Los números de 2013

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La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 12.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

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Felicidades

 

FELICIDADES.

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Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

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En 2012 hubo 4 artículos nuevos, aumentando el archivo completo de este blog a 29 artículos. Hubo 1imagen subida, ocupando un total de 5 KB.

El día más movido del año fue agosto 20th con 148visitas. El artículo más popular del día fue Clara se divierte (cont.).

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Susurros de Clara (Cuento)

Soy una poderosa hechicera que viaja sobre un dragón de viento y tu eres mi esclavo, mi favorito, mi capricho. Con quien juego en las largas horas del atardecer y en quien me apoyo para dormir.

Tu piel suave me relaja y me invita a cuantas perversiones se me ocurren, que recibes con devota excitación. Tu cuerpo precioso me adorna y alegra y tu carácter amable me acoge.

Tengo que marcharme y te dejo, por unos días en el burgo de un feudo. No es un lugar de confianza, pero tampoco es abiertamente hostil, así que te encomiendo al Marqués y parto a mis negocios.

Regreso mucho antes de lo previsto y puedo verte desde el aire. Estás en la picota, sucio, con los pies y las manos presas en el cepo. Has sido castigado como el peor de los maleantes, Marcas de azotes surcan tu espalda, un penacho sucio de sangre y excrementos adorna tu ano. Y la desolación y el dolor visten tu rostro.

El verdugo aún no ha terminado y prepara nuevos suplicios, ante la mirada satisfecha del Señor del lugar y los sacerdotes enemigos.

Arkh, oscurece el sol y todas las caras observan estupefactas su vuelo, cuando hace una pasada rasante por la plaza abriendo un amplio círculo a tu alrededor y chamuscando al verdugo y a cuantos estaban cerca.

Salto al suelo espada en mano, rompiendo, de un solo tajo, el cierre del cepo que te aprisiona. Arranco el penacho y te cubro con mi manto, echándote sobre Arkh, que te recibe con un balanceo.

Apenas puedes moverte, atenazado por el dolor y el miedo. Me miras y la alegría ilumina las lágrimas entre las greñas.

Mis ojos fulguran, los pliegues de la túnica flamean bajo el peto de cuero, cuanto monto sobre Arkh y nos lanzamos sobre el Señor del burgo y su camarilla, que caen arrasados. ¿Cómo se han atrevido a ofenderme así?

Nos dirigimos a nuestro refugio más cercano, una amplia cueva cerca de las cumbres. Allí te sumerges en un cálido baño vivificante.

Poco a poco dejas de temblar y sientes como te empiezas a diluir en el agua, abandonándote. Te acaricio suavemente, lavando tu pelo, recorriendo mis dedos tus cabellos en infinitos caminos, restañando tus heridas, pasando mis manos una y otra vez sobre ti, reconociendo tu piel palmo a palmo. Reconociendo lo que es mío y que ha sido mancillado.

Envuelto en una gruesa toalla, reposas, mientras preparo los ungüentos para curarte. Tumbado boca abajo, extiendo bálsamo sobre la parte más dolorida de tu cuerpo, mitigando el dolor. Tu ano se relaja y recupera su normalidad. El dolor se calma y con él la desazón.

– Te recuperarás. No es grave, lo superarás. -Te digo.- Ahora bebe esto y descansa.

Te arrasan las lágrimas y el llanto convulsiona tu cuerpo. Jamás habías sentido tanto dolor gratuito, nadie te había maltratado por nada, nunca habías visto tanto odio por tu Diosa y eso, eso arrastra tu cuerpo al llanto incontrolado que te impide hablar.

Apoyado sobre mi pecho, tus lágrimas me humedecen y mis manos recorren tu nuca y tu cuerpo, sintiendo poco a poco tu recuperación. Tu aliento me enerva.

Hundo mi nariz en tu cuello y aspiro con fuerza, sintiendo una convulsión en mis entrañas. Has recuperado tu olor de hombre y eso me excita.

