Luis

– Toc toc – Llamó suavemente.-

La puerta se abrió y una sonrisa le dio la bienvenida. Los brazos encontraron las cinturas en un cálido saludo cargado de deseo.

– ¿Te apetece tomar algo? – Ofreció Pilar – Hace mucho calor hoy -sonrió-
– Un vaso de agua fresca, por favor. Respondió, mirando a su alrededor, esperando una indicación.
– Siéntate y ponte cómodo, se te ve sofocado, sonrió ofreciéndole la bebida.

Luis se acomodó en el amplio sofá y Pilar lo hizo a su lado, cruzándolas piernas sobre el asiento, sin dejar de mirarle. Hablaron del tráfico y cosas cotidianas. Palabra a palabra, Pilar sentía encenderse un deseo irrefrenable por aquel cuerpo que se le ofrecía. Grande, ancho, poderoso. Con una mirada sincera, invitadora.

Los dedos delgados de Pilar, buscaron los botones de la camisa, soltándolos despacio, hurgando curiosos en aquello que ocultaban. Luis sonrió y jadeó expectante. Al llegar a la cintura del pantalón, Pilar insinuó un roce sobre la cremallera y se recostó en el respaldo. -Será mejor q te desnudes- Afirmó suavemente. Aquello puso fin a la intranscendente conversación.

Mientras Luis se desabrochaba la ropa, las manos de Pilar le sorprendieron descalzándole. Se sonrojó y, un poco aturdido, se liberó él mismo de los náuticos marrones q llevaba.

Pilar, sonrió y se levantó dirigiéndose a la terraza. No hacía falta decir nada más. Su mirada se perdía en el horizonte casi blanco, mientras percibía, amortiguados los movimientos de Luis desnudándose, ordenando sus ropas y adoptando la posición q debía.

Esperó un poco más, aún, y se volvió, para disfrutar del espectáculo. Luis arrodillado sobre el mármol, sentado en los talones, la piel brillante de sudor y la cabeza agachada, mirando frente a él. Sólo la boca, levemente fruncida, denotaba la tensión. Sonrió satisfecha. Entró en la habitación y avanzó hasta que sus pies entraron en su ángulo de visión, cerciorándose de que Luis la seguía con la vista.

– Tengo una pequeña sorpresa para ti, perrito. – Tomó una delgada correa de exhibición y regresó frente a Luis. Sonriendo la ajustó a su cuello y con un leve tirón le hizo apoyar las manos en el suelo y avanzar detrás de ella, paseando en torno a la habitación.

Orgullosa, lo condujo hasta el cuarto de baño, donde le mostró la ducha. Deseaba tomar posesión de aquel cuerpo en su totalidad, así que abrió los grifos y dejó que el agua cayera, arrastrando el calor del día, desnudando el deseo. Luis, inclinó la cabeza y se dejaba hacer. Las manos le exploraban y las sentía en los rincones más insospechados, unas veces acariciantes, otras firmes y severas, siempre eficaces. Le ofreció una toalla y acercó su cara a aquella piel, lamiendo y aspirando su aroma. Aún quedaban restos del caro perfume, atenuados por el agua.

Pilar se despojó de su falda recta, quedando apenas vestida con un diminuto tanga blanco y el ajustado top que realzaba su silueta, contrastando con el bronceado de su piel. Avanzó felinamente, erguida, hasta los pies de la cama, donde se sentó y con un gesto le indicó a Luis que se acercara.

Una cálida atmósfera de sensualidad y deseo los envolvía, cuando Pilar sintió la húmeda caricia entre los dedos de sus pies. Estiró sus largas piernas, invitando el avance, saboreando las oleadas de placer que recorrían su cuerpo.

Se contrajo al sentir los labios ardientes en sus muslos, que separó un poco, mostrando su rosado secreto. Gimió cuando Luis, sabiamente, comenzó a lamerlo, saboreando cada gota que destilaba sin cesar. Ingrávida, sólo las cálidas manos de Luis la sostenían en un éxtasis palpitante eterno. sus piernas temblaban de placer y sus manos buscaban ansiosas, asirse a las sábanas.

