Equitación

Laura había aceptado aquel empleo estival, para escribir las memorias de Lord Teller, lo que le permitiría realizar su viaje soñado a Oriente Medio. Y, de paso, conocer la famosa campiña inglesa, sobre la que tanto había leído.

Lord Teller era un atlético caballero, heredero de un título secular del que se enorgullecía y que le permitía vivir holgadamente. Maduro, mimado y caprichoso, con un innegable encanto y experto en galantería y seducción, le hacían irresistible.

Sus memorias resultaban tan ociosas como su vida, así que se imponían rigurosos ejercicios de estilo.

La pasión por los caballos era una constante, desde la infancia, en todos los episodios de su vida, lo que no dejaba de darle un toque divertido y extravagante. Como cuando se presentó en la fiesta que su hermana celebraba en el parque, montando a caballo entre las mesas de canapés y los invitados, con las consecuencias esperadas.

Aquella mañana, como de costumbre, tras el desayuno Laura fue al despacho para corregir el último episodio, antes de empezar a tomar notas.

Lord Teller entro en la estancia con sus inevitables botas altas y el traje de montar. Regresaba de su cabalgada, dispuesto a seducirla, como de costumbre.

Laura sonrió para sí. No esperaría más. Ocurriría lo que tenía que ocurrir y que llevaban deseando desde el primer día.

En muchas ocasiones, Lord Teller había insinuado sus conocimientos en campos poco frecuentes. Hoy estaba dispuesta a comprobarlo, así que cuando aludió a ellos al iniciar su relato, le preguntó si haría una demostración práctica para facilitar la comprensión.

– Si ello facilitara la comprensión del rico arte de la monta, haría un esfuerzo.
– Entonces, cuando quiera podemos empezar. Estoy lista. –Dijo Laura-

La miró largamente y sus ojos se perdieron, sin prisa, en los pechos de Laura, calibrándolos, disfrutándolos. Una mirada que humedeció sus bragas.

– Miss Laura, si está lista, empezaremos ahora mismo. Venga conmigo a las caballerizas. –Dijo mirándola a los ojos.-

Cruzaron el jardín trasero y el patio de caballerizas, en torno al cual se abrían las portezuelas por las que asomaban las cabezas los animales.

Le seguió hasta el pabellón de doma, donde Lord Teller fue mostrando los diversos accesorios, indicando sus nombres y aplicación, que Laura anotaba mentalmente.

El aroma a heno fresco y a cuero, hería sus sentidos excitándola, tanto como la suave cadencia de palabras de Lord Teller, sus miradas intensas y la insinuante forma de jugar con las correas, fustas y hebillas.

– Miss Laura ¿Desea avanzar en este campo? –Preguntó susurrante-
– Si –Respondió sonrojándose-

El rubor hacía que le ardieran las orejas y la boca seca hacía su voz un poco ronca. ¡Desnúdese por favor! –Ordenó cogiendo un arnés que colgaba de la pared. –

Sorprendida, desabrochó la blusa que dejó sobre unos de los caballetes, así como la falda, quedando en ropa interior.

Lord Teller se volvió y sonrió paciente He dicho que se desnudara Miss Laura ¿Lo hará?

Un relámpago recorrió su espalda y erizó el vello. Soltó el sujetador que deslizó hasta dejarlo con el resto de la ropa, haciendo lo mismo con las bragas, ya húmedas en su centro.

No podía dejar de mirarle. Dejar de observar hipnotizada cómo jugaba con un arnés de cuero, despreocupadamente, cómo sus ojos se detenían descaradamente en su anatomía, provocándole una intensa vergüenza y excitación a la vez.

Lord Teller, se situó tras Laura y colocó el arnés en su cuerpo. Dos aros de cuero, sobre una correa, rodeaban los pechos, haciéndolos sobresalir, abrochado con una fina hebilla en la espalda.

Delicadamente, apoyó sus dedos sobre los pechos, tensándolos en cada aro. Laura jadeó cuando terminó la operación con sendos tironcitos en los pezones..

Le temblaban las rodillas cuando Lord Teller cogió un cinturón que colocó alrededor de sus caderas.