Tus ojos vuelven a estar limpios y tu boca entreabierta invita la caricia y los cabellos húmedos resbalan cuando mis dedos toman tus orejas. Apoyo mis labios sobre los tuyos y aspiro tu aliento perfumado de deseo provocando un incendio en mi cuerpo que descubre manantiales.

Siento tu verga contra mi vientre y me aprieto contra ti, prólogo de placeres, mientras mis pechos reposan en tus manos que los recorren reconociéndolos.

Nuestros cuerpos se entrelazan en caricias infinitas. Labios húmedos se buscan y acarician lo que antes hicieran las manos.

Monto sobre ti y te cabalgo, como antes sobre las nubes. Acaricias mis pezones haciéndome gemir de placer sintiéndote en mi.

Tus manos en mis caderas me elevan una y otra vez, mostrándome paraísos de placer, mientras los rizos ocultaban mi rostro, antes de caer por la espalda..

Ahora, tumbada, siento tu aliento en mi sexo y tus labios en mis ingles, acariciando los bordes de mi vulva, haciéndome arquear la espalda y buscar apoyo para ese vértigo que se avecina.

Mi pulso se acelera y el placer me invade cuando tu sabia boca besa los labios, succiona mi clítoris y lo deja resbalar entre los dientes una y otra vez, antes de volver a presionar con la lengua, como un gatito tomando leche.

Estallo en gemidos, y la boca busca aire echando la cabeza hacia atrás. Tiro de ti, hasta hacerte que me cubras y tus brazos me rodean, sujetándome.

Te deslizas dentro de mi carne, cabalgando largo y profundo. Cada embestida, cada impacto entrecorta mi respiración y la tuya.

Tus nalgas se contraen y aumentas la frecuencia, respiramos a la vez, buscando aire que apague este fuego. Tu piel brilla de sudor y tu mirada me clava, mientras mis piernas rodean tu cintura y adelanto mis caderas recibiéndote en el fondo de mi ser.

Mi placer se desborda y mi carne te succiona, te absorve y te obliga a vaciarte, en un espasmo que detiene el tiempo.

Despacio, volvemos a tomar conciencia de los cuerpos. mojados de nuestros flujos que se deslizan por los muslos. Besas suavemente mis mejillas, el cuello y te hundes en ese rincón bajo la oreja. Caricias que nos hacen regresar.

Abrazados, frente a frente, la noche se desliza sin querer. Te invade el sueño y caes un sopor reparador. Estás vengado.

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Clara se divierte (cont.)

– ¡Toy!
– Hola. -Saludó sonriendo .-
– ¿Cómo estás cielo? ¿Que tal la semana?
– ¡Uff! Por fin termina, he trabajado como un esclavo.-
– ¿Si? – Sonrió Clara maliciosamente –
– Ya, -Sonrió- otro tipo de esclavitud, rió suavemente.
– Pues ya puedes recuperarte rápido, te reservo una sorpresa -Dijo Clara mientras arrancaba y se sumergía en el espeso tráfico de la mañana-.
– Ya casi estoy listo .- Alardeó sacando pecho. La sombra de sus pezones bajo la camisa no pasó desapercibida para su dueña-.

Clara detuvo el coche ante un semáforo y se volvió hacia Toy, inclinándose para abrir la guantera del salpicadero. Sacó una cadenilla, rematada en pequeños mosquetones y la exhibió sonriendo. Toy se estremeció de placer.

– Ábrete la camisa. – Ordenó –

Toy obedeció sin dudar y contrajo todos sus músculos al sentir la leve tracción sobre sus anillas y el frío de la cadena, en su piel.

El semáforo se puso en verde y la vibración del motor la sentía en sus pezones, provocándole una erección. El rubor cubrió sus mejillas hasta su cuello, sin remedio.

Pronto salieron a la autopista que los sacó del tumulto, acercándolos hacia la tranquila residencia de Clara.El silencio estallaba en sus oídos, tras la música.

Entró en la finca y detuvo el coche frente al porche. La brisa jugó con su falda y se enredó en el pelo cuando bajó del coche. El perfume salado la hizo sonreír.

– Te espero en el gimnasio.

