Ellos

Hacía calor y aquella terraza, bajo el emparrado conservaba la frescura acogedora que los transeúntes anhelaban. Sergio vestía un vaquero muy corto, ceñido y con varios rotos en la parte trasera que marcaban unas nalgas duras y provocadoras y una descolorida camiseta. Todo su cuerpo era una provocación, un delirio para los sentidos. Un cuerpo de esos que no existen en la realidad. Alto, atlético, bronceado de mucha playa, llamaba la atención de cuantos lo miraban. En la barra, apoyado indolentemente, reía y charlaba con el camarero, pasando la tarde.

Carlos entró y la frescura del ventilador colonial refrescó sus acaloradas mejilla. Estaba fastidiado y un poco aburrido cuando pidió su café con mucho hielo. Con calma, recuperándose, echó el azúcar en la taza, lo removió y lo vertió en el alto vaso lleno de cubitos de hielo, que tomó un atractivo color pardo.

Agitó el vaso y pronto todo el exterior se cubrió de condensación. Dio un pequeño sorbo y apoyó el frío vaso en su enrojecida mejilla. Su mirada se clavó en el camarero que seguía hablando con Sergio y descubrió la mirada de éste, intensa, magnética.

Una oleada recorrió su cuerpo, y sintió como se aceleraban sus latidos. El vaquero se introducía entre las nalgas de aquel tipo, mostrándolas provocadoramente y no sólo no le molestaba, sino que parecía encantarle. Las largas piernas, cubiertas con una pelusa ensortijada, perfilaba cada músculo en agudas líneas. La camiseta tampoco ensombrecía unos brazos torneados y unos hombros rectos. Su verga empezó a palpitar y bebió un poco de café, refrescando su seca garganta.

Estaba hipnotizado por aquel hombre tan deseable que su cuerpo se le rebelaba. El tiempo se había detenido. Sergio seguía hablando y riendo, aparentemente ajeno a los estragos que causaba en Carlos, pero sin perder un detalle, lo que le hacía sonreír sutilmente.

Carlos era joven, grácil y delicado. Su piel morena, cubría unos músculos apenas dibujados pero firmes. Tenía un aire dulce un una boca bien dibujada bajo los alto pómulos. Las bermudas holgadas le daban un aspecto postadolescente que no se molestaba en ocultar.

Cuando Sergio se le acercó, estudiándole con la mirada, supo q descubriría su erección y, con gran esfuerzo, evitó que le temblaran las piernas, deseando pasar sus dedos entre la tela y aquella piel que se prometía cálida y firme.

– Hola princesa. – Su voz grave y firme era un invitación –
– Hola -Respondió Carlos con la boca muy seca. No podía creer que aquella aparición le prestara atención. Su corazón latía con fuerza y tenía la certeza de ser transparente.
– ¿Tomamos algo aquí o nos vamos a dar una vuelta? Sergio sonrió al preguntarlo y sus ojos pasaban de las manos al perfil de Carlos, con un descaro provocador irresistible. Me llamo Sergio.
– Mi nombre es Carlos, -Respondió apurando el café- Y podemos ir a dar una vuelta.

El bochorno los acogió no enfrió sus deseos en la escasa distancia que los separaba de un elegante bar de ambiente, donde ofrecían discretos y cómodos reservados.

La fresca oscuridad los rodeó. Sergio palpó el culo de Carlos que ahogó un gemido al sentir la ardiente caricia, se volvió y sus bocas se encontraron, se exploraron y Carlos sucumbió a aquellos labios carnosos y poderosos que lo rodeaban, a aquella lengua dura que lo penetraba y a la que sólo podía rendirse y acariciar con la suya.

Las manos tenían prisa en desnudar los cuerpos y la polla de Sergio salió disparada cuando Carlos bajó la cremallera. La tomó entre sus manos como un delicado tesoro y empezó a acariciarla en toda su longitud, poderosa y nervuda, palpitaba entre sus dedos.

Tumbados en el ancho sofá, Sergio atrajo hacia su cara el culo de Carlos que empezó a morder las nalgas, mientras las amasa firme y profundamente, abriéndolas, sopesándolas. Su polla erguida frente a la cara de Carlos, era un invitación a la que no se resistió. Comenzó a lamerla largamente, desde su base hasta el glande, mojándola a lengüetazos, hasta que completamente mojada, la engulló controlando una arcada ante su enorme tamaño.

La polla chocaba contra su paladar y acariciaba con la lengua la cabeza del glande, presionando rítmicamente, para dejarse follar en la boca, cuando Sergio empezó a mover las caderas, bombeando acompasadamente.

