguido mantequilla y canela

Jon quedó tumbado sobre la cama, sus ojos cerrados le devolvían ante la pantalla del pc. La oía moverse por la habitación, no se atrevía a mirar y su deseo era evidente.

La cama se movió cuando ella subió. La sintió sobre él, su calor.

Jon sintió una caricia en sus pezones que se contrajeron de inmediato, más oscuros y más duros de como jamás recordara. Sus pezones eran tocados, acariciados y sobados una y otra vez. El olor de la mantequilla le hizo sonreír, no se lo imaginaba, ese juego era nuevo y se preparaba a disfrutarlo, como otras veces.

Ahora, era un dedo el que corría por su vientre, desde el ombligo bajaba hasta su pubis. Apenas pudo reprimir un gemido en la garganta, cuando fue su glande el que sintió acariciar.

Ella espolvoreó canela en sus pezones, en el vientre, en su pene. Marcando una pista aromática y excitante que le inundaba sus sentidos.

Los dientes de ella tropezaron con el botón más sensible de su pezón izquierdo dejándolo resbalar entre ellos, mientras una lengua juguetona saboreaba la dulce y excitante canela.

Jon se sentía explotar. Explotar de imaginar la ruta que Ella, su adorada Ella había trazado sobre su cuerpo.

Ella acarició los costados de Jon, haciendo que su cuerpo se arqueara, como una guitarra al sentirla.

Ahora, su boca golosa paseó, impúdica por la ruta del vientre.

Sus cuerpos exhalaban un perfume de deseo que los embriagaba

Una gota afloró sobre su glande y Ella la besó, succionándola suavemente.

Jon echó la cabeza hacia atrás buscando un aire que mitigara su deseo. Su cuerpo se contrajo, cuando las manos de ella acariciaron sus huevos, deslizándolos sobre ella, como si fueran esas bolas chinas, una y otra vez

El deseo era incontenible. Se irguió y la abrazó, cayendo ambos sobre la cama.

Ella abrió sus muslos, húmedos, como una certeza y sintió su sexo cálido y poderoso frente al suyo. Adelantó las caderas para recibirle mientras Jon, apenas rozaba la verga sobre su sexo, sin entrar.

Ella apoyó sus pies en la cama, haciéndole resbalar en sus entrañas ¡¡al fin era suyo!! realmente suyo sintiéndole dentro una y otra vez.

Jon bebía en los pechos de Ella, provocando oleadas de placer que la hacían palpitar. Las embestidas largas y profundas de Jon la llevaban en un galope sin rumbo que desvanecían el entorno. Sólo sus propios latidos y el impacto de Jon.

Sus respiraciones eran frenéticas, el compás lo marcaba cada embestida. Ella se contrajo sobre Jon. Su carne en sus entrañas y convulsionó y les inundaron sus flujos.

El tiempo se detuvo y la piel dejó de separarlos.

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