El gimnasio era una gran habitación, una de cuyas paredes era totalmente de cristal y se asomaba sobre el acantilado. La luz entraba a raudales y se reflejaba en los grandes espejos. Toy entrecerró los ojos y se acercó al ventanal, que le reflejó la erección que se había producido al desnudarse. El contacto de la cadena en su pecho y la cinta le producían un excitante vértigo. La presencia de su Ama.

La butaca de mimbre, con su alto respaldo redondo como la cola de un pavo real la acogía mientras humeaba un aromático cigarrillo y apuraba un refresco.

Toy cayó de rodillas y gateó hasta su Ama besando y lamiendo aquellos pies que adoraba. Delicadamente, dedo a dedo, sintiendo la suave textura del esmalte que enrojecía como rubíes engarzados en los dedos.

La fusta resbaló por su espalda erizándola. Clara sonreía ante los rosados pezones que se alargaban por la cadena. Apoyó la fusta en ella y presionó hacia abajo, provocando un gemido.

– ¡Hmmm! ¿Te duele? -Preguntó en un susurro-.
– No mi Dueña – Respondió roncamente, estallando una oleada de placer en su cuerpo.-
– Me alegro cielo, tengo muchas ganas de jugar contigo.
– Si Ama.

Clara se puso de pie y tiró de la correa, trabada con la fusta, haciendo que gateara tras de ella. Lo condujo hasta el bastidor en forma de cruz de aspa que ocupaba el centro de la habitación.

Apoyando la fusta en el pecho le indicó que se levantara y le mostró el aspa. Tomó un cordel de algodón. Cogió la muñeca de Toy y la ató a una de las aspas, mientras besaba casi sin tocar el rostro del siervo que no osaba moverse, sólo su polla palpitaba contra en vientre de Clara y el calor los invadía, encendiéndoles las entrañas.

Se arrodilló ante Toy para asegurar los tobillos y alzó de pronto su cabeza, enfrentando sus labios a la verga erguida, soplando quedamente, antes de acariciarla un poco.

Toy temblaba incontroladamente, apoyándose en el bastidor para sostenerse. Cerró los ojos cuando ella se alejó, recuperando el aliento. Su verga estaba a punto de explotar, pero no podía hacerlo.

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

Verla cruzar la puerta lo llenó de vacío. Ya había recobrado su erección tras la cera y ahora, al verla salir se sintió abandonado. Perdió su mirada en el reflejo del mar en los espejos y dejó de pensar, invadido por las imágenes y las sensaciones. Sólo podía esperar.

Sam acudió aquella tarde a su cita, con la misma expectación con la que se dirigía a todas. Ya no estaba nervioso, como en otras ocasiones, pero sentía la sensación de presión en sus entrañas que ya le resultaba familiar.

Como de costumbre, la agradable charla en la biblioteca le tranquilizó. Evaluar sus progresos en la entrega, comentar algunas técnicas y sus efectos, eran una forma de asumir más profundamente su condición de siervo en proceso de adiestramiento.

En esta ocasión, Ella no le anticipó nada de lo que le esperaba en el gimnasio. Lo que había preparado era una auténtica sorpresa y eso le producía una pequeña y agradable desazón.

El minúsculo dormitorio donde se desnudó ocultó el respingo que siemrpe sentía al ajustarse el collar al cuello. Casi sentía la tibieza de su cuerpo cuando ella se lo ajustó por primera vez, el aroma de su perfume y de su piel de hembra y en sus entrañas, volvió a sentir un extraño pellizco que le hizo palpitar.

Avanzó descalzo por el pasillo, deseando no ser visto hasta encontrarse frente a Ella. Su sóla presencia le sostenía y le hacía sentirse fuerte.

En la puerta del gimnasio estaba Marc, completamente desnudo tras la bandeja que la que había algo negro.

– Ella ha dicho que se lo ponga .-Informó Marc ofreciendo la bandeja-.

Sin responder, Sam cogió el pañuelo de espesa seda negra que se le ofrecía y miró dubitativo.

– Es un antifaz .

Sam dejó la bandeja sobre la mesita y se dispuso a ajustárselo, de forma que sólo la boca y los ojos resultaban visibles.