Completó el arreo ajustando una correa entre los pectorales, descendiendo hasta el aro central del cinturón, donde se abría en dos correas un poco más finas que entraban en el pubis separando los labios, a ambos lados del clítoris y la vagina hasta ajustarse con una hebilla en el cinturón, en la espalda. El sexo quedaba abierto, exhibido.

Lord Teller se arrodilló ante Laura y, tomando delicadamente de los gruesos labios externos, los separó. Luego tomó el labio interno y lo hizo pasar por el ojal de la correa. Repitió la operación con los otros labios de forma que se mostraran sometidos y plenamente abiertos, evitando cualquier protección de su sexo.

El ano tampoco quedó cerrado, ya que Lord Teller instaló un anillo separador que ajustó entre ambas correas.

Cada roce, cada tirón, habían arrancado gemidos a Laura que se esforzaba por ahogar, provocando la humedad en su sexo ahora abierto.

– Ahora vistes como una amazona –Dijo Lord Teller- y aprenderás a montar como las amazonas.

Dicho esto, soltó sus pantalones, dejándolos caer hasta las altas botas de montar, ofreciendo una hermosa erección y se sentó sobre un fardo de paja, cubierto por una gruesa manta, frente a ella.

– Ven a montar –Sonrió seductor.-

Dócilmente se acercó hasta quedarse frente a él, esperando instrucciones.

– Separa las piernas y siéntate sobre mi –Indicó Lord Teller-

Laura lo hizo, hicándose en la espada del noble. Éste, tomó firmemente los pezones entre sus dedos, tirando con fuerza hacia abajo, lo que hizo q Laura se ensartara profundamente en la verga.

Lord Taller estaba recostado sobre otro fardo y sus manos en los pezones, ensayaban gestos, tirones y caricias dirigiendo cada movimiento de Laura.

– Estas son las bridas en la cabalgada, Sta. Laura –Dijo estrujando los pezones con los dedos.
– Sí Sr. –Jadeó Laura-
– Yo conduzco el movimiento, la intensidad y el modo con ellas.

Tiraba de los pezones hacia arriba y el cuerpo de Laura los seguía, hasta que el glande salía y rozaba el borde de su coño.

Ahí, mantenía la presión y los retorcía a un lado y a otro, hasta q conseguía que Laura balanceara sus caderas, sobre la verga, en la dirección indicada, cada vez.

Luego, un tirón seco hacia abajo, hacía que Laura se clavara en la polla, cortándole la respiración.

Agarraba las tetas con toda la mano, amasándolas, permitiendo descansar los pezones y el coño hambriento succionaba la carne ardiente.

Cada vez que Laura se detenía, sus pezones recibían un severo castigo, lo que la obligaba a seguir los tirones con todo su cuerpo, arriba y abajo, adelante y atrás. Una yegua bien domada, obedeciendo la mano firme en la brida.

Lord Teller alcanzó una fusta que reposaba sobre la manta y Laura tembló, imaginando lo que pudiera hacer con ella.

Un firme tirón de los pezones, hicieron que Laura se acercara al pecho de Lord Teller, deslizándose la verga hasta que apenas rozaran los labios el glande.

Mantuvo la presión en los pezones y, con la otra mano, fustigó suavemente las nalgas, el coño y su propia polla, lo que empujó a Laura a un frenético movimiento, liberándose de las manos de Lord Teller, que los condujo a un violento orgasmo.

Lord Teller cerró sol ojos cuando se vació dentro de Laura. Bien, Sta. Laura, es Vd. Rápida aprendiendo a montar. Veamos cómo sabe llevar las riendas

Dicho esto, acarició delicadamente sus pechos y levantándole las nalgas, la obligó a separarse de él.

– Quítame las botas –Ordenó levantando la pierna izquierda.- ¿Sabrás hacerlo?
– Laura permanecía inmóvil ante él. Sonrió
– Date la vuelta y ponte de espaldas a mí. Abre las piernas a ambos lados de las mías. Ahora inclínate sin doblar las rodillas y coge la bota apoyando tus manos una en la puntera y la otra en el tacón.

Obedecío, avergonzada por la postura que adoptaba, ya que el arnés que lucía la abría completamente, para disfrute del Lord.