Su cuerpo empezó a temblar por las caricias de Sergio que mordían las nalgas, primero una y luego otra hasta dejarlas enrojecidas, despacio, abriéndolas cada vez más hasta su prieto anillo rosado y húmedo. El primer contacto, le hico retraerse, pero las firmes manos de Sergio lo evitaron y la lengua siguió su trabajo, lamiendo y presionando, paulatinamente, hasta que el anillo fue cediendo, abriéndose y cerrándose una y otra vez.

La presión de las manos es tan intensa que se siente romper, diluirse, lo que le hace aferrarse a esa polla enorme que satisface su boca llenándola hasta dificultar la respiración. Su excitación es enorme, desea que su polla sea acariciada y la humedad aflora. Carlos, besa la polla de Sergio y desciende hasta los huevos que lame y mordisquea el escroto, mientras acaricia con sus mejillas los muslos duros y ardientes.

Su cuerpo responde sólo a los estímulos de Sergio y su anos se abre y se cierra temblando ansioso, cuando éste toma los huevos con la mano y los amasa suavemente, sujetándolo mientras empieza a empujar con la lengua. se retuerce de placer.

Sergio saborea el gusto de Carlos, lamiendo y empapando, abriendo y ablandando ese anillo que cobra vida propia abriéndose obscenamente para ser follado con la lengua cada vez más profundamente. Carlos resopla en la entrepierna de Sergio, besando, mordiendo y succionando los huevos, para volver a esa polla que lo enloquece. La lame y un gusto dulce y salado le excita aún más, engulléndola y chupándola golosamente.

Carlos empieza a balancear sus caderas, provocadoramente, y Sergio da un fuerte cachete en la nalga y luego otro, y luego otro más, mientras la lengua entra y sale más rápidamente.

– Muévete puta, siente como te follo.
– Si, fóllame soy una perra caliente.

Sergio agarra a Carlos por las caderas, se levanta y le da la vuelta. Se coloca entre sus piernas abierta y empieza a masturbarse frente a él. Carlos enloquece de deseo y de ansiedad ante una imagen tan imponente, pero no le está permitido tocarse.

– Te deseo, fóllame – Articula Carlos entre gemidos.-

Sergio Tira de los pies del tumbado y los coloca sobre sus hombros. Restriega su polla bajo los huevos, deslizándola ardiendo sobre la raja muy húmeda. La polla de Carlos apunta palpitante hacia arriba y brilla de humedad, cuando Sergio presiona sobre su ano, abriéndolo, penetrándolo lenta y profundamente, mientras lo sujeta de las caderas atrayéndolo.

La penetración se hace más intensa y Carlos siente que sus entrañas se abren para acoger tal regalo y se cierran sobre él, como un beso. Sus pensamientos están detenidos y sólo desea complacer y disfrutar, sentir esa verga que lo traspasa haciendo realidad un sueño. Su cuerpo tenso, se balancea haciendo más profunda la penetración. Desliza sus piernas por el cuerpo de Sergio hasta rodearlo por la cintura y apoyar sus talones en las nalgas, presionando para sentir la verga ardiente en sus entrañas, provocando oleadas que lo hacen temblar.

Sergio se abalanza sobre Carlos y comienza a besarlo, lenta y profundamente, mientras pellizca los pezones. la verga de Carlos, aprisionada por los vientres duros y planos está a punto de explotar de placer. Pasa sus manos bajo las nalgas, sujetándolo mientras lo encula sin parar y la boca devora y besa el cuerpo de Carlos, que responde, abriéndose para recibirle.

Carlos se siente follado en la boca por la lengua con sus caricias potentes y profundas y en su culo con la polla poderosa y ardiente que lo traspasa. Se mueve espasmódicamente sin poderse controlar, vaciándose y regando con su leche sus pieles. Sergio, siente las convulsiones de Carlos y sin remedio, lo embiste profundamente para verter su leche llenándole, regándoles. Las manos de Carlos acarician suavemente los huevos de Sergio, aumentando una corrida hasta quedar sudorosos y exhaustos.

Se miran a los ojos, sonriendo, Sergio desliza una mano a los muslos de Carlos, por donde resbala su leche, la extiende en una caricia, empapa sus dedos y los lleva a los labios, donde Carlos los lame con fruición, saboreando sus fluidos, sus aromas y sus sabores, chupando unos dedos, como antes había chupado la polla. Sergio lo acaricia y lo besa.

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