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Dr. Earlham: Juego de médicos

Pequeño catálogo para practicar el viejo y estimulante “Juego de los médicos”

El Dr. Earlham, desarrolla un proyecto de investigación sobre el proceso de estimulación y respuesta (corporal), cuyas pruebas realiza en las doncellas de la casa, algunas pacientes del exclusivo hospital para hipocondríacos que regenta y, en ocasiones, sobre alumnas o enfermeras ansiosas de conocer nuevas sensaciones.

El gabinete de su consulta constaba de una despacho, para recibir y una completa sala de curas, donde había dispuesto un bastidor vertical en una de las paredes, para instalar a las pacientes, y realizar algunas de las pruebas. Para ello contaba con la ayuda de dos auxiliares que facilitaban el movimiento de los cuerpos, además de proporcionar el conveniente grado de entrega en las pacientes. Emplea instrumentos propios de la profesión y otros que diseñaba a la medida de sus necesidades.

Cada caso se iniciaba con la instalación de un delgado cilindro que detectaba temperatura y humedad en sexo de la paciente. Evaluaba las emisiones de flujo y variaciones de temperatura, sirviendo de testigo durante el proceso. La disposición de la paciente y la instalación de los diferentes instrumentos de media eran todo un ritual que daba a cada experiencia un valor diferente.

El ajuste de los valores lo establecía a partir de una estimulante tracción el pezón izquierdo, un simple lazo anudado sobre la aureola y el pezón propiamente dicho lo facilitaba y el cuerpo respondía alcanzando los valores básicos para el inicio de las pruebas propiamente dichas. Ocasionalmente, un estremecimiento o un jadeo, proporcionaban datos añadidos de inestimable valor.

El lazo, para la tracción de los pezones solía sustituirse por otros instrumentos, como las erinas, que por pesadas, conferían elevados niveles de estímulo, pero que había que controlar cuidadosamente, para evitar resultados no deseados.

De esta forma, practicaba sus pruebas y experimentos que, a menudo terminaban en cópula, evitando así dolorosas contenciones y dando lugar a sabrosas experiencias, a menudo compartidas con colegas y ayudantes, a los que les aleccionaba sobre la naturaleza humana. Cada experiencia era diferente, por la amplitud del estudio y las posibilidades que otorgaba.

Susana

No estaba muy satisfecho con los resultados de Susana, una de las doncellas de la casa, sobre la que había experimentado y que no respondía como esperaba a la estimulación de pinzas de los pezones.

La llamó a su despacho y le indicó que se desnudara. Deseaba comprobar las notas obtenidas el día anterior y para ello contaba con la ayuda de su alumno favorito, que en aquel momento estaba pasándolas.

Susana temblaba de expectación y de vergüenza, al estar desnuda ante el Dr. Que además era su Amo y el ayudante de éste, pero se mantuvo firme, con las piernas abiertas, según le habían indicado.

Lo primero que hizo el Dr. fue introducir el aparato de medición en la vagina de la muchacha. Para ello, lo deslizó adelante y atrás, sobre los labios internos, comprobando que estaba seca en el exterior. Haciéndolo constar a su ayudante, que se precipitó a tomar nota de ello. Sin poderse reprimir, pellizcó los labios del sexo, observando un notable aumento de la humedad.

El vientre de Susana estaba tenso, conteniendo cualquier manifestación de las sensaciones que sentía y su boca ya había empezado a secar.

Delicadamente, el Dr. Instaló un arnés sobre el pecho, de modo que los senos quedaran sujetos y expuestos, ajustando la presión hasta que la turgencia los asimiló a fruta apetecible, dispuestos a posteriores tratamientos.

Susana contuvo un gemido. La presión que, al principio resultaba agradable, empezaba a ser dolorosa. Contrajo su rostro en una mueca de dolor, que no pasó desapercibida al Dr.

En cualquier caso, mostraban la mejor cualidad de los pezones de Susana, su tersura y su prominencia sobre la rosada y discreta aureola.