Lord Teller apoyó su bota en el culo de Laura y empujó con fuerza, descalzándose de la bota, que quedó sobre las manos de Laura, entre carcajadas.

Repitieron a operación con la otra bota y Lord Teller se desnudó rápidamente, dejando su ropa junto a la de Laura.

Cogió de la pared un juego de correas que se la ofreció a Laura, sonriendo maliciosamente.

Eran dos correas que se cerraban en sendas anillas, algo más pequeñas que las de los pectorales.

– Toma. Colócalas donde te imaginas –Dijo ofreciéndoselas.-

Laura cogió las correas y las manos de Lord Teller, se apoyaron en sus hombros, presionando hasta que se arrodilló ante él. Soltó las hebillas para ajustar las cinchas en el escroto, separando los huevos que tensaban la piel brillante y rasurada.

Su vientre se contrajo y aguantaba la respiración, cada vez que Laura manipulaba su polla, ahora relajada.

Lord Teller ofreció un collar de cuero, que le fue ajustado al cuello y un cinturón, que Laura colocó sobre sus finas caderas.

Luego, colocó dos correas que, desde la argolla central del collar, cruzaban su pecho, resaltando sus pectorales y el vientre plano de Lord Teller, para ajustarse a las hebillas laterales del cinturón.

El arreo se completaba con dos finas correas, como las de Laura, que desde la cincha del escroto, sostenían el anillo que desnudaba el ano y se ataban en la parte trasera del cinturón.

Una vez así dispuesto, Lord Teller sonrió. Tomó entre sus manos las de Laura y besando los nudillos, se arrodilló.

– Sta. Laura, es su turno. Ahora debe demostrar el aprovechamiento de mis clases.
– Creo que sí- Respondió sonriendo Laura y perdiéndose en sus ojos.

Laura cogió la fusta que descansaba sobre la manta, ladeó la cabeza y la miró despacio, haciéndola rodar entre sus dedos.

Decidió que no era adecuada y se paseó por el pabellón, estudiando detenidamente los instrumentos que ornaban las paredes, mientras su cuerpo espléndido era espiado por Lord Teller.

Eligió un látigo, largo y delgado, de los empleados por los cocheros de calesas. También encontró un rollo de cuerda. Decidiendo que lo mejor sería empezar por una sesión de doma clásica con él.

Lord Teller, arrodillado en el centro de la estancia, no perdía de vista a Laura, saboreando anticipadamente nuevos placeres.

Laura se calzó las altas botas de Lord Teller y las cargó un par de pequeñas espuelas de plata, como complemento adecuado, por si fueran necesarias.

Así preparada, se acercó al arrodillado y anudó el extremo de la soga, bajo la garganta, al collar. Desenrolló tres o cuatro metros, alejándose y levantó el látigo, chasqueando apenas sin rozar las nalgas, indicando que se levantara.

Una ondulación de la soga le hizo empezar a caminar en círculo, dirigido por el látigo que manejaba con la otra mano, como había visto hacer en la doma de potros.

Sonrió satisfecha y el extremó del látigo golpeó las nalgas, obligándolo a iniciar un trote corto, con las rodillas bien levantadas.

Su verga se había endurecido. Presentaba una prometedora erección que se balanceaba con el trote.

Un tirón de la cuerda detuvo el trote y Laura se acercó a Lord Teller. Pasó los dedos por su nuca y acarició la espalda, palmeándolo como un pura sangre. Jadeaba sudoroso.

Deslizó un dedo por los pezones, el pecho, el vientre y lo enredó en el rizado pubis, para pasarlo luego por los huevos, brillantes en las cinchas y volver a acariciar sus ingles y su vientre.

La recompensa fue una palpitante erección y el florecer de una gota de humedad en el glande púrpura.

Dos rápidos fustazos en la verga, desanimaron cualquier tentación de placer. Lord Teller ahogó un gemido.

Un rápido tirón hacia debajo de la cuerda hizo q se arrodillara y, al tirar hacia delante, apoyó sus manos en el suelo, dispuesto para ser montado.

Laura dio una vuelta a su alrededor, pasando muy cerca de su cara y disfrutando de su aliento en las rodillas.

Montó sobre Lord Teller al estilo amazona y azotó, con la fusta pequeña sus nalgas, indicándole que iniciara su avance.