Pilar, enredó sus dedos en la cabeza de Luis, guiándolo en su goce, hasta que tiró de ella, obligándolo a incorporarse. Le indicó que se tumbara en la cama y avanzó sobre él hasta sentarse sobre su vientre, dejando una perfumada huella que lo hizo estremecer.

Cuidadosamente medidas las distancias, para que los roces apenas provocaran el deseo, Pilar ató las muñecas de Luis al cabecero y se concentró en encenderlo, despertando cada poro de su piel. Mordisqueaba las orejas y succionaba el cuello, desde la nuca a la garganta. Cuando los labios de Luis se secaban, ella los humedecía sin detenerse demasiado y volvía a los pezones que sujetaba entre sus dientes dejándolos resbalar, provocando gruñidos contenidos.

Luis se dejaba hacer en manos de la que se había entregado, saboreando anhelos y deseos satisfechos. La cera cubrió sus pezones y su cara se contrajo de dolor. Pilar volvió a acariciarlos, rescatándolos en su boca, que inició una búsqueda, mordiendo y lamiendo hasta encontrar la polla que buscaba.

Inmóvil, se contraía y agitaba. Aquella boca lo absorbía alternando el rítmico movimiento con suaves presiones y gestos con la lengua que le hacía difícil contenerse. Las manos lo acariciaban y deseaba abalanzarse sobre ese cuerpo delicioso que lo enloquecía.

Pilar levantó la cabeza y gateó sobre Luis, hasta liberarlo de sus ataduras, susurrándole -Puedes abrazarme- Sus miembros liberados, recorrieron ansiosos el cuerpo de su Ama, estrechándolo y reconociendo cada milímetro de su piel. Ahora, los besos se hicieron largos y profundos, las bocas se buscaban anhelantes tras cada gesto y cuando Ella enroscó sus piernas en tono a uno de sus muslos, presionó su cadera contra su verga aprisionándola y la sintió palpitar y estremecerse hasta quedar exhausta sobre él, que la acaricia despacio.

– Ven, vamos a seguir jugando.

Dócilmente, Luis se dejó guiar a la habitación contigua. Su deseo era evidente y ansiaba el permiso para vaciarse.

Pilar con un gesto, le mostró el sofá para que se arrodillara y tomó la fusta. Se acercó y con una presión firme en su hombro, le obligó a apoyar la cara en el asiento, dejando sus caderas elevadas, sus nalgas abiertas, mostraban desprotegido el rosado anillo. Su polla palpitó y no pudo evitar abrir y contraer su ano, cuando los primeros azotes sonrojaron su piel.

El pulso acelerado por el esfuerzo y el deseo, marcaba el “Gracias Ama” que seguía a cada azote. Su polla palpitaba recuperándose tras cada estallido. Ella acusaba el esfuerzo y sus entrañas volvían a destilar néctar de deseo. Se colocó frente a Luis, le alzó la barbilla y adelantó sus caderas, acercándoselas al rostro, que inundó de aromas. Frenético, Luis se hundió en ese coño que se le acercaba, lamiendo, saciando su sed.

Cuando Pilar se sintió satisfecha, se sentó frente a Luis y tomó la polla entre las manos, acariciándole los huevos, deslizando un dedo hasta el ano, donde se introdujo.

– Mastúrbate y córrete en mis manos.- Fue una orden corta, que provocó un respingo en Luis.

Pilar, descubrió el gesto q iluminó la cara de Luis, sin saber si obedecía a la orden o a la sensación de sus dedos en las entrañas. Cualquiera de ellos la excitaba.

Luis se crispó, adelantó las caderas contrayéndose y explotó. Ella sintió el líquido caliente salpicando sus manos y su mirada se perdía en la mueca de placer del rostro de su perro. Cuando abrió los ojos, se encontró con la mirada sonriente de su Ama. Aún jadeaba, cuando le fueron ofrecidas las manos de Ella, que contenían su leche. No necesitó ninguna orden para lamer hasta la última gota de sus manos.

Pilar se alzó y tomó las mejillas de Luis, cariñosamente. Acercó sus labios y lo besó despacio, saboreando la excitante mezcla de aromas y sabores, desde el dulce al saldo y el indescriptible de la entrega. Le respondió un cálido y profundo beso.

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