El tratamiento, en esta ocasión, consistió en extender una pequeña cantidad de ungüento refrescante en los pechos y los pezones para, posteriormente, cubrirlos con gotas de cera derretida que actuaron como agujitas clavadas en la piel.

El Dr. no era insensible al resultado de sus experiencias, ni tampoco su ayudante, que luchaba por disimular una erección manifiesta bajo la bata blanca.

La cera cubrió el pecho y los pezones, hasta formar una ligera costra flexible. El control de temperatura y humedad indicó niveles muy elevados, por lo que el Dr. la condujo hasta la mesa, donde sujetó las piernas con unas correas a las patas y la instaló , de forma que resultara asequible para ser penetrada.

En esta postura, arrancó la cera de los pezones, mientras el cuerpo de Susana se balanceaba sin control de deseo, succionando con fuerza el medidor que alojaba en sus entrañas.

El Dr. dictó las observaciones a su ayudante y  sujetó con fuerza el medidor moviéndolo violentamente en el interior de Susana, conduciéndola hasta un crispado orgasmo, antes de retirarlo con los datos observados.

El sexo palpitante de Susana había inundado la estancia con su perfume, y ambos investigadores sucumbían a la llamada del instinto.

Extendió la humedad por el ano para penetrarla lenta y profundamente, estudiando cada movimiento, cada espasmo.

El cuerpo de Susana estaba tenso como arco de violín  y se movía sobre el sexo de su Amo con una cadencia, que pronto resultó difícil de controlar, llevándole a liberar la presión de la investigación en un agradecido impulso que la condujo a otro orgasmo,   mientras su ayudante tomaba notas apuradas, procurando no perder detalle de lo que ocurría sobre la mesa del despacho y sin atreverse a liberar su propio deseo hasta no ser autorizado para ello.

Las piernas le temblaban cuando su Amo se separó de ella y la humedad brillaba en sus muslos.

Ahora era el ayudante quien midió y exploró, valorando las consecuencias de lo anterior. Un termómetro indicaba la situación del ano, predisponiéndolo para una posterior
penetración. La mano izquierda, aprovecha para sopesar, sutilmente aquella carne palpitante, antes de introducir la cánula de estudio. La disposición de la paciente era
la adecuada, sin embargo, el fracaso en experiencias anteriores, invitaban a incrementar los estímulos.

Un enema de agua muy fría que elevara la sensación del punto del placer al del dolor y de ahí a la entrega, disponiéndola para  nuevos experimentos.

La visión del tratamiento resultaba altamente estimulante, las nalgas tersas y la cánula entre ellas llenándolas. Bastaba sostenerla para que el helado líquido penetrara.

Los labios abultados y húmedos reclamaban atención. Unas palmadas en su sexo anhelante y obligarla a retener el líquido helado, antes de permitirla expulsarlo, fue cuanto necesitó el ayudante para introducir su verga ardiente en el ano, aún frío por efecto.

La sensación fue increíble, conduciéndole a un violento orgasmo, mientras ella se movía sin parar.

(continuará)

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Clara se divierte

El sol se colaba, blanco, brillante y jugaba en las arrugas de las sábanas que apenas cubrían en cuerpo de Clara. Se despertaba despacio, jugando aún con los sueños. Remoloneando mientras pensaba la ropa que iba a ponerse, el programa del día. Desperezándose, dejando que el sueño fuera retirándose de sus párpados.

Con los ojos aún cerrados, sintió la presencia de Marc, su perfume suave a jabón y aftershave la hizo sonreír estirándose golosa. Rodó en la cama, se apoyó sobre los codos y abrió los ojos viéndole desnudo, sonriente, ofreciéndole una perfumada rosa blanca y sosteniendo una exquisita bandeja preparada con el zumo.

– Buenos días mi reina ¿Cómo estás? .-Saludó encantado-.
– Hola cielo -Respondió hundiendo su nariz en la rosa y embriagándose con su perfume, mientras Marc abría las cortinas.-

Bebió el zumo y Marc le ofreció un cigarrillo que encendió saboreando el humo. El aroma se mezcló con el del café recién hecho. Sentada sobre la cama, el café dulce y caliente, retiraba los últimos jirones de sueño.