Sentía moverse el cuerpo bajo el suyo, el suave ondular de la columna bajo los muslos, comunicándole un excitante vaivén. El sudor de la espalda humedecía su piel.

Una leve flexión de las rodillas hizo que Lord Teller sintiera las espuelas en su vientre, muy cerca de su sexo. A penas un roce en la piel, justo para estremecerse por el agudo metal, animándole a avanzar más deprisa.

En cada vuelta, la entrega se evidenciaba. El corcel parecía cansarse y ser felíz de serlo. Cada músculo se tensaba y se dibujaba bajo la piel.

Un suave tirón detuvo el avance. Laura cambió la postura de amazona por la de jinete, abriendo sus piernas sobre la espalda del corcel y sintiendo en su sexo abierto la húmeda espalda de éste, mezclando fluidos.

Con un gesto de las caderas, Laura reinició la marcha y se acomodó para que el movimiento afectara directamente a su clítoris y prosiguió la marcha por la zona de doma.

Era infinitamente más divertido y excitante de lo que jamás hubiera imaginado. La obediencia absoluta a cada orden por parte del corcel indicaba su impecable disposición, sin restricciones. Aquello estimuló la imaginación de Laura.

Laura miró en torno suyo y descubrió, al fondo del salón, un caballete y un perchero, como un árbol, del que colgaban gran variedad de dildos, anillas, bolas y correas más pequeñas que los adornos de las paredes.

Hacia allí encaminó su corcel y, no necesitó espolearlo para que avivara el paso.

Al llegar, descabalgó y pasó amorosamente su mano por la nuca de su montura, acariciándolo, dejando resbalar suavemente las orejas entre sus dedos.

Tiró del ronzal para que se levantara y le mostró el caballete. Sus ojos la miraron suplicantes, pero la delatora erección demostraba su deseo y su curiosidad.

Laura guió a Lord Teller hasta tumbarlo sobre el caballete, con las piernas abiertas y pasando el índice por su espalda, se situó junto a sus nalgas, abiertas y expuesto su rosado anillo.

Tomó un delgado consolador terminado en una argolla y lo introdujo en al ano palpitante. Lenta y firmemente, hasta sujetarlo con el arnés que separaba sus nalgas, de forma que se introducía más con cada movimiento.

Lord Teller se arqueaba y boqueaba, sintiéndose lleno en cada embestida. Su cuerpo era una constante fuente de placeres y sensaciones que encendían cada poro de su piel.

Así dispuesto, incitaba al castigo. Cuatro fustazos en cada nalga les hicieron jadear. Laura sentía sus flujos resbalar por los muslos y deseaba intensamente aquel bello cuerpo entregado y dispuesto.

Avanzó hasta la cabeza y le indicó que se levantara. Lord Teller de pie y Laura se acercó hasta que sus pezones enhiestos rozaron su pecho. Sentía el cálido aliento sobre sí, provocándola. Contuvo la respiración mientras sus dedos recorrían los brazos, los hombros, el cuello, para deslizarlo luego por la espalda y juguetear con la argolla del dildo, en gesto infinito. Reteniendo el deseo de abrazarlo y unir sus pieles.

Empujó la argolla, atrayéndolo hacia si, en un abrazo que los dejó caer sobre un hato de mantas dobladas, que los acogió sin ruido.

Laura se movió entre los brazos de Lord Teller que la abrazaban, y guió su verga en su cuerpo, que la recibió ansioso.

Las manos sobre la argolla, guiaron la cabalgada, cada vez más frenética, insostenible, acompasando sus alientos, hasta un poderoso éxtasis.

Desde aquella mañana, las clases de equitación se sucedieron día tras día y las memorias del Lord Teller quedaron sin escribir.

Hoy, Laura es Lady Teller, y reparte su ocio cuidando rosales y escribiendo las memorias de su esposo, en el tiempo que les deja su pasión por las equitación.

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3 comentarios

Archivado bajo BDSM

3 Respuestas a “Equitación

  1. Hola,

    muuuy buenos tus relatos. Y una pregunta que por supuesto no estás obligado a responder, ¿no tendrás nada que ver con Torrebella?

  2. se me colo ese “ha”….

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