– ¡Hmmm! Vamos .-Indicó a Marc-.

Clara se levantó y mostró su desnudez al sol, disfrutándose ante el espejo, cuando se dirigió al aseo Marc, la adoraba y verla satisfecha lo llenaba de placer. La siguió; sabía lo que tenía que hacer.

En la camilla, le aplicó un vitalizante masaje, despertando los músculos bajo la piel. Luego, Clara se sentó, abrió sus piernas y se entregó al placer se ser rasurada por su fiel siervo, cuya delicadeza le excitaba.

La brocha extendió el jabón entre sus piernas, cubriendo el vello por completo. Clara se contrajo un instante. Las manos largas de Marc, comenzaron a Tensar la piel y deslizar firme y suavemente la navaja, desde las ingles hasta los labios, retirando la espuma y con ella el vello. dejando un rastro de tersa suavidad tras cada pasada.

Marc contenía la respiración, controlando su deseo, por aquel cuerpo que lo enloquecía, por aquella mujer a la que adoraba y que era feliz por servir en sus más íntimos caprichos El aroma a hembra de Clara, mezclado con el del jabón lo excitaba sin remedio. Cuidadosamente iba afeitando los más recónditos pliegues.

Poco después, el pubis presentaba un vello ensortijado y delineado en la anchura de los labios, que surgen suaves y abultados, ocultando su rosado y húmedo secreto. Marc sonrió satisfecho.

Clara estiró una pierna, y la apoyó sobre su hombro, él se inclinó y se aplicó a lamer aquel sexo húmedo sobre el que había trabajado, comprobando la eficacia del afeitado y bebiendo las gotas de placer que provocaba, Mojándolo una y otra vez con su lengua, hasta que la respiración de Clara se hizo jadeante. Entonces, sus labios buscaron el clítoris, lo succionaron y apoyó firmemente la lengua sobre él, provocando un violento orgasmo.

Bostezó y comenzó a acariciar suavemente su coño, extendiendo la humedad y recuperando el aliento, Los ojos semi cerrados y una sonrisa de placer. La rutina matinal  continuaba. Ahora Marc se masturbaba frente a ella y estaba a punto de verter su leche sobre su vientre. El rostro crispado y congestionado, le indicaron que estaba a punto de vaciarse y Clara se estiró para recibir el contacto cálido y untuoso en su piel.

Marc masajeó el vientre y los pechos haciendo penetrar, profundamente, su leche. No había mejor crema regenerativa que aquella y era su secreto. Cosmética del sexo solía llamarlo Clara con un guiño de complicidad.

Ahora estaba lista para ducharse. El agua resbalaba por su cuerpo, despertándola completamente; dando entrada a la jornada que acababa de empezar.

Cogió su coche y salió a buscar a su capricho. Le había llamado el día anterior y en unas horas estará allí. Lo deseaba y tenía muchas ganas de comprobar el estado de las anillas que la quincena anterior había hecho instalar en sus pezones. Aún recordaba el gesto de dolor y entrega que brilló en su rostro con cada perforación, haciéndola que se estremecieran sus entrañas con cada gemido.

Allí estaba él, junto a su bolsa, mientras docenas de pasajeros pasaban a su lado como insectos. Detuvo el coche y él abrió la puerta. Una oleada de deseo le hizo enrojecer.

– ¡Toy!
– Hola. -Saludó sonriendo .-
– ¿Cómo estás cielo? ¿Que tal la semana?
– ¡Uff! Por fin termina, he trabajado como un esclavo.-
– ¿Si? – Sonrió Clara maliciosamente –
– Ya, -Sonrió- otro tipo de esclavitud, rió suavemente.
– Pues ya puedes recuperarte rápido, te reservo una sorpresa -Dijo Clara mientras arrancaba y se sumergía en el espeso tráfico de la mañana-.
– Ya casi estoy listo .- Alardeó sacando pecho. La sombra de sus pezones bajo la camisa no pasó desapercibida para su dueña-.

Clara detuvo el coche ante un semáforo y se volvió hacia Toy, inclinándose para abrir la guantera del salpicadero. Sacó una cadenilla, rematada en pequeños mosquetones y la exhibió sonriendo. Toy se estremeció de placer.

– Ábrete la camisa. – Ordenó –

Toy obedeció sin dudar y contrajo todos sus músculos al sentir la leve tracción sobre sus anillas y el frío de la cadena, en su piel.

El semáforo se puso en verde y la vibración del motor la sentía en sus pezones, provocándole una erección. El rubor cubrió sus mejillas hasta su cuello, sin remedio.

Pronto salieron a la autopista que los sacó del tumulto, acercándolos hacia la tranquila residencia de Clara.El silencio estallaba en sus oídos, tras la música.

Entró en la finca y detuvo el coche frente al porche. La brisa jugó con su falda y se enredó en el pelo cuando bajó del coche. El perfume salado la hizo sonreír.

– Te espero en el gimnasio.

El gimnasio era una gran habitación, una de cuyas paredes era totalmente de cristal y se asomaba sobre el acantilado. La luz entraba a raudales y se reflejaba en los grandes espejos. Toy entrecerró los ojos y se acercó al ventanal, que le reflejó la erección que se había producido al desnudarse. El contacto de la cadena en su pecho y la cinta le producían un excitante vértigo. La presencia de su Ama.

La butaca de mimbre, con su alto respaldo redondo como la cola de un pavo real la acogía mientras humeaba un aromático cigarrillo y apuraba un refresco.

Toy cayó de rodillas y gateó hasta su Ama besando y lamiendo aquellos pies que adoraba. Delicadamente, dedo a dedo, sintiendo la suave textura del esmalte que enrojecía como rubíes engarzados en los dedos.

La fusta resbaló por su espalda erizándola. Clara sonreía ante los rosados pezones que se alargaban por la cadena. Apoyó la fusta en ella y presionó hacia abajo, provocando un gemido.

– ¡Hmmm! ¿Te duele? -Preguntó en un susurro-.
– No mi Dueña – Respondió roncamente, estallando una oleada de placer en su cuerpo.-
– Me alegro cielo, tengo muchas ganas de jugar contigo.
– Si Ama.

Clara se puso de pie y tiró de la correa, trabada con la fusta, haciendo que gateara tras de ella. Lo condujo hasta el bastidor en forma de cruz de aspa que ocupaba el centro de la habitación.

Apoyando la fusta en el pecho le indicó que se levantara y le mostró el aspa. Tomó un cordel de algodón. Cogió la muñeca de Toy y la ató a una de las aspas, mientras besaba casi sin tocar el rostro del siervo que no osaba moverse, sólo su polla palpitaba contra en vientre de Clara y el calor los invadía, encendiéndoles las entrañas.

Se arrodilló ante Toy para asegurar los tobillos y alzó de pronto su cabeza, enfrentando sus labios a la verga erguida, soplando quedamente, antes de acariciarla un poco.

Toy temblaba incontroladamente, apoyándose en el bastidor para sostenerse. Cerró los ojos cuando ella se alejó, recuperando el aliento. Su verga estaba a punto de explotar, pero no podía hacerlo.

Clara se acercó empujando un carrito que contenía una vela encendía y un pote con crema. Tomó un poco de crema con una mano y el sexo de Toy en la otra, masajeandolo y cubriéndolo con crema hasta hacerle enloquecer. Todos los músculos contraídos y la respiración contenida.

Pronto dejó de torturar la verga con sus caricias y cogiendo la vela, dejó caer gotas de cera, hasta cubrir completamente el glande. Toy sentía el calor instantáneo de cada gota como cientos de agujas que lo taladraban y que desaparecían de inmediato. Su glande quedó completamente cubierto y palpitante.

Sus ojos se perdían en su deseada Ama a la que se abandonaba. Ella colocó un antifaz de cuero negro sobre sus ojos y acarició con su dedo los labios de su excitante juguete.

– Espera aquí cielo – Dijo besando levemente los labios, antes de darse la vuelta y salir.-

 

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